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¿Qué nos dice la Biblia sobre el diezmo, y cuál es la enseñanza de Jesús?
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por Ray García

"Diezmo" es la décima parte de la ganancia anual, puesta al servicio de la religión. Los pueblos primitivos ofrecían a los dioses una décima parte del ganado, de algunos frutos, y también del botín de guerra. Documentos mesopotámicos y babilónicos corroboran dicha costumbre como un medio de apoyar el culto en el santuario, y también como un impuesto, exigido por el rey y distribuido entres sus oficiales.

En la Biblia se encuentran estos conceptos; sin embargo, es difícil tener una noción clara del diezmo ya que los relatos bíblicos provienen de narraciones y tradiciones contradictorias.

En el Antiguo Testamento el diezmo cubre ideas básicas de propiciación y acción de gracias a la divinidad, promoción del culto apoyando a los levitas y ayuda al necesitado: a la viuda, al huérfano y al forastero.

El patriarca Abrahán ofrece al sacerdote Melquisedec el diezmo de todo el botín de guerra, al paso que Jacob, después de la visión de la escalera, promete dar el diezmo de todas sus ganancias.

El profeta Samuel advierte al pueblo del riesgo de nombrar a un rey que les exigirá un diezmo para pagar a sus oficiales y siervos.

Con frecuencia el pueblo rehusaba ofrendar el diezmo, obligando a los sacerdotes a ganarse la vida de otra manera y cesando así en su dedicación al templo; tal deficiencia enfureció al profeta Malaquías, que acusó al pueblo de estafador.

Dadas las discrepancias entre los libros Levítico, Números y Deuteronomio, el judaísmo posterior determinó establecer dos clases de diezmo: uno para el culto y otro para los necesitados. Pueden consultarse estas citas: Levítico 27,30-33; Números 18, 21-32; Deuteronomio 14, 22-29; Nehemías 10, 37-38; Malaquías 3, 8-10; Génesis 14, 20 y 28,22; 1 Samuel 8, 15,27.

Sin embargo, permanece en el pueblo la conciencia de apoyar, de alguna manera, el culto a la divinidad.

He aquí una breve fundamentación teológica que corrobora este sentimiento. En el Éxodo, Dios envía a Moisés a los israelitas para transmitirles un mandato simple: "Toda la tierra es mía". El salmo 24 empieza diciendo: "Del Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan". En el primer libro de las Crónicas, el rey David pronuncia una bellísima oración reconociendo a Dios como dueño de todo lo creado y admitiendo que somos sólo forasteros y huéspedes en este mundo y no dueños permanentes. Por eso san Pablo puede preguntar a los de Corinto: "¿Qué tenéis que no lo hayáis recibido? Y, si lo habéis recibido, ¿a qué gloriaros cual si no lo hubierais recibido?" (1Cor 4,7). Y todavía más radicalmente le indica a Timoteo: "Nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él" (1 Tim 6,7).

Nada nos impresiona tanto en la vida de Jesús como su total desprendimiento de todo lo pasajero de esta vida. Jesús nos recuerda constantemente la fugacidad de esta vida y la necesidad de abandonarnos a la providencia divina (Mt 6,25-33). No condenó el dinero ni lo glorificó, mas sí amonestó a sus discípulos a que no colocaran su corazón en tesoros humanos (Mt 8,21). Al joven rico, deseoso de profundizar más en la vida de Dios, Jesús le recomienda vender todo lo que posee para ser libre. La libertad divina.


Dad al César lo que es del César. Grabado anónimo de un libro de Caspar Luiken (1712)

Jesús no enseñó nada específico relativo a ofrendar. No condenó el diezmo ni lo exigió. Mas sí recomendó la necesidad de ofrendar cuando respondió a los fariseos: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22, 21) y en esta obligación de dar queda incluido el aspecto caritativo de dar de comer al hambriento y de beber al sediento (Mt 25, 35).

San Pablo recomienda a los de Corinto (2 Cor 8,2-9) a que imiten el ejemplo de los macedonios, quienes siendo en extremo pobres demostraron una generosidad desbordante, porque primero se habían entregado al Señor. Pablo recomienda a los de Corinto recolectar con regularidad, cada primer día de la semana, y cada uno debe dar en proporción a lo que haya ganado (1 Cor 16, 2), por que "a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho" (Lc 12,48). Incluso deben dar con sacrificio, como los de Macedonia, que dieron más de lo que sus posibilidades les permitían (2 Cor 8,3). Jesús alabó a la pobre viuda que depositó en el arca del tesoro dos moneditas de lo que necesitaba para vivir (Lc 21,4).

Según la doctrina expuesta podemos formular el siguiente principio: Todo cristiano debe ofrendar, regular y libremente, con alegría y sacrificio, en proporción a sus ganancias; motivado por su consagración al Señor y a imitación de Jesucristo, que se hizo pobre por nosotros con un sacrificio amoroso.

(Este artículo es un resumen de la doctrina contenida en el librito: Reflexiones sobre el diezmo y la mayordomía, de Isaías Rodríguez, publicado por Forward Movement Publications).


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