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Los infiernos
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Por Ray García


Grabado de Alberto Durero
¿Existe el infierno? ¿Descendió Jesús a "los infiernos"?

El credo de los Apóstoles dice que Jesús "descendió a los infiernos". ¿Qué significa esa expresión?

El pueblo escogido de Israel no tuvo conciencia clara de las realidades de ultratumba desde un principio. El pensamiento iba madurando. Los libros más antiguos de la Biblia no pudieron imaginarse lo que nosotros hemos llegado a llamar infierno.

Para acercarnos al pensamiento de los antiguos, son característicos los libros de Job, el Eclesiastés y el Eclesiástico, donde se plantean dudas, interrogantes sobre el destino humano, sobre sanciones y retribuciones. No se sabía aún cómo pagaría Dios a cada uno según sus obras. Creían, lo mismo que otros muchos pueblos antiguos, que tanto buenos como malos, al morir, iban a un lugar oscuro y lóbrego y moralmente neutro, llamado sheol, parecido al hades de la antigua mitología griega, donde "se dan cita todos los vivientes" (Job 30,23), y que era como "un agujero", "un pozo", "una fosa" (Sal 30,10), enclavado en lo más profundo de la tierra, traspasando el abismo subterráneo, donde "la claridad misma se parece a la noche sombría" (Job 20,21). Allí no se podía alabar a Dios, se perdía toda esperanza. Dios se había olvidado de ellos (Sal 88,6). Vemos que no se habla de tormento físico eterno.

Esa era la idea común de la vida de ultratumba en general. Hoy diríamos simplemente que es el poder de la muerte. Cristo descendió a esos "infiernos", es decir, conoció la muerte y triunfó sobre ella, por eso, a partir de Jesús, podemos preguntarnos: ¿dónde está tu victoria, oh muerte?

En el cristianismo primitivo surgió la idea de que, después de un juicio final, los malos serían condenados a un infierno de fuego llamado gehenna, palabra griega derivaba de la hebrea Gehinnon y que hacía referencia al desolador Valle de Hinnom, al sur de Jerusalén, donde la basura ardía sin cesar y donde en el pasado se habían ofrecido sacrificios humanos a dioses cananeos.

A esa idea, la fantasía fue agregando otros elementos, como el fuego y la desolación de Sodoma y Gomorra (Gén 19,24).

Algunos evangelistas ponen en boca de Jesús imágenes expresivas de otros libros del Antiguo Testamento, como: allí habrá "llanto y crujir de dientes" (Mt 13,42), "el gusano no muere y el fuego no se apaga" (Mc 9,43). Se trata de imágenes y metáforas que no significan precisamente lo que dicen. Si Jesús las pronunció, las acepta porque eran conocidas de todos. Otras expresiones que se atribuyen a Jesús (Mt 25,30 y 41), es probable que pertenezcan más a Mateo que a Jesús.

Hoy día todavía algunos cristianos piensan que el infierno es un lugar de tormento, mientras que otros creen que es un estado de separación de Dios. En l999 el mismo papa Juan Pablo II declaró en una audiencia que la Biblia usaba un "lenguaje simbólico" y que el infierno, en vez de un lugar, consiste en un estado de separación de Dios, escogido libremente.

La verdad es que tanto de ésta como de otras realidades de ultratumba no tenemos ni ciencia ni evidencia. Sólo podemos hablar de conjeturas. Y cada día cunde más la idea de que si existe Dios, un Dios que ha creado la inmensidad de un universo maravilloso, digo, si existe ese Dios, ¿cómo va a permitir que lo mejor de su creación –los seres humanos- vayan a sufrir durante toda una eternidad? Por otra parte, ¿cómo un ser humano puede rechazar a Dios, conscientemente? Eso es algo impensable.

Estamos tratando aquí de conceptos que superan la capacidad de la mente humana. Mas, el entendimiento creado puede comprender fácilmente que ese Dios, que Jesús nos ha mostrado en los evangelios, es más misericordioso que justiciero, y que su compasión no tiene límites.

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