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por Gonzalo Rendón (Colombia)

13. Profetas: Amós


R
etomemos el hilo de los "profetas de Israel". En el comentario introductorio a este bloque literario que hacíamos tiempo atrás, dejamos dicho que cuando comenzáramos a estudiar profeta por profeta, no lo haríamos por el orden en que aparecen en el índice de nuestra Biblia, sino más bien por el orden histórico en que estos personajes aparecieron en Israel.

De acuerdo con lo anterior, el primer profeta que vamos a tratar de conocer un poco es Amós. Si ustedes se fijan bien, Amós aparece en sexto lugar en el índice de nuestra Biblia, sin embargo, aquí lo abordaremos en primer lugar dado que cronológicamente, es el primero de los profetas. Pero, atención. En sentido estricto, Amós no es efectivamente el "primer" profeta de Israel; antes de él tenemos que recordar a otros que tuvieron el mismo título: Natán, por ejemplo, en la época de Samuel; Elías, su discípulo Eliseo, etc., en la época de la monarquía.

¿Cuál es el criterio para saber cuándo arranca propiamente el llamado período profético en Israel y cuáles son los profetas de este período? La clave está en la aparición por escrito de los materiales proféticos; es decir, cuando los dichos y enseñanzas de algún profeta comenzaron a consignarse por escrito, no necesariamente por el mismo profeta, sino por alguno de sus discípulos. Esta modalidad comienza propiamente con Amós, Oseas, Miqueas…etc.; por eso tenemos, entonces todo un bloque literario que ya sabemos, se denomina "los profetas". Al parecer, cuando los judíos organizaron la lista de libros de la Biblia (o sea, el Canon), se fijaron tal vez en el volumen de cada escrito, o en el renombre del profeta, no sabemos exactamente; por eso quedó de primero Isaías, después Jeremías, Ezequiel… y así, comenzando por los escritos más extensos y siguiendo con los más pequeños; quizás debido a eso, se habla de "profetas mayores" y "profetas menores". No hay pues, un orden estrictamente cronológico. Ya dijimos que nosotros sí nos vamos a fijar en el orden cronológico porque eso nos ayuda a ubicar mucho más cómodamente al personaje y su mensaje en su justo contexto y así podremos entenderlo mucho mejor.

Antecedentes del ministerio profético de Amos

Para ubicar mejor al profeta y entender un poco más claramente su mensaje, es importante tener en cuenta varias cosas. En primer lugar, recordar que el profeta en Israel adquiere un perfil muy especial: es ante todo un hombre independiente de poder; es decir, no tiene ninguna intención de defender los intereses del rey; en segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, es alguien que se identifica totalmente con la realidad y los intereses de los pobres y oprimidos por el rey o la monarquía y, en tercer lugar, es un hombre de Yahweh; esto significa que conoce el proyecto de justicia propio de Dios y no tiene miedo en defender ese proyecto aunque su ministerio roce frontalmente con el proyecto del sistema vigente. Podemos decir, entonces, que Amós se enmarca perfectamente en este perfil; y podemos agregar algo más: el profeta es la conciencia crítica del sistema monárquico por ser la monarquía una realidad que no encaja en el plan de Dios.

El lugar del ministerio de Amós

Para la época en que Amós desarrolla su ministerio profético, es importante recordar que ya Israel se encontraba dividido en dos reinos: el reino del Norte con capital Samaría, y el reino de Judá, con capital Jerusalén. De hecho, Amós es originario del reino del Sur pues nació en un pequeño pueblo al sur de Belén; su sustento lo derivaba del negocio con el ganado; pero al parecer era un hombre bastante instruido en la Ley de Moisés y conocía bien la historia de su pueblo y, además, tenía un buen conocimiento de la realidad tanto nacional como internacional de su época, probablemente le gustaba viajar. Pues bien, por esas cosas de la vida, Amós no va a desempeñar su ministerio en el Sur, sino en el Norte.

Quizás en el marco de alguno de sus frecuentes viajes por la región del norte, Amós se siente impulsado a comenzar un ciclo de predicaciones contra el sistema vigente en aquel reino. Para la época del profeta, reinaba en el norte Jeroboán II quien gobernó del 782 al 753 a.C., y la realidad socio-política y económica del momento era muy próspera: el comercio internacional estaba en todo su apogeo, y otro tanto se puede decir del comercio interno; en pocas palabras, el reino del norte pasaba por un excelente momento económico y por una buenas relaciones internacionales.




Entonces, ¿qué es lo que motiva la predicación de Amós?


Como ya dijimos, el profetismo en Israel tiene como telón de fondo dos cosas: la institución monárquica que a todas luces es contraria al querer de Dios y, por otro lado, lo que esa institución atrae para el pueblo: hambre, miseria, opresión, descuido por lo más débiles: los enfermos, las viudas, los huérfanos… Contradictoriamente, el bienestar económico, la bonanza comercial, el aumento constante de la actividad constructora en el reino del Norte, no beneficia a toda la población. Como sucede en la mayoría de las sociedades, ese bienestar y esa bonanza económica se concentran en poquísimas manos, quedando una franja muy grande del pueblo con las manos vacías, a merced de los consumistas, obligados a endeudarse para sobrevivir. Esa es, entonces, una primera realidad que hiere la sensibilidad del profeta. Mucho lujo, mucho despilfarro, muchas construcciones, pero sólo para la familia real y su corte, los demás, viven en la miseria.

El segundo motivo por el cual, Amós, alza su voz contra el sistema vigente en el reino del norte, es el culto. Prácticamente Yahweh ha sido reducido a un ídolo más; no hay en absoluto ninguna coherencia entre el culto dado a Yahweh y la atención a los preferidos del Señor: los oprimidos, los ignorados de siempre. En este culto, que choca contra el querer de Yahewh, se han mezclado los intereses políticos de la clase dirigente con la institución religiosa. Prácticamente el culto, pagado por la clase real y por los ricos y realizado por los sacerdotes, es una manera de decirle al pueblo que Dios sólo estaba del lado de los poderosos.

En esta situación, el profeta, reclama una auténtica justicia, recalca la necesidad de volver al plan original de Yahweh que se centra específicamente en la atención a los débiles. Su predicación denuncia esa falsedad del culto y reclama un auténtico servicio religioso. A este respecto, vale la pena que miremos con especial atención el diálogo entre el profeta Amós y el sacerdote Amasías en el centro cultual de Betel donde podemos ver con toda claridad cuál es el enfoque del profeta y cuál el del sacerdote y donde podremos concluir con toda tranquilidad que profetismo y religión no necesariamente van de la mano. La religión en muchos casos, como allá en el reino del norte, puede caer en la tentación de dejarse manipular por el poder político; el profetismo (el verdadero), en cambio, mantiene su distancia del poder. Si un profeta llegase a "simpatizar" con las políticas del poder establecido, ya habría que catalogarlo como falso profeta. Recomendable, pues, centrar la atención en el encuentro de estos dos hombres y luego leer el comentario que se ofrece para este pasaje.

Géneros literarios en la profecía de Amós

Como estamos iniciando el estudio de los profetas, es importante tener en cuenta la manera cómo ellos se expresaban. Amós, por ejemplo, utiliza un género literario con el cual vamos a familiarizarnos: el oráculo. Este género es una especie de llamado de atención que hace el profeta en nombre de Dios. Ustedes van a ver en el libro de Amós algunos oráculos, unos van contra naciones vecinas, pero también los hay contra el mismo Israel. El llamado de atención u oráculo hace ver cuáles son las faltas del pueblo y cuáles serán las consecuencias. Es muy frecuente encontrar al final del oráculo la recomendación a la conversión para obtener el perdón divino.

También vale la pena resaltar aquí otro medio que utiliza Amós en su predicación: la visión. No nos interesa saber si efectivamente él tuvo esas visiones que describe; lo que importa es entender el mensaje que cada una de ellas contiene para tratar de releerlas a luz de nuestro contexto actual.

Recomiendo leer el libro de Amós de corrido, sin detenerse a tratar de entenderlo de entrada. Después, se vuelve a iniciar la lectura con la ayuda de los comentarios a cada pasaje que también ofrecemos aquí. Esta metodología se puede realizar tanto individualmente como en grupos. Lo importante es que lo hagamos y que tratemos siempre de analizar el mensaje confrontándolo con la realidad que vivimos hoy. En este enlace pueden descargar los comentarios a cada pasaje: http://www.4shared.com/document/6xZJ4xm0/Ams_Comentario_a_cada_pasaje.html

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