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Observaciones introductorias de la Obispa Presidenta,
en "el webcast" realizado en internet el 16 de octubre, 2007
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[Artículo y foto de Episcopal News Service] La Obispa Presidenta Katharine Jefferts Schori ofreció las siguientes observaciones introductorias durante la difusión en directo tenida por la red el 16 de octubre, coproducida por la Iglesia de la Trinidad de Wall Street y Medios de Episcopal Life.

Saludos para todos ustedes, en la Iglesia Episcopal, desde Taiwán a Europa, desde Alaska a Ecuador, y a todo el mundo entre medio y de más allá. Estoy agradecida por la oportunidad de dirigirme de nuevo a ustedes, y a agradezco a la Iglesia de la Trinidad, en Nueva York, por hacer posible este formato otra vez.

Estoy segura que muchos de ustedes están bien enterados de los resultados generales obtenidos en la reunión de la Cámara de Obispos en Nueva Orleáns, pero me gustaría que nos tomásemos unos momentos para darles algo más de contexto y algunos detalles más sobre lo que los obispos realizaron conjuntamente. Tal como hicimos en febrero (en otro webcast), dedicaremos la mayor parte del tiempo a conversar, y están invitados a hacer preguntas como un medio de estimular la conversación.

Intencionalmente, nos reunimos en Nueva Orleáns, como acto de solidaridad con el pueblo de Louisiana y de la costa Golfo de Mississippi, para poder representar las oraciones y preocupación de toda la iglesia, y ofrecer una pequeña contribución al esfuerzo de reconstrucción. Se nos dijo que se habían perdido 100,000 viviendas durante el huracán Katrina y sus efectos posteriores, desplazando a casi 250,000 personas. De esas viviendas, sólo se han logrado hacer habitables de nuevo unas 4000. Prácticamente toda la vivienda subvencionada se ha perdido, y muchos de nosotros pudimos comprobar la realidad de muchos oficiales de la policía viviendo en nuestro hotel porque no había otra alternativa. Muchos de los obispos y sus esposas, así como un buen número de visitantes de nuestra Comunión Anglicana, participaron en varios proyectos de reconstrucción durante uno de los días de la reunión. Clavamos puntas, levantamos paredes, distribuimos bocadillos y escuchamos las historias de desesperación y de esperanza. Las comunidades de fe, incluida la Iglesia Episcopal, constituyen la espina dorsal de los esfuerzos de alivio y reconstrucción, y da la sensación de que su función primordial continuará siendo vital.

Cuando al principio comenzamos a compartir los planes de esta reunión, pedí a los obispos que consideraran traer una ofrenda financiera para aliviar el sufrimiento y contribuir a la reconstrucción. Como resultado de una reunión tenida en el Centro de Convenciones de Nueva Orleáns, el mismo sito que fue lugar de tanta muerte y sufrimiento durante la inundación, las diócesis de Louisiana y Mississippi recibieron casi un millón de dólares para su trabajo. Celebramos esa generosidad vuestra en un servicio ecuménico, animado por el maravilloso jazz de Irvin Mayfield Jr. y su banda.

Los esfuerzos de reconstrucción continúan y continuarán durante muchos años. Vuestra participación, ya sea por medio de oraciones, de ayuda financiera o de trabajo físico, se necesita ahora. Se necesitan voluntarios de toda clase, y ustedes pueden obtener más información llamando a las oficinas de cada diócesis. Vayan y contribuyan en la transformación, hagan resurgir nueva vida de la muerte y de la destrucción, y sean transformados ustedes mismos.

La primera parte de nuestra reunión consistió en la oportunidad que los obispos tuvieron de escuchar a nuestros visitantes de la Comunión Anglicana, incluyendo al Arzobispo de Cantórbery, y de compartir nuestras alegrías y preocupaciones con ellos. Escuchamos palabras muy desafiantes sobre los diferentes contextos de distintas partes de la Comunión, y compartimos los nuestros propios. Descubrimos, como lo hicimos en nuestras labores en Nueva Orleáns y Mississippi, la realidad y profundidad de nuestra interconexión. Cuando una parte del cuerpo sufre, todas sufren. Cuando un parte se regocija, se elevan los espíritus de las demás.

En la última parte de nuestra reunión se produjo un documento que representa un consenso considerable entre los obispos. El aspecto verdaderamente sorprendente de este documento fue la casi completa unanimidad. Con la excepción de unos pocos que no se quedaron para el resto de la reunión después de la partida del Arzobispo, la inmensa mayoría de los obispos se encomendó a la labor de desarrollar un comunicado con profundo respeto mutuo. Aunque hay partes en el documento que retan a cada uno de nosotros, fuimos capaces de permanecer juntos para ofrecerlo a todo el resto de la iglesia. En ese documento estuvimos de acuerdo en varios puntos:

· Reafirmamos la Resolución B033 de la última Convención General, que pide a los obispos y a los comités permanentes refrenar y no consentir la consagración de nadie cuyo estilo de vida represente un reto para la iglesia en su totalidad.

· Prometimos no autorizar ritos públicos para la bendición de uniones del mismo sexo. · Recomendamos un plan para los obispos visitantes, y que se usaran obispos de dentro de nuestra iglesia en circunstancias en las cuales los obispos diocesanos han buscado una supervisión alternativa.

· Instamos a que se termine la incursión de obispos que no hayan sido invitados. · Instamos a una consulta de toda la Comunión sobre peticiones de supervisiones alternativas, de manera que se respeten nuestras normas.

· Instamos a un proceso de escucha en toda la Comunión, y esperamos escuchar informes sobre ese proceso.

· Pedimos al ABC (Arzobispo de Cantórbery) que busque una manera para que se incluya plenamente al obispo de New Hampshire en el encuentro de Lambeth.

· Pedimos un compromiso inequívoco y activo hacia los derechos civiles, la seguridad y dignidad de personas gays y lesbianas.

Este documento fue recibido por nuestros visitantes del Comité Permanente Conjunto del Consejo Consultivo Anglicano y de los Primados. Su abrumadora conclusión fue que habíamos respondido a lo que se nos había pedido como obispos de la iglesia.

Algunos dentro de nuestra propia iglesia han manifestado desagrado hacia el documento, desagrado que viene de ambos extremos del espectro. Hemos reafirmado compromisos, establecidos en la última Convención General, de esperar y considerar ponderadamente la situación antes de consentir en la elección de otro obispo abiertamente gay y con pareja, y de esperar antes de autorizar ritos para la bendición de uniones del mismo sexo. Quienes buscan la plena inclusión sacramental de los cristianos gays y lesbianas, lamentan otra demora. Quienes buscan la completa prohibición de su inclusión plena y sacramental, lamentan nuestra renuencia a negar esa posibilidad. Quienes no están contentos con las decisiones de las recientes Convenciones Generales en estas materias, ya sea por razones de una indebida demora o por indicaciones de un cambio teológico, no oyeron lo que anhelaban oír. A ambos extremos del espectro se les pide que recuerden la existencia del resto del cuerpo.

El mismo reto se presenta en el asunto de la supervisión alternativa. Estuvimos de acuerdo en que hay alguna posibilidad de ministerio compartido; sin embargo otros estarán insatisfechos de que esto no sea una plena transferencia del ministerio del obispo presidente a otro primado.

Este documento afirma ambas cosas, el compromiso de la iglesia hacia la total dignidad de las personas gays y lesbianas, y nos pide cautela y espera antes de su plena inclusión sacramental. En ello se da una tensión fundamental que continuará retándonos a todos. Esa es una postura anglicana, en cierto nivel no satisfactoria para muchos, pero que sin embargo reconoce que el cuerpo es más amplio que cada uno de nosotros. No es muy diferente a la ley establecida por Isabel I para la Iglesia de Inglaterra, diciendo que cada uno podría creer lo que quisiera en su corazón, pero la adoración común debería incluir al rango de público más amplio posible.

A quienes argumentan desde la perspectiva de la justicia que una demora es inmoral, solamente les puedo decir que nuestra habilidad de mantener nuestras conexiones dentro de esta iglesia y alrededor de la Comunión Anglicana también mantiene nuestra habilidad de abogar por la total dignidad de personas gays y lesbianas en todo el mundo. Esto también significa que nuestro trabajo hacia el alivio del sufrimiento humano, y la puesta en acción de nuestras creencias evangélicas, tienen mayores posibilidades cuando podemos trabajar mediante las amplias redes de la Comunión, que cuando lo hacemos solos.

A quienes argumentan que la consideración de un cambio en nuestro entendimiento de la ética sexual es inapropiado, solamente les puedo decir que nuestros entendimientos ya los hemos cambiado antes, por ejemplo sobre el divorcio y el contraer nuevo matrimonio, sobre la contracepción y sobre la poligamia. Se da una abundante razón para continuar nuestra exploración teológica sobre este tópico y, como indicaron nuestros visitantes de la Comunión Anglicana, parece que fuera la vocación de la Iglesia Episcopal el mantener este asunto en discusión ante el resto de la Comunión.

A uno de mis predecesores le gustaba decir, "en esta iglesia no habrá marginados". Estoy de acuerdo, y reto a cada uno de ustedes a considerar de quién nos gustaría más deshacernos. Esa persona, amigos míos, es la imagen de Cristo entre nosotros. No habrá marginados en esta iglesia, ya sea por orientación sexual o por perspectiva teológica. Dios nos ha dado los unos a los otros, para amarnos y aprender unos de otros. Que Dios bendiga a cada parte de este cuerpo.

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