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· 1- Introducción

· 2- El libro del Génesis

· 3- El libro del Éxodo

· 4- El libro del Levítico


· 5- El libro Los Números


· 6- El Deutoronomio


· 7- El Pentateuco

· 8- El Libro de Josué

· 9- Otra mirada a Josué
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO
por Gonzálo Rendón (Colombia)

10. Samuel 1 y 2


El libro de Samuel se llama así por uno de sus personajes decisivos, no porque sea él su autor. Está artificialmente divido en dos partes, que se suelen llamar primer libro y segundo libro, aunque en realidad constituyen la primera y segunda parte de una misma obra.

Temática del libro: esta obra funciona como una especie de gozne o bisagra entre dos épocas, la época de los Jueces y la época de la Monarquía en Israel. Recordemos que a la muerte de Moisés, el pueblo queda en manos de Josué quien lo acompaña en la travesía del río Jordán y en las campañas de conquista de la tierra de Canaán. Una vez conquistada la tierra, el pueblo se la distribuye y se organiza de manera tribal. Esta organización en tribus se debe entender como la mejor alternativa de organización social, política y religiosa en contraposición a la organización impuesta por las prácticas imperiales. Mientras que en el imperio egipcio, la organización social era vertical, jerárquica, sometida a la única voz del faraón, la organización israelita fue en principio circular, fraterna, igualitaria, y esa era la alternativa querida por Yahweh y así debió permanecer siempre.

No obstante, los proyectos humanos no siempre van en la misma vía que los proyectos divinos. El proyecto de la sociedad igualitaria empieza a decaer y a imponerse una nueva ideología: la de la monarquía. Por eso pues, el tema central del libro es el advenimiento de la monarquía bajo la guía de Samuel como juez y profeta. Samuel actúa como juez con residencia fija e itinerante. Aunque prolonga la serie de jueces precedentes como Débora, Gedeón, Jefté y Sansón, Samuel recibe una vocación nueva: ser mediador de la Palabra de Dios, ser un profeta. Al autor le interesa mucho el detalle y proyecta esa vocación a la adolescencia de su personaje. En virtud de dicha vocación, el muchacho se enfrenta con el sacerdote del santuario central; más tarde introduce un cambio radical: unge al primer rey, lo condena, unge al segundo, se retira, desaparece. Cuando muere, toman su relevo Gad y Natán.

Marco histórico: Con razonable probabilidad podemos situar los relatos en los siglos XI y X a.C. Hacia el año 1030 Saúl es ungido rey, David comenzaría su reinado en Hebrón hacia el 1010 y Salomón en el 971. Los grandes imperios de aquella época atraviesan momentos de cambios y crisis internas y durante este largo compás de silencio pueden actuar como solistas sobre el suelo de la actual Palestina dos pueblos relativamente recientes en dicho lugar: filisteos e israelitas.

No quiere decir lo anterior que el libro haya sido escrito en esa época; esta obra, como vimos en Deuteronomio, Josué y Jueces, forma parte de la lectura histórica que comienza a realizar un grupo de teólogos un poco después del 720 a.C., y que concluye más o menos hacia finales del siglo VI a.C. Este es el grupo que los estudiosos denominan "deuteronomistas", y su obra es llamada "historia deuteronomista".

Quién es Samuel: En su elogio de los antepasados, Ben Sirá -o Eclesiástico-, traza así el perfil de Samuel: "Amado del pueblo y favorito de su Creador, pedido desde el vientre materno, consagrado como profeta del Señor, Samuel, juez y sacerdote" (46,13). Sacerdote porque ofrecía sacrificios. Juez de tipo institucional, porque resuelve pleitos y casos, no empuña la espada ni el bastón de mando. Por esas cosas de la vida, Samuel es la encarnación del período de los Jueces, pero también representa la decadencia de ese período. La cuestión es que un Juez de Israel ejercía su función como algo transitorio, nadie permanece juez por toda su vida; su misión era acompañar al pueblo en sus combates y dirimir los casos más difíciles, pero luego volvía a sus propios quehaceres.

Con Samuel, comienza pues, a decaer la institución de los Jueces. Cuando su judicatura intenta convertirse en asunto familiar por medio de la sucesión de sus hijos, fracasa. Es muy significativa la justificación que hacen los que van hasta donde él a pedirle que les nombre un rey: "-Mira, tú ya eres viejo y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como es costumbre en todas las naciones" (1Sa 8:5). Pero, además, Samuel es visto también en la obra, como profeta por recibir y trasmitir la Palabra de Dios. Hechos 13:20s lo llama profeta; Hebreos 11:32 lo coloca en su lista entre los jueces y David.

Mensaje del libro: hay muchas enseñanzas hermosas en las páginas de 1 y 2 Samuel. Ya desde el comienzo, el relato del nacimiento del niño, nos va mostrando quién es el protagonista principal de la obra: Dios. En efecto, Ana la que será la madre de Samuel, es una mujer estéril y por tanto despreciada y condenada a vivir en la marginación. En ella, Dios actúa maravillosamente haciéndola fecunda; ella concibe y da a luz al que será Samuel que, como vimos, llega a ser Juez, Sacerdote y Profeta. Y así, podríamos continuar examinando otros pasajes llenos de vida y de alimento para nuestra fe; pero es bueno que ya cada uno tome el libro y lo vaya leyendo muy lentamente tratando de encontrar en cada pasaje alguna luz para su vida y para el aprovechamiento de su fe. Como ya lo hemos venido haciendo, se puede aprovechar también la lectura de los comentarios a cada pasaje del libro que nos trae la Biblia de nuestro pueblo, o si no se tiene esta Biblia, puede bajar dichos comentarios del enlace que se ofrece al final.

Pero, bueno, como clave general para poder ir entendiendo el mensaje de 1 y 2 Samuel, es importante tener siempre presente lo que dijimos al inicio: este libro funciona como bisagra o gozne entre la época de los Jueces y la época de la Monarquía. No nos dice el libro de manera explícita cuál de las dos épocas era la mejor; el autor o autores del libro dejan eso para que sea la misma historia la que se encargue de tal juicio. Y para contribuir a un juicio acertado, nos dejan lo que podríamos considerar el instrumento de análisis más precioso: el capítulo 8. En efecto, a la luz del cap. 8 es posible deducir mucho de lo que quizás los pensadores deuteronomistas quisieron decir a su generación y a las generaciones venideras.

Si miramos con detenimiento el capítulo citado, podemos descubrir que ahí hay una clave de interpretación de la historia, o sea que a partir de dicha clave se puede examinar el pasado y el futuro del pueblo. El pasado: el pueblo no podía olvidar que un día sus antepasados fueron esclavos al servicio de un sistema injusto y deshumanizante como lo era el imperio egipcio; debían tener siempre presente que de allí, Yahweh los liberó, optó por ese montón de esclavos y les dio una identidad. El pueblo olvidó esto y por eso se presentan ante Samuel para hacerle la petición que ya citamos; ver el versículo 5.

El futuro: a partir de la alianza hecha con Yahweh, el pueblo tenía que mantenerse firme en el proyecto de sociedad fraterna, libre e igualitaria. Si ellos descuidaban ese proyecto, automáticamente su destino se encaminaría de nuevo a la misma experiencia de Egipto. Eso es lo que a través de Samuel les advierte Yahweh. Leamos con mucho cuidado los versículos 6 al 22 para que veamos todo lo que le sucederá al pueblo si se deja convencer por los que quieren imponer la ideología de la monarquía. Y eso fue lo que le sucedió efectivamente al pueblo. Desafortunadamente tuvieron más fuerza los que se empeñaron en que se les nombrase un rey; y así, comienza ya en Samuel 9 en adelante la historia de la monarquía en Israel, que es como decir, la historia de su perdición.

A la luz de esa advertencia de Yahewh van a ser juzgados todos los reyes de Israel a la hora de determinar si fue un buen o un mal rey. Cuando leamos los dos libros de los Reyes, vamos a encontrar una frase que se repite con mucha frecuencia: fulano de tal: "hizo lo que desagradaba a Yahweh…" Pues bien, lo que "desagradaba a Yahweh", era precisamente eso que leemos en 1Sam 8:6-22.

Ahora sí, entonces, comencemos a leer estos dos libros como una sola obra. Como ya se ha recomendado en los libros anteriores, hagamos una lectura seguida, sin preocuparnos por el sentido o la interpretación; luego volvamos con más detenimiento y leamos cada pasaje; y para entenderlo un poco más, ayudémonos con las explicaciones que se ofrecen en los comentarios de la Biblia de nuestro pueblo que puede conseguir en este enlace:
http://www.4shared.com/document/Llr-0Chg/008_y_9__1-2_Samuel_Comentario.html

Muchas bendiciones y espero que este nuevo libro de la Biblia también aporte mucho para nuestro crecimiento.

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