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Un documento de estudio para la Iglesia Episcopal

PREFACIO

"…Que todos sean uno". (Juan 17,21A)

Se ha pedido a la Comisión Teológica de la Cámara de Obispos que preparara este Documento de Estudio como un recurso para obispos, diócesis y pueblo de la Iglesia Episcopal, teniendo en cuenta el Comunicado de la Reunión de Primados de la Comunión Anglicana.
Como muchos episcopales saben, problemáticas sobre la sexualidad humana han amenazado recientemente nuestras relaciones con otros anglicanos. Para seguir una visión divina y prevenir un daño posterior a nuestros lazos de hermandad, nos hemos dedicado a una conversación global con papeles de argumentación de ida y vuelta, un diálogo que supone un ejercicio tanto de teología de culto como diplomacia eclesial.
La declaración más reciente de este proceso en marcha es el Comunicado de la Reunión de Primados de la Comunión Anglicana, publicado en febrero de 2007 en Tanzania. El Comunicado trata sobre la respuesta de nuestra Convención General del 2006 a las peticiones del Informe Windsor sobre Comunión, y añade otras peticiones a la Cámara de Obispos de nuestra Iglesia. Pide una respuesta para el 30 de septiembre de 2007.
El Comunicado ha de ser visto como una parte del continuado proceso de Windsor, "una peregrinación hacia la curación y reconciliación", tal como el prefacio del informe lo describía en 2004. Este documento de estudio es un resumen de dicho proceso. Describe las razones por las que éste es importante, así como algo sobre el carácter especial de la Iglesia Episcopal y de la tradición Anglicana. Presenta también algunas preguntas para nuestra reflexión corporativa, para ayudar a los obispos mientras se preparan para la reunión de la Cámara de Obispos este otoño, que incluirá conversaciones con el Arzobispo de Cantórbery, miembros del encuentro del Comité Permanente de Primados, y miembros del Comité Permanente del ACC.
Los límites de espacio y legibilidad no nos permiten contar todos los detalles importantes de la conversación que está teniendo lugar en nuestra iglesia y comunión. Esperamos haber descrito fielmente lo esencial. Para ulterior información consultar la sección "Recursos" que se encuentra al final de este documento de estudio, que contiene vínculos con versiones electrónicas de documentos relacionados con estos asuntos que se han publicado desde 2003. A estos documentos se puede acceder visitando www.collegeforbishops.org.
San Pablo escribió a los filipenses: "Busque cada cual no propio interés sino el de los demás. Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante al ser humano" (Filipenses 2,4-7). Ofrecemos Asuntos de Comunión como una contribución al discernimiento de esta Iglesia mientras buscamos la voluntad de Cristo y ser fieles a nuestro llamado como miembros de la familia anglicana en el mundo.

-Pentecostés 2007

Miembros del Comité Teológico
El Rvdmo. David Álvarez, Puerto Rico
El Rvdmo. Joe Burnett, Nebraska
El Rvdmo. Robert Ihloff, Maryland, ret.
La Rvdma. Carolyn T. Irish, Utah
El Rvdmo. Paul V. Marshall, Bethlehem
El Rvdmo. Steven A. Miller, Milwaukee
El Rvdmo. Henry N. Parsley, Jr., Alabama, Presidente
El Rvdmo. Jeffrey Steenson, Río Grande

El Rvdo. Dr. Ian Douglas, Teólogo Asesor


Parte I: Relaciones

"Un Señor, una fe, un bautismo" (Efesios 4,5).


Las relaciones dentro de la Comunión Anglicana tienen su importancia

La Comunión Anglicana se compone de iglesias gobernadas autónomamente y unidas juntamente en la fe y obediencia a Jesucristo, en comunión con la Sede de Cantórbery, y comprometidas en la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. (1). Estas iglesias integrantes, llamadas provincias, comparten una tradición común enraizada en la vida de la Iglesia de Inglaterra, la herencia del Libro de Oración Común, y la catolicidad de la Iglesia. La Iglesia Episcopal es miembro integrante de la Comunión.
En estos tiempos retadores, ¿por qué se preocupa la Iglesia Episcopal de lo que otros miembros de la Comunión Anglicana piensen de su actuar? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades como miembros de esta comunidad de iglesias?
En cada celebración del Santo Bautismo recordamos las palabras de la carta a los Efesios: "Hay un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos" (Efesios 4,5). Nos alegramos de que dentro de la Comunión Anglicana se nos haya dado una red internacional de relaciones en Jesucristo. A través de la Comunión todos crecemos por la fe y misión que compartimos con otros de muchos países, culturas y lenguas. El mundo sabe que seguimos a Jesús por el amor que compartimos con nuestros hermanos y hermanas en Cristo (Juan 17,21).

La Comunión importa porque en esta comunidad todos damos y recibimos muchos dones.
Miles de parroquias, y la mayoría de las diócesis de la Iglesia Episcopal, mantienen compañerismos importantes con hermanos y hermanas de todo el mundo. Cada semana, se intercambian visitas, se comparten recursos, y la fe se fortalece mutuamente. Durante los cincuenta años de guerra civil en Sudán, por ejemplo, lo más importante para los hermanos y hermanas de allí, además de la supervivencia física, era que alguien sabía que existían y podía abogar por ellos. Al mismo tiempo, episcopales que han visitado a anglicanos en lugares de aflicción, consistentemente han regresado a casa con un nuevo entendimiento de lo que son la alegría en el Señor y una fe poderosa en tiempos de persecución. Los episcopales se han beneficiado del testimonio, la enseñanza y la energía de compañeros/as repartidos por los seis continentes del globo.

La Comunión importa porque nos permite ser discípulos en un contexto global.
Los anglicanos forman el tercer cuerpo de cristianos más grande del mundo. Quienes han visitado otros lugres de la Comunión, ya sea en persona o electrónicamente, saben la amplitud de expresión que el cuerpo de Cristo puede adoptar en la liturgia, el gobierno, y la vida parroquial. En cuanto partes integrantes de la Comunión Anglicana, vivimos con más plenitud nuestra identidad católica como miembros de la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. El encuentro con esta amplia diversidad, da testimonio de lo que nos une: nuestra histórica confesión en Jesucristo y tradición compartida de comunidades lideradas por obispos que predican la palabra y celebran los sacramentos, al tiempo que se comprometen en la misión de Dios. Estos son la fe y orden históricos, tal como se describen en la Cuadrilateral de Chicago-Lambeth (LOC páginas 771-772). En nuestra diversidad de forma y uniformidad de testimonio, en cuanto a los credos históricos, formas de gobierno y patrimonio eclesial, tenemos una voz global con la que predicar el amor de Jesús y buscar la justicia de Dios.

La Comunión importa porque la hemos buscado durante muchos años.
Históricamente, la Comunión se desarrolló en gran parte porque los episcopales de Estados Unidos y los anglicanos de Canadá se encontraban aislados. A mediados del siglo XIX dieron pasos para reconectar con las iglesias de las Islas Británicas y con las iglesias que paulatinamente emergían en otras partes de lo que eventualmente se convirtió en la Mancomunidad Británica de Naciones. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, al ver que las provincias de la Comunión empezaban a crecer en número y en organización formal, la Iglesia Episcopal dio el paso extraordinario de enmendar su constitución en 1967 con un preámbulo que reflejara nuestra inversión en los dones de compañerismo, de testimonio, y de misión que ofrecía la conexión global.

El mantenimiento de la mutualidad y confianza dentro de la Comunión afecta las oportunidades futuras de misión.
La oportunidad del momento presente es el hablar con palabras claras a todos nuestros compañeros/as en respuesta a las preguntas que nos han formulado los primados, con la esperanza de profundizar la unidad en la diversidad que ha sido el sello de nuestra comunidad de iglesias. Respetamos sus preocupaciones y valoramos sus contribuciones a nuestro diálogo y discernimiento. Rezamos para que una claridad y candor mayores, juntamente con el incrementado deseo de profundizar una reconciliación, marquen nuestras conversaciones en los años venideros.


PARTE II: El Camino Medio


"Entonces conoceré perfectamente, incluso como he sido conocido" (1Corintios 13,12b).

Nuestro carisma especial como cristianos anglicanos.
Hace mucho que los episcopales aprecian la vía media, el camino medio entre polaridades, como un fiel método teológico. Con frecuencia, esa distinción ha sido mal interpretada como un compromiso de oportunidad, que puede poner en peligro temas esenciales. Para los anglicanos la vía media es un enfoque que reconoce la paradoja y cree que incluso aparentes contrarios pueden ser reconciliados o incluso transcendidos. Más aún, muchos en nuestra Iglesia creen que esto es algo bueno y un carisma (don) superior.
Esta creencia encuentra expresión en la oración del día de celebración de Ricardo Hooker (3 de noviembre): "Oh Dios de verdad y de paz, que escogiste a tu siervo Ricardo Hooker en una época de controversias amargas para defender con sólido razonamiento y mucha claridad la religión católica y reformada, concede que mantengamos el camino medio, no como una avenencia a favor de la paz, sino como una comprensión por causa de la verdad". Como anglicanos pensamos que la verdad es siempre de mayor alcance que nuestro ordinario pensar, demasiado compleja para que pueda ser formulada por una persona o facción. Esta es una declaración de humildad, conscientes de las palabras del Apóstol Pablo: "Ahora vemos en un espejo confusamente, pero entonces conoceré como soy conocido" (1 Corintios 13,12b). El "misiólogo" de mitad de siglo XX Max Warren observó: "Es necesario todo el mundo para conocer todo el evangelio". En definitiva, la "voluntad de Cristo" sólo se percibe en comunidad mediante oración y diálogo, al paso que se estudia e interpreta la Escritura, y la razón y tradición informan esa interpretación.
Nuestra tolerancia por la diferencia encuentra un antecedente anterior a la Reforma del siglo XVI. La moderación y el pragmatismo, tan esenciales a la espiritualidad benedictina, unidos al énfasis en la centralidad de la oración común, permitieron a nuestros antepasados espirituales de las Islas Británicas hallar la verdadera unidad en la oración y los sacramentos. Isabel I se encontró en la difícil situación de tener que conservar, dentro una misma iglesia, tanto a los reformadores protestantes como a los tradicionalistas católicos. Se puede argumentar que el resultante "Convenio Isabelino" (Elizabeth Settlement) fue un accidente de la historia ya que el pluralismo religioso era algo, por entonces, inimaginable. Para muchos anglicanos ha parecido providencial. Desde entonces hemos sido una Iglesia, y ahora una Comunión de iglesias, que lucha por mantener juntas en una misma iglesia a personas con substancial diferencia teológica y litúrgica.
Un escritor anglicano lo describe como sigue:

La vocación anglicana consiste en crear una libertad espiritual en la cual las personas puedan dar testimonio de la verdad como ellas la ven, sometiéndose ellas mismas a la crítica de los demás sin miedo a una censura eclesial, la única condición es que voluntariamente participen en la vida de adoración de la Iglesia y en una manifestación externa de la fe fundamental del bautismo. (2).

"Comprensión por motivo de la verdad" nos ha dado buen resultado. Tal vez sea nuestro único y esencial carisma en cuanto Iglesia.
Por supuesto, en casi toda época desde el siglo XVI ha habido algunos, tanto dentro como fuera del Anglicanismo, que han estado presionando a la Iglesia para que sea más decidida, menos tolerante con diferencias. Tal presión ayuda en la medida que nos mantiene fuera de un relativismo, pero es profundamente dañina si causa separación y división entre aquellos por quienes Cristo murió. En nuestro propio tiempo, tenemos que conservar especialmente este extraordinario carisma anglicano no sólo para nuestra propia Comunión sino para todos los cristianos. Al hacerlo damos testimonio concreto de la verdad de que nuestra mejor unidad no puede ser medida tanto por un asentimiento intelectual a la doctrina sino por un espíritu de caridad que cumple la segunda parte del gran mandamiento de nuestro Señor y es esencial al cuerpo de Cristo.

PARTE III: Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica

"Él es nuestra paz…que ha derribado el muro de separación de la hostilidad" (Efesios 2,14).

El Comunicado y su contexto

La globalización ha puesto de manifiesto el profundo contraste de las diferentes perspectivas teológicas y culturales de las iglesias de la Comunión Anglicana. Ya que la Comunión no tiene una constitución central ni forma de sínodo o concilio fuera del de cada provincia, asuntos sobre autoridad y conciliación pueden presentar agudos retos para el mantenimiento de la Comunión. Dentro de nuestra tradición de autoridad dispersa, es desafiante el tocar asuntos locales en el ministerio mientras se mantiene la catolicidad.
En años recientes, nada ha destacado tanto este desafío como los temas tocantes a la sexualidad humana. Durante unos cuarenta años la Iglesia Episcopal ha estado tratando preocupaciones sobre el cuidado pastoral y la total inclusión de personas con orientación homosexual en la vida de la Iglesia. La misma Iglesia Anglicana de Canadá se ha encontrado tocando temas semejantes, lo mismo que otras iglesias de toda la Comunión.
La Conferencia de Lambeth de 1998 discutió estos asuntos y creó un informe que reflejaba las diferentes opiniones de los obispos, y una subsiguiente resolución, Lambeth I.10. El informe reconocía que no había consenso en la Comunión sobre la bendición de uniones del mismo sexo y la ordenación de personas en dichas uniones, y afirmó la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio. Los obispos instaron a toda la Comunión a que se lanzara un "proceso de escucha" para considerar las necesidades pastorales de gays y lesbianas y pidieron "a todo nuestro pueblo que ministrara pastoral y sensitivamente a todo el mundo sin consideración de orientación sexual y condenara el miedo irracional a homosexuales".
Un momento crítico se alcanzó en 2002 cuando la diócesis canadiense de New Westminster votó para que se autorizaran ritos públicos de bendición de uniones del mismo sexo. Otro sucedió en 2003, cuando la Diócesis de New Hampshire eligió como su obispo a un homosexual comprometido en una relación del mismo sexo, una elección más tarde ratificada por la Iglesia Episcopal.
Algunos han dado la bienvenida a estos acontecimientos como acciones proféticas para la inclusión total de gays y lesbianas en la Iglesia, consistente con el amor y justo testimonio que nos pidió Cristo. Otros los han visto como contrarios a la enseñanza de las Sagradas Escrituras, "la autoridad primaria" para los anglicanos (Resolución de Lambeth 1998, III.1), y han citado la Resolución de Lambeth 1998, I.10, en la que se declara que "no podemos aconsejar la legitimación o la bendición de uniones del mismo sexo, ni la ordenación de aquellos involucrados en uniones del mismo género".
La Reunión de Primados tenida en el otoño de 2003 describe estas acciones como si hubieran "puesto en peligro nuestra mutua comunión sacramental", añadiendo que, si la consagración de un obispo elegido de New Hampshire tuvo lugar, ésta "romperá la estructura de nuestra Comunión en su más profundo nivel". La consagración de New Hampshire se efectuó de acuerdo a los procedimientos canónicos de la Iglesia Episcopal.
El Arzobispo de Cantórbery pidió, a la Comisión pan-Anglicana de Lambeth sobre la Comunión, que enjuiciara estos acontecimientos y buscara "un modo, para seguir adelante, que fomentase la comunión dentro de la Comunión Anglicana". La comisión publicó en octubre 2004 el Informe Windsor sobre Comunión. El mandato de la comisión no fue el que se resolvieran los asuntos sobre la sexualidad humana, sino centrarse en lo que realmente significa comunión para los anglicanos y considerar "modos con los cuales la Comunión y el entendimiento pudieran ser mejorados, allá donde diferencias serias amenazaban la vida de una Iglesia universal y diversa".
El Informe Windsor describe ampliamente el carácter de la "comunidad (koinonia) eclesial" de la Comunión Anglicana. La Iglesia es "un signo anticipador de un futuro sanador y restaurador de Dios para el mundo". La Comunión es una asociación y comunión de iglesias independientes, unidas juntamente por el amor del Señor y la participación en la misión de Dios.
Las iglesias anglicanas son autónomas, afirma el informe, pero "autónomas en comunión". Ha de haber espacio para nuevos entendimientos y desarrollo teológico en las provincias. Sin embargo, autonomía "denota no libertad ilimitada, sino lo que pudiera llamarse libertad-en-relación, así está sujeta a los límites generados por los compromisos de la comunión", obligando a cada iglesia "a respetar el bien común de la comunidad global y de la iglesia universal". (3).
Aunque no hay magisterio o jurisdicción compresiva más allá de la provincia individual, todas las iglesias anglicanas están unidas juntas por "lazos de afecto", responsabilidad e interdependencia mutuas, y por un compromiso hacia la catolicidad y mutualidad como partes de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
El Informe Windsor caracteriza las acciones de la Iglesia Episcopal y de la Diócesis de New Westminster como inconsistentes respecto al camino de consulta y compañerismo de la Comunión. También describe las acciones de otros obispos anglicanos que han intervenido en provincias, diócesis y parroquias que no son las suyas propias, como violadores de los lazos de afecto y orden católicos.
Se hace una serie de recomendaciones, algunas específicamente para la Iglesia Episcopal y la Iglesia de Canadá, otras para los obispos y provincias que han intervenido, y todavía otras para los anglicanos en general. Cada recomendación se ofrece como una manera de ayuda a restaurar la comunión donde haya sido afectada.
Se pide a la Iglesia Episcopal que proporcione "una expresión de pesar porque los apremios apropiados de lazos de afecto se habían roto". Se ha pedido a ambas iglesias, la de Estados Unidos y la de Canadá, efectuar "una moratoria sobre la consagración de cualquier candidato al episcopado que viva en la unión del mismo género hasta que emerja un nuevo consenso en la Comunión Anglicana". También pide una moratoria sobre la autorización de ritos públicos de bendición de uniones del mismo sexo (aunque hacemos notar que nuestra Convención General no las ha autorizado explícitamente).
El Informe pide a todos el aceptar un "proceso de escucha" pan-anglicano, sobre temas de relaciones del mismo sexo, y declara que "cualquier demonización de homosexuales, o mal tratamiento de los mismos, va totalmente en contra de la caridad cristiana y principios fundamentales del cuidado pastoral".
Finalmente, el Informe pide una moratoria sobre ulteriores intervenciones de obispos en diócesis que nos sean la suya, y recomienda el desarrollo de un Convenio Anglicano, para enriquecer nuestra Comunión y equiparnos para enfrentar las diferencias y conflictos de una manera más intencional y constructiva.
En su función como pastores y maestros principales, la Cámara de Obispos inicialmente respondió al Informe Windsor con una expresión de pesar en la reunión especial tenida en Salt Lake, en enero del 2005. En la reunión de la primavera, dos meses después, la Cámara de Obispos produjo su "Declaración de Convenio", que aceptaba futuras restricciones como expresión del compromiso de los obispos a trabajar con las recomendaciones de la Comunión. La Cámara de Obispos adoptó también un plan para Supervisión Pastoral Delegada Episcopal (DEPO), que permitía el nombramiento de un obispo alternante para ministrar parroquias que se encontrasen en conflicto con su propio obispo.
De forma adicional, el Consejo Ejecutivo respondió a la petición de que los representantes de nuestra Iglesia al Consejo Consultivo Anglicano renunciaran voluntariamente de asistir a la reunión de Nottingham, Inglaterra. Asistieron solamente como observadores. El Obispo Presidente dio respuesta, a la petición del Informe de Windsor sobre que la Iglesia Episcopal ofreciese una explicación teológica de sus actos, por medio del encargo de escribir el documento "Para poner nuestra esperanza en Cristo", que fue presentado en la reunión del ACC y que detallaba el compromiso de nuestra Iglesia con asuntos de sexualidad humana en los últimos cuarenta años.
En la primavera de 2006, los diputados de la 75 Convención General recibieron el ampliamente considerado informe de la Comisión Especial de la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana titulado "Un bautismo, una esperanza en la llamada de Dios". Finalmente, en junio de 2006, la Iglesia Episcopal en pleno dio respuesta a las peticiones del Informe de Windsor con buen número de resoluciones adoptadas por la Convención General en Columbus, Ohio. Éstas se encuentran disponibles en el sitio web de este documento de estudio, junto a otros documentos aquí citados.
Debe tomarse nota de que una de estas resoluciones afirmó que el compromiso de la Iglesia Episcopal con el proceso de desarrollo del Convenio Anglicano en la Comunión, fuera monitoreado por el Consejo Ejecutivo. En mayo, el Consejo publicó una guía de estudio para ayudar en este proceso.

El Comunicado de los primados
Desde la primera Conferencia de Lambeth de obispos anglicanos, en 1867, los medios principales para el mantenimiento de la unidad y los lazos de afecto entre las iglesias anglicanas han sido las sucesivas Conferencias de Lambeth, que se celebran cada diez años, y el papel del Arzobispo de Cantórbery como primus inter pares, primero entre iguales. Después de 71 años de estudio, en 1968 se estableció el Consejo Consultivo Anglicano (ACC), para incluir seglares y otros miembros del clero en el proceso de consulta y mutuo ministerio.
En 1978, la Conferencia de Lambeth llamó a los primados a reunirse periódicamente. Las Reuniones de los Primados dan testimonio del desarrollo en la Comunión de este elemento consultivo. En 1998, la Conferencia de Lambeth encomendó a los primados una adicional responsabilidad de "intervención en casos de excepcional emergencia que no es posible solucionar internamente entre provincias, y dar las líneas maestras de los límites de la diversidad anglicana, en sumisión a la soberana autoridad de las Sagradas Escrituras y en lealtad a nuestra tradición y formularios anglicanos". Como fuere, esta innovación no ha encontrado una aceptación universal en todas partes de la Comunión. Así sucede especialmente entre los cuerpos de gobierno de la Iglesia Episcopal, quienes creen que su política establecida no autoriza a tal intervención desde el exterior. Debe tenerse en cuenta que el Informe de Windsor insta a que sean las iglesias quienes clarifiquen el papel de los correspondientes Instrumentos de Unidad.
En la más reciente Reunión de Primados de Tanzania, el sub-comité del Comité Conjunto Permanente de la Reunión de Primados y el ACC, incluyendo el Arzobispo de Cantórbery, evaluaron las respuestas de la Convención General de 2006 de la Iglesia Episcopal al Informe de Windsor. Su informe, recibido por los primados al comienzo de su reunión, fue en general positivo. Indicaba que la Iglesia Episcopal había respondido a sus peticiones de forma cuidadosa y concienzuda, aunque haciendo notar la necesidad de más claridad en ciertas instancias.
No obstante, la Reunión de Primados realizó posteriormente un buen número de peticiones, incluyendo el que los obispos de la Iglesia Episcopal "hagan un inequívoco y común acuerdo de que los obispos no autorizarán ningún Rito de Bendición de uniones del mismo sexo, en sus diócesis o a través de Convención General" y que "confirmen que la aprobación de la Resolución B033 de la 75 Convención General significa que un candidato a la ordenación episcopal que viva en unión del mismo sexo no recibirá el necesario consentimiento; a no ser que un nuevo consenso sobre esta materia emerja de entre la Comunión". El Comunicado pide una respuesta a estas peticiones para el 30 de septiembre de 2007.
Los primados también presentaron un "Plan Pastoral", que incluye el nombramiento de un vicario para el primado y la formación de un consejo pastoral, compuesto por primados y otros, nombrados para actuar por ellos en consulta con la Iglesia Episcopal, y para trabajar con el/la Obispo/a Presidente para asegurar las estructuras necesarias para el cuidado pastoral de aquellos que en la Iglesia Episcopal se encuentran desafectados de sus obispos o de su Obispo/a Presidente. El consejo se ocuparía de "facilitar y fomentar la curación y reconciliación dentro de la Iglesia Episcopal y entre ésta Iglesia y las congregaciones de ella alienadas, y entre la Iglesia Episcopal y el resto de la Comunión Anglicana".

La respuesta de la Cámara de Obispos al Comunicado

En su encuentro de marzo de 2007 en Texas, la Cámara de Obispos comenzó a discutir el Comunicado. El enfoque se puso en el consejo pastoral, tal como fue presentado. También hubo un considerable debate sobre el tono de "ultimátum" en el Comunicado, y su petición de respuesta por parte de los obispos en vez de por la Iglesia Episcopal reunida en Convención General.
Los obispos adoptaron tres resoluciones. Primeramente, afirmaban "nuestro ferviente deseo de continuar como miembro integrante pleno tanto de la Comunidad Anglicana como de la Iglesia Episcopal", aunque los obispos expresaban también su preocupación por que el consejo pastoral propuesto es incompatible con la normativa de la Iglesia Episcopal e instaban al Consejo Ejecutivo a declinar su participación en él. La principal preocupación era que tal plan traería a la supervisión de esta Iglesia obispos extra-provinciales, algo contrario a las prácticas anglicanas. Se expresaba la esperanza de poder "satisfacer las preocupaciones pastorales de los primados que son compatibles con nuestras propias políticas y cánones". En segunda instancia, los obispos solicitaron un encuentro con el Arzobispo de Cantórbery. En una tercera y final resolución, los obispos ofrecieron una reflexión sobre recientes acontecimientos, incluyendo la identidad y normativa de la Iglesia Episcopal, la conservación de nuestro legado anglicano católico y reformado, y su deseo de continuar adelante en la misión de Cristo Jesús. Se expresaba inquietud sobre el peligro inherente para el carácter del anglicanismo en los intentos de centralizar la autoridad dentro de la Comunión.
Las otras peticiones de una moratoria en las bendiciones de uniones del mismo sexo y la clarificación respecto a la Resolución B-033 quedan pendientes de ser contestadas. Estos puntos ponen de manifiesto significativos asuntos a tratar respecto el papel de los primados en la Comunión Anglicana, eclesiología anglicana y el papel de la Cámara de Obispos en la Iglesia Episcopal:

· ¿Son tales peticiones estudiadas adecuadamente por parte de los obispos como pastores principales y maestros, o deben ser estudiadas de forma más representativa por parte de la Convención General?
· ¿Cómo podría propiciarse mejor el desarrollo teológico y de misión en iglesias que son "autónomas en comunión"?
· ¿Cómo puede la Comunión consultar apropiadamente, sobre temas de importancia como éstos, sin una centralización de la autoridad que es desconocida para el anglicanismo?

El continuado proceso de Windsor nos involucra en preguntas como éstas, y no sólo en la problemática sobre sexualidad humana. Lo anteriormente descrito es un testimonio del compromiso de los episcopales y anglicanos en todo el mundo con el trabajo de Dios en nuestra hermandad de iglesias globales. Es importante para nosotros el afrontar cuestiones como éstas y dar expresión sobre lo que pensamos en estos asuntos de comunión. Os invitamos a involucraros en ellas, al tiempo que continuamos recibiendo el don de la comunión que se nos ha dado en Cristo y en la inacabada tarea de la Comunión Anglicana.

Parte IV: Unidad en medio de la diversidad

"Teniendo este ministerio no perdemos el valor" (Corintios 2 -4,1)

Preguntas para reflexionar


Comenzamos este estudio haciendo recuento del valor y la importancia de ser miembros de la Comunión Anglicana mundial. Muchos de nosotros tenemos una experiencia personal de la Comunión por medio de viajes misioneros, relaciones de compañerismo, y por la presencia de nuestros hermanos y hermanas de otras partes de la Comunión que ahora viven entre nosotros.

· ¿Cómo puede la Iglesia Episcopal afirmar y fortalecer estos preciosos lazos?

Afirmamos que comunión no es algo que adquirimos; más bien se trata de un don de Dios para nosotros por medio de la encarnación, muerte y resurrección de Cristo Jesús en el poder del Espíritu. El Espíritu Santo unió en Pentecostés muchas lenguas en la confesión de una fe, manifestando una unión aún más profunda en medio de la amplia diversidad.

· ¿Cómo se manifiesta hoy el don de la comunión a través de la diversidad?

Conocemos la dicha de la comunión total con nuestros hermanos y hermanas anglicanos de todo el mundo. Conocemos también el dolor de la separación como consecuencia de divisiones en la Iglesia, tanto en nuestra historia como en los difíciles tiempos en los que ahora vivimos. Afirmamos que la unidad no significa una rígida uniformidad, sino una comunión que incluye diferencias, análogas a la unión de las distintas personas en Dios trino y uno.

· ¿Podemos encontrar, en medio de nuestra actual diversidad de "lenguajes" teológicos y culturales, una unidad más profunda en Cristo - y no "un compromiso en honor a la paz, sino un entendimiento en honor a la verdad"?

Un motivo recurrente y prevaleciente en la historia de la tradición cristiana, particularmente respetuosa de la interacción de la proclamación evangélica y de la recepción de la palabra en situaciones culturales diversas, ha sido la graciosa adaptabilidad de la buena nueva de Cristo Jesús en medio de normas y costumbres culturales desafiantes. Costumbres y/o prácticas que a primera vista parecían "extrañas" al mensaje divino, fueron a menudo incorporadas momentáneamente a la vida de la iglesia emergente, en tal forma que los fundamentos de la fe no se vieron comprometidos.

· ¿Qué es lo que hace posible que vivamos con diferencias y mantengamos la "vía media" anglicana?

· ¿Es posible que nuestro testimonio hoy pueda ser el mantener la vía media y continuar en comunión, a pesar de lo que parecen posiciones diametralmente opuestas en el presente? ¿Podría ser que nuestro don al mundo fuese la capacidad de encarnar la palabra de Pablo a los corintios, según la cual una parte del cuerpo no puede decirle a la otra "no te necesito", ni parte alguna puede decir "no se me necesita"?


El Libro de los Hechos quizá ofrezca un ejemplo. La admisión de creyentes gentiles a la hermandad de la Mesa y la incorporación a la comunidad de los bautizados, al principio a muchas comunidades apostólicas les parecía no concordar con la palabra de Dios. Como fuere, con el tiempo y el mutuo apoyo, la visión de Pablo es la que prevaleció en el espectro diverso de la cristiandad del Nuevo Testamento.

· ¿Se nos llama a vivir en mutuo apoyo, en medio de similares diferencias, el tiempo suficiente como para que la comunidad de fe discierna la voluntad de Dios?

· Sugieren algunos que hemos llegado a un impasse, aparentemente con "diferencias irreconciliables". Si así fuese, ¿cómo podríamos vivir juntos y confiados en la promesa de Jesús de que la Iglesia perdurará durante toda la eternidad?


Aquí, la sabiduría del obispo Stephen Fielding Bayne es digna de ser recordada. El obispo Bayne fue el primer Oficial Ejecutivo de la Comunión Anglicana y estuvo muy vinculado al desarrollo de la consciencia de la Comunión Anglicana a través, entre otras cosas, del Congreso Anglicano de 1963 y el documento Responsabilidad mutua e interdependencia en el cuerpo de Cristo (MRI). Una vez, el obispo observó que a menudo la Iglesia ha sido dividida por convicciones honestas, sostenidas por personas de conciencia que se alinearon unas contra otras, convencidas de que "lo que cada uno ve que es correcto debe mantenerse inviolado. Y cuán a menudo después, cuando miramos atrás en la historia, vemos hasta qué punto ambas posiciones estaban separadas del objetivo… Pero nosotros no llegamos a esta sabiduría simplemente por abdicar de nuestras convicciones. Más bien somos guiados a ello por el Señor, que nos conduce gentilmente y nos enseña cuando estamos calmados y preparados para ser enseñados, y preparados para mantener la relación de compañerismo inviolada", dejando espacio en la Mesa para los que se encuentran en ambos lados. (4)

· ¿Cómo podríamos vivir esa sabiduría en la vida de la Iglesia Episcopal y de la Comunión Anglicana, en este momento?

Conclusión

Como obispos estamos encargados por la ordenación de guardar la fe y la unidad de la Iglesia. La responsabilidad de esta tarea no supone que recaiga en nosotros solamente. Este documento de estudio se ha escrito de manera que podamos escuchar y recibir respuesta de toda esta provincia, de manera que juntos podamos responder fehacientemente como miembro integrante de esta gran Comunión.

Solicitamos vuestras oraciones y os recordamos en las nuestras.
Padre de gracia, oramos por tu santa Iglesia Católica. Llénala con toda verdad, en toda verdad con toda paz. Donde se encuentre corrupta, purifícala; donde se encuentre en error, guíala; donde en algo se equivoque, refórmala; donde esté dividida, unifícala; por Cristo Jesús tu Hijo y nuestro Salvador. Amén


RECURSOS

Pulse en el nombre del recurso que figura más abajo, para acceder a la versión electrónica del documento. Nótese que se debe estar conectado a Internet para ser capaz de navegar hasta estos vínculos directamente, desde el archivo electrónico de Asuntos de Comunión: Un documento de estudio para la Iglesia Episcopal.
A estos recursos, así como a la versión descargable de este documento de estudio, se puede acceder en cualquier momento, visitando www.collegeforbishops.org.

The Windsor Report
The Primates' Meeting Communiqués:
Lambeth, 2003
Dromantine, 2005
Tanzania, 2006


Lambeth Conference 1998: Resolution I.10

House of Bishops' Responses to the Windsor Report and Primates:
Texas, 2004: "Caring for All the Churches"
Texas, 2004: "Mind of the House" Resolutions
Salt Lake City, 2005: "A Word to the Church"
Puerto Rico, 2005: "A Report to the Church"
Texas, 2007: "Mind of the House" Resolutions


"One Baptism, One Hope in God's Call: Report of the Special Commission on the Episcopal Church and the Anglican Communion" (Blue Book, 2006)

To Set Our Hope on Christ (English)

To Set Our Hope on Christ
(en español)

"The Challenge and Hope of Being an Anglican Today" by the Archbishop of Canterbury

Report of the Sub-Group to the Anglican Communion Joint Standing Committee of the Primates' Meeting and the Anglican Consultative Council


Resoluciones de la Convención General sobre el Informe Windsor:
A160: Expression of Regret
A165: Commitment to Windsor and Listening Processes
A166: Anglican Covenant Development Process
B033: On Election of Bishops


Notas:
2. Paul Avis. "What is ´Anglicanism´? The Study of Anglicanism, ed. Stephen Sykes & John Booty. SPCK. 1987.
3. Las secciones 71-86 del Informe Windsor son de una lectura esencial sobre estos puntos.
4 Stephen F. Bayne. An Anglican Turning Point, p. 177. Church Historical Society, 1964.

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