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El matrimonio en la Biblia
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por Ray García


Las bodas de Caná, Juan de Flandes
(a.1465-d.1519)
¿Instituyó Jesús el sacramento del matrimonio?

Evidentemente, Jesús nunca usó la palabra sacramento. Este término es fruto de una reflexión teológica posterior. Así, podríamos preguntarnos ¿qué actitud adoptó Jesús con relación al matrimonio?

Probablemente Jesús siguiera las costumbres judías de aquel tiempo, según las cuales, la ceremonia matrimonial no implicaba un acto religioso específico, sino unas promesas, un contrato escrito, y finalmente la bendición de la copa de vino. El Evangelio de Juan nos cuenta que Jesús y sus discípulos asistieron a una boda en Caná de Galilea. Debía de tratarse de amigos de Jesús, porque María, la madre de Jesús, ya estaba en la casa cuando llegaron Jesús y sus discípulos. Tal vez asistió más gente de la invitada, porque en medio de la fiesta se les acabó el vino. Un bochorno para una familia en la cultura mediterránea. Sin embargo, María, con tacto de mujer, se da cuenta del problema y le pide a su hijo que haga algo. Después de resistirse un tanto, Jesús, obra el milagro de convertir seis tinajas de agua en vino. Y resultó ser el mejor vino (Jn 2,1-11). La tradición eclesial ha visto en este pasaje la posibilidad de que Jesús instituyera el matrimonio como sacramento. Ciertamente, con su presencia Jesús honró la institución matrimonial.

Los teólogos se encontraron con la dificultad de que el matrimonio, al parecer, fue instituido por Dios siglos antes de que Jesús viniera a visitarnos. Los testimonios aparecen en el libro del Génesis: "Dios creó al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó" (Gn 1,27). Y "por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gn 2,24). Comoquiera que sea, sin duda alguna Jesús acentuó la enseñanza genesíaca y la fortaleció (Mt 19, 1-9).

San Pablo en la carta a los Efesios reflexiona sobre la moral matrimonial. Algunos ven en este pasaje una actitud peyorativa de Pablo hacia la mujer. Leyendo atentamente su enseñanza no hay tal, pues afirma: "Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo" (Ef 5,21). Las mujeres deben estar sumisas a los maridos como la Iglesia lo está a Cristo, y los maridos deben someterse a sus mujeres como Cristo se sometió a la Iglesia hasta el sufrimiento de muerte en la cruz. Y todo por amor. Y Pablo reflexiona: "Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y su Iglesia" (Ef 5,32).

Ni el Génesis, ni Jesús, ni Pablo, vieron el matrimonio como una carga, sino como un don misterioso divino, en el cual dos seres humanos -macho y hembra- se unen en corazón, cuerpo y mente, para gozo mutuo, para ayuda y consuelo -tanto en la adversidad como en la prosperidad- y para la procreación de los hijos, si es la voluntad de Dios.

En el pasado la institución matrimonial se consideró algo difícil de sobrellevar, ya que se mantenía que el fin primario de la misma era la procreación. Hoy, con una perspectiva más amplia del toda la enseñanza bíblica (Gn.1,31) y teológica, se ha concluido que matrimonio debe ser una institución de gozo, amor y gracia divinas. En este sentido, la presencia de Jesús en la boda de Caná no hizo más que afirmar el aspecto positivo y bello del matrimonio al poner a todos contentos con la abundancia de vino.

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