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La mujer en la Biblia
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Por Gonzalo Rendón

Para nadie es novedoso que desde hace algún tiempo la mujer viene intentando rescatar su imagen y su papel en la sociedad y en el mundo. Movimientos feministas se multiplican por doquier, algunos con enfoques muy claros y definidos, otros no tanto; pero siempre, con un objetivo final: reivindicar su papel y su lugar en la sociedad.

Aquellos movimientos feministas que intentan darle a su lucha una espiritualidad fundamentada en la Biblia, por desgracia se tienen que conformar con muy poco. Es un hecho que una mirada rápida a las Escrituras no arroja muchas bases para sustentar una posible lucha de género.

Sin embargo, como cristianas y cristianos, la fuente primaria de nuestra espiritualidad y el fundamento principal de nuestra fe, tiene que seguir siendo la Biblia; por tanto, es desde allí de donde tendremos que tomar los elementos que ayuden a configurar una nueva conciencia de género, y nos abra los horizontes necesarios para la creación del modelo nuevo de sociedad que nos plantea el Evangelio de Jesús de Nazaret.

Pero antes que nada, es necesario tener presentes algunos criterios de acercamiento a la Biblia para que luego no nos desanimemos y la releguemos demasiado pronto:

Primer criterio: la Biblia es un conjunto de libros escritos todos desde una óptica patriarcal. Esto quiere decir que en ella está reflejado el pensamiento y el comportamiento cultural de la sociedad en la cual y para la cual se fue escribiendo.

Segundo criterio: ni para el caso de la necesaria reivindicación de la figura femenina, ni para ningún otro caso particular, la Biblia tiene una "receta" precisa, una fórmula o una doctrina "químicamente" pura.

Tercer criterio: como depósito de la Revelación que es la Biblia, nuestro acercamiento a ella no puede ser fragmentario; hay que asumirla de manera global.

Y cuarto criterio: como quiera que la Biblia no fue "dictada" de forma directa por el Espíritu Santo (como se creyó algún tiempo y como algunos todavía creen), es necesario tener siempre en cuenta que, aun manteniendo el calificativo de 'Palabra de Dios', es también palabra humana y que eso tiene como consecuencia inmediata que en ella están mezclados el modo de pensar y de actuar humanos -por lo general mezquino y egoísta- con el modo de pensar divino, siempre justo, misericordioso, incluyente…

Como ya se dijo, no hay que abandonar, pues, demasiado pronto la Biblia por el hecho de que en ella no encontremos con toda claridad el fundamento o la sustentación precisa para darle forma y sentido, en este caso, a la justa lucha por la igualdad de género; pero tampoco es conveniente quedarse con los mismos y escasos pasajes o casos en los que se ve la voluntad divina de que en su plan salvífico no haya distinción alguna entre el hombre y la mujer.

Si tenemos en cuenta y, además, bien claros los criterios ya enunciados, y otros que aun puedan surgir, es perfectamente lícito llegar a concluir que todo el depósito de la Revelación que es la Biblia, justifica y legitima todo lo que hagamos en orden a establecer unas relaciones justas entre nosotras, nosotros y el resto de la creación. Pero eso sí, tenemos que mantener muy claro y definido el enfoque hermenéutico con el cual nos acercamos a la Biblia.

El enfoque hermenéutico no es otra cosa que el punto de vista, el ángulo desde el cual yo me ubico para interpretar, comprender y asimilar el contenido profundo de la Palabra de Dios. En este sentido hay infinidad de enfoques o de ángulos de visión. Así, por ejemplo, yo puedo enfocar la Biblia desde mi realidad como obrero, como campesino, como indígena, como mujer, como afroamericano, como joven, como niño, como anciano, como víctima de cualquier tipo de violencia o de injusticia; en fin, desde cualquier angulatura; pero siempre con la conciencia de ser un sujeto oprimido y, además, con la necesaria claridad de que en la sociedad hay una infinita variedad de sujetos que padecen de distintos tipos de opresión.

En los últimos años, este panorama nos ha hecho caer en la cuenta de que en el plan de Dios no hay absolutamente nada que justifique la injusticia ni la opresión bajo ninguna de sus formas, ateniéndonos al hecho de que Él, como Dios justo y sabio, es el primero que se ha lanzado a combatir "con brazo poderoso" a los opresores de este mundo.

Surge entonces así, la necesidad de una hermenéutica bíblica global, pero no para arropar sin más, o simplemente disolver las justas aspiraciones de los diversos y particulares sujetos oprimidos; todo lo contrario, para que encontrando una clave global de interpretación, cada una de las hermenéuticas o enfoques específicos (mujer, indígena, afro, campesino…) encuentren en ella el espacio común y, sobre todo, para lograr que cada sujeto específico, sin perder de vista su propio enfoque, encuentre en esta plataforma común, la vía más precisa de poner en práctica la fraternidad y la solidaridad con los demás sujetos que también buscan alternativas de liberación desde el diseño salvífico de Dios contenido en la Escritura.

De este modo, cada sujeto no ve como única ni absoluta su particular experiencia de opresión, sino la ve como otra forma más de opresión que hay que combatir como hay que combatir a todas las demás. Es decir, en el caso concreto de la lucha por la igualdad de género, se quedaría muy corta si dentro de sus líneas de acción no incluye el respaldo y el apoyo a las acciones de otros sujetos: campesinos, obreros, áfros, emigrantes…

En definitiva, entonces, la lucha por la igualdad de género es legítima y es necesario implementarla cada día más, puesto que encaja perfectamente en el plan de Dios donde "no hay acepción de personas" (cf. Hch 10:34); pero con una condición, no nos quedemos sólo con Gn 1,27 ni con el libro de Rut ni con aquellos pasajes donde sobresale alguna figura femenina (Débora, Ester, Ana, María…) descalificando sin más el resto de escritos bíblicos. Toda la Biblia, aún en los pasajes más oscuros y difíciles, incluso aquellos donde aparentemente Dios "aprueba" o por lo menos guarda silencio ante el patriarcalismo (hoy machismo) tan radical, es argumento válido para sustentar la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer; pero sin olvidar los demás modos de opresión que también son contrarios a la voluntad divina que es la justicia.

Como puede verse, no hemos querido todavía meternos de lleno en el tema de "la mujer en la Biblia" sin antes hacer este planteamiento que busca sobre todo ajustar un poco la dispersión de criterios cuando se busca fundamentar en la Biblia cualquier iniciativa de índole liberadora. En otra oportunidad podríamos hacer un estudio más detallado sobre el tratamiento que tiene la mujer en la Biblia; por ahora, sería interesante que intentáramos reflexionar sobre estas preguntas:

¿Cómo tenemos que interpretar algunos pasajes bíblicos donde se ve claramente que hay violencia de género? Así, por ejemplo: Gn 21,9-19; 1Re 1:1-4; Jud …

Trata de encontrar otros pasajes donde se ve que hay violencia de género e intenta responder lo mismo: ¿cómo interpretar esos pasajes?

Hacer un sencillo estudio comparativo a dos columnas donde podamos ver algunas características de la violencia de género que encontramos en la Biblia con las características de la violencia de género que encontramos en nuestra realidad actual. Con base en esto preguntarnos: ¿cuál es el querer de Dios? ¿Qué iniciativas, qué acciones podemos emprender hoy para enfrentar y erradicar la violencia de género en nuestra sociedad?

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