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· 10- Samuel 1 y 2

· 11- Reyes 1 y 2
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO
por Gonzalo Rendón (Colombia)

12. Los Profetas de Israel


H
emos recorrido ya los dos primeros bloques literarios de la Sagrada Escritura: el Pentateuco y los Libros históricos. Según la mentalidad israelita, el Pentateuco es la base fundamental de su fe puesto que en esos cinco primeros libros denominados por ellos la Torá, está toda la enseñanza y todo lo que Dios tuvo a bien revelar. Lo demás son como ampliaciones y explicaciones de la Torá. Así piensa un cierto sector del judaísmo.

Para nosotros estos dos primeros conjuntos de libros tienen también mucha importancia. En primer lugar porque en ellos se revela Dios tal cual es: un Ser absolutamente libre y liberador, decidido por completo a jugársela toda a favor del pobre, del marginado, del excluido y desposeído. Y en segundo lugar porque de alguna manera, en esos libros podemos ver reflejada nuestra condición humana siempre tan actual: unas veces muy comprometidos con el plan de Dios, pero otras veces tan alejados y tan de espaldas a ese maravilloso deseo divino de hacernos sus compañeros e interlocutores en la tarea de creación y re-creación continua del mundo y del mismo ser humano.

Si ustedes, amables lectores, han tenido la oportunidad de ir leyendo cada una de las introducciones a los libros vistos hasta ahora y, además, han podido también confrontar la lectura de cada pasaje con los comentarios sugeridos, tomados de la Biblia de nuestro pueblo, se habrán podido dar cuenta de esa continua preocupación de Dios por lograr que sus hijos e hijas vuelvan siempre al camino, que retomen aquello que es garantía de vida y dejen a un lado lo que trae muerte y destrucción para el ser humano.

Hacia allá apunta casualmente el siguiente bloque literario que vamos a iniciar ahora. Se trata de los escritos proféticos o, simplemente, "los profetas", aquellos hombres que se empeñaron en lograr que el pueblo no perdiera su rumbo o que lo recuperara cuando lo había perdido. Antes de comenzar a ver cada una de esas figuras, es bueno que tengamos claras ciertas ideas en torno al profetismo y a los mismos profetas.

Primero: el profetismo no es un fenómeno exclusivo de Israel. Otros pueblos y culturas de la región contaban ya con profetas mucho antes de que surgieran en Israel. Pero, ¿saben para qué servían? Para ¡endulzarle los oídos al rey!; para decirle cosas siempre positivas; o sea, para mantenerlo contento. Es que eran empleados de la corte y, a ese paso, ¿cómo podían cuestionar o contradecir a quien les pagaba un sueldo?

Segundo: aunque al inicio del profetismo en Israel hubo algunos profetas cercanos al rey, como es el caso de Samuel -cuando hacía el papel de profeta-, y de Natán, muy pronto se empezó a perfilar una característica única de los profetas de Israel: su independencia del poder. Eso sí es exclusivo en Israel: los profetas no son asalariados del rey, por tanto, no tienen que andar diciéndole cosas bonitas al monarca; son independientes del poder. Leamos 1Re 22:1-18 donde puede verse la rabia que el rey le tiene al profeta Miqueas porque ¡no le dice cosas buenas!

Tercero: el profetismo surgió en Israel precisamente cuando surgió la monarquía. Parece que mientras no hubo reyes, el pueblo no necesitó profetas como los que conocemos: Isaías, Jeremías...etc. Esto nos tiene que hacer caer en cuenta de algo: si bien la monarquía fue el triunfo de una ideología apoyada por una minoría que tenía poder económico y político, los profetas representaron por un lado la voz de Dios y por el otro la voz del pueblo silenciada por el poder de dominio de los reyes y su corte.

Cuarto: por lo que vamos viendo, podemos definir al profeta como un personaje totalmente independiente del poder; comprometido completamente con la causa de los empobrecidos y marginados y, por encima de todo, un hombre que sabe leer el presente a luz del pasado y que es capaz de prever el futuro, siempre en clave de lo que él considera la justicia divina.

Quinto: tanto el mensaje profético como la figura misma del profeta recobran cada vez más valor y sentido para nosotros creyentes del siglo XXI que enfrentamos también abusos de poder, opresión, exclusión y, en fin, tantos tipos de injusticia. Sin embargo, las circunstancias actuales no requieren tanto la figura individual del profeta, sino más bien, el profetismo colectivo; ese que se vive desde lo comunitario, a través de pequeñas organizaciones por medio de acciones que son impulsadas casi siempre por la gente más sencilla y más desposeída. Una sociedad marcada por el egoísmo, el ansia de poder, el tener sobre el ser, etc., tiene que sentirse cuestionada por las actitudes de acogida, amor, respeto a la dignidad humana, generosidad y tantos otros valores que son cultivados en las pequeñas comunidades; eso se llama profetismo comunitario, que no es otra cosa que el cultivo de los valores del Evangelio en los grupos o pequeñas comunidades.

Con estos presupuestos, vamos a comenzar a dar una mirada a cada profeta. No lo haremos en el mismo orden que nos presenta la Biblia; más bien nos fijaremos en el orden en que fueron apareciendo en la historia de Israel, así será más fácil entender su mensaje puesto que podremos ubicarlos exactamente en su propio contexto histórico, en la época que les tocó vivir, en la realidad que tuvieron que enfrentar, los abusos que denunciaron y el mensaje que anunciaron.

Para que entendamos mejor la secuencia que vamos a seguir, agruparemos a los profetas así:

* Los que existieron antes de la destrucción de Jerusalén y el exilio (año 587 a.C.): Amós, Oseas, Miqueas, Isaías I, Sofonías y Nahúm.

* Los que vivieron en la misma época de la destrucción y el exilio: Jeremías, Ezequiel, Daniel, Habacuc y Abdías, Isaías II y III.

* Los que existieron después del destierro y por tanto tuvieron algo que ver con la reconstrucción de Jerusalén: Ageo, Zacarías, Joel y Malaquías.

Con un corazón bien dispuesto y con fe sincera, pidamos al Dios de la vida que nos ayude y nos guíe en este estudio de los profetas. Que el mensaje que ellos anunciaron toque hoy también nuestro corazón y que sintamos la misma fuerza que los impulsó a ellos a denunciar y anunciar, a derribar y a construir, a arrancar y a plantar. Y sobre todo, que este conocimiento nos ayude a ser mejores cada día, más libres y más comprometidos con los más cercanos a nosotros y con nuestra comunidad.

Hasta pronto.

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