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¿Instituyó Jesús el Bautismo?
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por Ray García


El bautismo de Nuestro Señor, Christopher Gosey (EEUU)

¿Cómo podemos decir que Jesús instituyó el bautismo si Juan el Bautista ya bautizaba y bautizó al mismo Jesús?

El bautismo es la puerta de entrada en la vida cristiana. La palabra "bautismo", de origen griego, significa "sumergir, lavar". Así, el bautismo es una inmersión o una ablución.

Al inicio de los Evangelios aparece un personaje extraño, llamado Juan, vestido con piel de camello y alimentado con saltamontes y piel silvestre. Ejercía su ministerio bautizando y predicando el arrepentimiento de los pecados. Acudían a él todas las gentes de Judea y de Jerusalén.

¿Qué impulsó a Juan a ejercer este ministerio? ¿Cómo surge la práctica del bautismo si en el Antiguo Testamento no hay un rito correspondiente a éste? A ciencia cierta nadie lo sabe. Se supone que surgió en los primeros años de nuestra era, ya que los rabinos, tras un período de intensa instrucción, bautizaban a los prosélitos, paganos de origen que se agregaban al pueblo judío. En ese rito se purificaban de las impurezas del mundo pagano y participaban de la historia judía: salida de la esclavitud, paso del mar Rojo, y entrada en la tierra prometida. Algunos consideraban este bautismo tan necesario como la circuncisión.

El simbolismo del agua como símbolo purificador ha sido una constante en todas las religiones. En el Antiguo Testamento aparecen varios acontecimientos que en el futuro serán vistos como prefiguraciones del bautismo: por ejemplo, el diluvio, el paso del mar Rojo. En otros casos se establecen leyes de abluciones rituales que purifican y capacitan para el culto. El israelita se consideraba impuro si tocaba un cadáver, o tenía la menstruación o el descargo seminal. Las abluciones rituales eran necesarias. Más tarde, los profetas anuncian una efusión de agua purificadora del pecado. El profeta Ezequiel culmina este proceso purificador ascendente con la efusión del Espíritu de Dios (Ez 36,24-28).

Según Josefo los baños rituales eran comunes entre los esenios, así como en las comunidades de Damasco y de Qumrán. Los monjes de Qumrán vivían en torno a una gran piscina en la cual se bañaban con frecuencia buscando pureza ritual.

El bautismo de Juan es un bautismo único; conferido en el desierto con miras al arrepentimiento, comporta la confesión de los pecados y un esfuerzo de conversión definitiva. Juan anunciaba que los judíos habían desobedecido las leyes de Dios de tal manera que habían dejado de ser judíos; con el bautismo se regeneraban. Sin embargo, era sólo un bautismo de agua, preparatorio para el bautismo mesiánico en el Espíritu Santo y en el fuego (Mt 3,11).

Jesús acude a ser bautizado por Juan. De esa manera se somete a la voluntad del Padre (Mt 3,14), se sitúa humildemente entre los pecadores, es el cordero de Dios que se ofrece por amor a una muerte redentora. En el bautismo de Jesús se cumplen las promesas proféticas del pasado, y la reciente del Bautista. Jesús viene a bautizar con el Espíritu. A través de Jesús se revelará el Espíritu de Dios. Jesús trae el reino de Dios.

La Iglesia primitiva entendió el bautismo como una participación en la muerte y resurrección de Jesús. Mediante el bautismo morían al pecado, se convertían en otros "Cristos" y entraban en la comunidad de los creyentes, iniciando una vida nueva, fortalecida por el Espíritu que Dios había prometido (Rom 6, 1-14).

El bautismo de Jesús es uno de los pocos acontecimientos atestiguado por los cuatro evangelios. La práctica del bautismo se menciona, de una u otra manera en la mayoría de los libros del Nuevo Testamento.

Jesús da una dimensión más profunda a una práctica ritual. En el nuevo rito todo se orientará a una realidad espiritual, "lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu", dirá Jesús a Nicodemo (Jn 3,6). De ahí que todos los bautizados en el Espíritu, y con agua, según la fórmula trinitaria, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, quedemos asociados a un nuevo cuerpo parte visible -aquí en la tierra- y parte invisible, ya gozando en la otra vida. Todos formamos parte del gran Reino de Dios.

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