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por Gonzalo Rendón (Colombia)

El Nuevo Testamento (IV): Jesús y su Tiempo (la Sociedad)

Habíamos dicho que antes de comenzar a estudiar estrictamente el contenido del Nuevo Testamento era importante primero que todo fijarnos en el ambiente político, económico, social, religioso y cultural donde nació y creció Jesús. Por qué: porque es muy difícil llegar a comprender a una persona, un escrito o cualquier obra humana que prescinda de esos elementos; incluso si prescindiéramos de la geografía física donde nace y crece una persona, no podríamos llegar a comprender su modo ser, de actuar, de hablar, de pensar. En este sentido, los y las invito para que terminemos de ver ese panorama que rodeó a Jesús. En esta oportunidad vamos a dar una rápida mirada uno de los elementos centrales en el desarrollo de una cultura: la cuestión de la sociedad: cómo estaba compuesta, quiénes la organizaban y desde qué criterios. Con toda seguridad, esto nos va a dar aún muchas más luces para entender el mensaje y cada una de las acciones de Jesús.

Veamos, entonces, cómo estaba compuesta la sociedad en la cual nació y creció Jesús. Para esto, vamos a seguir muy de cerca el trabajo de G. de La Torre que ya hemos citado. En su obra, el profesor De La Torre describe así la sociedad en la que vivió Jesús:

Las clases sociales bajas, su marginación y exclusión: Ya desde el Antiguo Testamento y, por supuesto, en tiempos de Jesús se daba un ingente proceso de exclusión social. De allí la trilogía clásica de sectores marginados: la constituida por "viudas", "huérfanos" e "inmigrantes extranjeros". Además de los criterios de tipo religioso que se daban para dicha exclusión social, tenemos que partir del hecho de que en entonces se daba igualmente una fuerte dinámica de concentración de la riqueza y de ruptura social entre ricos y pobres.

Eran muchos los sectores en proceso de pauperización, que sobrevivían a expensas de limosnas y de la caridad pública, incapaces ya de poder integrarse al proceso económico. Configuraban una enorme caterva de mendigos y parados, principalmente deficientes físicos (mutilados, ciegos, paralíticos...), jornaleros del campo, obreros en paro...

La clase de los campesinos: Los especialistas afirman que el pequeño campesino constituía la gran masa del pueblo; la familia, que constaba de seis a nueve personas, cultivaba un trozo de terreno de 8-10 hectáreas por término medio. La mayor parte de la cosecha sirve para satisfacer las propias necesidades; el resto se lleva a la ciudad para venderlo o cambiarlo. Los ingresos totales rondarían los 200 denarios, que la Mishná considera el mínimo para sobrevivir. A esto hay que añadir los gastos de vestido, instrumentos de trabajo, impuestos, y la catástrofe que puede suponer una mala cosecha, o la enfermedad del cabeza de familia.

En estas circunstancias, no extraña que muchos campesinos descuidasen el pago del diezmo, con gran irritación de los fariseos. En los casos más trágicos, terminaba perdiendo la tierra y pasando a engrosar la masa de los pobres, con muy pocas probabilidades de recuperar su posición anterior. Se convierte entonces en un jornalero, esperando en la plaza del pueblo que alguien lo contrate. O, con mucha suerte, en un colono al que un gran propietario le arrienda parte de sus tierras.

La clase de los artesanos: la clase de los artesanos abarcaba por término medio un cinco por ciento de la población. En casi todas las sociedades agrarias, la clase de los artesanos se reclutaba originariamente entre las filas de los campesinos desposeídos y los hijos de éstos carentes de derechos hereditarios, y tales fueron siempre las fuentes de las que se nutrió. No obstante, hemos de subrayar que aunque la clase de los campesinos y la de los artesanos se caracterizaron siempre por un nivel en el fondo análogo de riquezas e ingresos, da la impresión de que los ingresos medios de un artesano nunca fueron tan altos como los de un campesino. En esta clase habría que situar a Jesús y a sus discípulos pescadores (Pedro, Andrés, Santiago, Juan); aunque no fuesen indigentes, carecían de poder y de influjo en la sociedad.

La figura del artesano en el Nuevo Testamento: parece que en el AT el artesano no era muy bien visto; sin embargo, ya para la época de Jesús las cosas habían cambiado mucho. Se sabe de grandes rabinos que desempeñaban algún oficio manual. Hillel era tallador de madera; Chammay carpintero; y entre los posteriores encontramos zapateros, sastres, carpinteros, alpargateros, herreros, alfareros, albañiles, etc. La estima del trabajo manual se advierte en algunos dichos rabínicos: "El que no le enseña un oficio a su hijo es como si le enseñara a ser un bandido". "¡Cuánto ama los oficios el Hacedor del mundo!". "No hay nadie cuyo oficio no lo adorne Dios de belleza". "Aunque hubiera siete años de hambre, nunca llegará a la puerta de uno con oficio". "Bueno es el estudio de la ley, si va acompañado de una ocupación secular; dedicarse a ambas cosas es mantenerse alejado del pecado; mientras que el estudio que no está combinado con el trabajo debe al final ser interrumpido, y sólo trae pecado consigo".

Veamos ahora algunos detalles sobre la conformación de las clases bajas en la época de Jesús.
Las clases impuras: Forman parte de ellas las personas cuyo origen y ocupación las mantenían alejadas de la gran masa de campesinos y artesanos (porteros, mineros, prostitutas). En Israel, el problema es mucho más complejo. El origen, sobre todo, influía en que ciertas personas quedasen excluidas de una serie de cargos públicos y de ciertos derechos civiles.

Los impuros por origen:

Los hijos ilegítimos
. Las israelitas de origen ilegítimo, afectadas solamente por una mancha leve, no tienen derecho a casarse con sacerdotes, pero pueden casarse con levitas e israelitas legítimos. Son los hijos ilegítimos de sacerdotes, los prosélitos y los esclavos paganos emancipados. Los israelitas de origen ilegítimo, afectados de una mancha grave, no pueden unirse a familias legítimas. Son los bastardos, esclavos del templo, hijos de padre desconocido, expósitos, eunucos.

Los Samaritanos. Los samaritanos eran considerados como raza impura por los judíos, puesto que eran descendientes de población mezclada con extranjeros. Constituían un "ghetto" étnico-religioso, odiado por los judíos (uno de los peores insultos era llamarle a alguien "samaritano").

Los gentiles o paganos. Finalmente, estaban los gentiles o paganos, cuyo trato estaba prohibido por la Ley, hasta el punto de serles negada la entrada en casa de un judío.

Los impuros por profesión:
Al hablar de los artesanos vimos que los rabinos apreciaban mucho el trabajo manual. Esto no significa que todos los oficios sean estimados. Al hablar de los oficios despreciados, se pueden ver cuatro listas que se encuentran en el Talmud (el Talmud es como el "derecho canónico" judío).

La primera lista de profesiones impuras. La primera se refiere a las profesiones que un padre no debe enseñar a su hijo, porque son "oficios de ladrones", es decir, los que llevan de modo especial a la maldad. Contiene las siguientes profesiones: asnerizo, camellero, marinero, cochero, pastor, tendero, médico, carnicero.

La segunda lista de profesiones impuras. La segunda lista incluye oficios despreciables, no por ser deshonrosos, sino repugnantes, especialmente a causa del mal olor producido por esas actividades: recogedor de basuras, fundidor de cobre, curtidor. La mujer de cualquiera de ellos podía pedir el divorcio, aunque supiese de antemano que ejercía esa profesión, si ya le resulta imposible aguantarla.

La tercera lista de profesiones impuras. En la lista tercera encontramos oficios que ponían en relación con mujeres y eran oficios sospechosos de inmoralidad: orfebre, cardador de lino, molero, buhonero, tejedor, barbero, blanqueador, sangrador, bañero, curtidor.

La cuarta lista de profesiones impuras. Por último, una cuarta lista nos ofrece los oficios peores, que acarreaban la pérdida de los derechos cívicos y políticos. Esta lista reúne los oficios que estaban directamente basados en el fraude: jugador de dados, usurero, organizador de concurso de pichones, traficantes de productos del año sabático, pastor, recaudador de impuestos, publicanos. Los publicanos eran cómplices de los romanos, cobrando para ellos los impuestos. Normalmente, extorsionaban además a los contribuyentes, sacando para sí un sobreimpuesto. La tributación la hacían por su cuenta, combinando con Pilato una cantidad global.

Los impuros por enfermedad. Hay otro grupo marginado por la sociedad, no por su origen o su profesión, sino por su enfermedad: los leprosos. La lepra, en el sentido moderno, no fue definida hasta el año 1872 por el médico noruego A. Hansen. En tiempos antiguos se aplicaba la palabra "lepra" a otras enfermedades de la piel que a la hora de la verdad no eran tan graves.

Los impuros por pecado. Los pecadores públicos eran aquéllos/as que habían transgredido de forma notoria y pública alguno de los preceptos de la Ley (es el caso, por ejemplo, de la adúltera o de la mujer pecadora del relato evangélico (cf. Jn 8,1-11). Las listas de oficios impuros que vimos anteriormente, no hablan lógicamente, de las prostitutas. Pero que era una profesión mal vista, impura, lo dejan claro algunas afirmaciones de los libros sapienciales: "No intimes con la ramera, y no te cazará en sus lazos, no trates con la que canta coplas, y no te quemará con su boca" (Eclo 9,3b-4)... "Fosa profunda es la mala mujer, pozo angosto la ramera; se pone al acecho como un salteador y provoca traiciones entre los hombres" (Prov 23,27-28).

Los impuros por comidas. Los judíos tenían clasificados los alimentos, a fin de no caer en impureza, así:

- Todos los animales que no rumian y no tienen la pezuña hendida, son impuros.
- Las aves nocturnas y las depredadoras, son impuras.
- Todos los reptiles son impuros.
- Los peces que no tienen escamas y los que no tienen aletas son impuros
- Todos los insectos que caminan en cuatro patas, excepto la langosta, son impuros.

Los impuros por sangre, sexo y muerte. Este tipo de impureza tenía también sus prescripciones y era otra fuente de purificaciones:
- La sangre hace impura a la persona y todo lo que toca, porque en ella está la vida. Derramar sangre es derramar vida. Cf. Lv 19,26; Dt 12,16; Hch 15,20.29.
- El sexo es impureza, porque consume la energía vital. Cf. Lv 15,1ss.
- La muerte y todo lo relacionado con ella es impureza. Todo lo que entre en contacto con un cadáver queda impuro. Cf. Nm 19,11-16.

Posición de Jesús frente a la pureza: En los Evangelios Sinópticos, Jesús toca leprosos (Mc 1,40-43), como con publicanos y pecadores (Mc 2,15-17) y denuncia el formalismo de las prácticas fariseas (Mc 7,1-23; Mt 15,1-20; 23,23-28); manifiestamente no toma en cuenta la pureza ritual, para poner el acento únicamente en la pureza moral. Antes que las manos y las copas, lo que hay que purificar es el corazón.

La clase de los despreciables. Estaba formada por una gran diversidad de individuos, entre los que cabría enumerar a los pequeños delincuentes y criminales, los mendigos, los subempleados itinerantes o sin trabajo fijo, y en general a cuantos se veían obligados a vivir de su ingenio o de la caridad pública".

Referencias a los mendigos encontramos en Mc 10,46; Jn 9,8 y Hch 3,2. En los tres casos se trata de personas enfermas (ciegos o lisiados), incapaces de trabajar.

¿Podremos ahora sí comenzar a entender y a captar el sentido y la profundidad de cada una de las palabras, acciones y gestos de Jesús teniendo como telón de fondo esta situación social, política, económica y religiosa de su tiempo? ¿Verdad que hasta ahora hemos leído, o escuchado la lectura del Evangelio, sin tener mucho en cuenta todo esto? Pues si ahora comenzamos a leer los evangelios teniendo esta información a la mano, vamos a empezar a descubrir el efecto liberador, humanizador y salvífico de la obra de Jesús y ahora sí comenzaremos a palpar la gran actualidad que tiene para nosotros hoy esas palabras y esas acciones de Jesús.

En el próximo capítulo hablaremos un poco de las características de los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas para detenernos después en cada uno de los tres, y finalmente hablaremos también del Evangelio de Juan para completar el estudio de los cuatro evangelios.

Por ahora, reflexionemos un poco sobre qué sentiría Jesús cuando empieza a crecer y a descubrir esta maraña de situaciones que le tocaba vivir a su gente.

Un fuerte abrazo y muchas bendiciones.
Gonzalo

Fuentes bibliográficas: Charler, J.P. (1993).Jesús en medio de su pueblo, I. Declée de Browuer, Bilbao. Conferencia de Religiosos/as del Brasil. (1998). Colección "Tu Palabra es vida". De La Torre, G. (2009). Introducción al Nuevo Testamento. Quibdó. Guijarro Porto, S. (2010). Jesús histórico. Curso on-line, PUS, Salamanca.

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