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por Gonzalo Rendón (Colombia)

14. El Profeta Oseas


D
e acuerdo con lo que planteamos al inicio de la reflexión sobre cada uno de los profetas, vamos a continuar con Oseas; no es exactamente el que sigue en la lista de nuestras Biblias, pero cronológicamente sí es el siguiente de los profetas de Israel; recordemos que este recorrido lo estamos haciendo según la aparición cronológica de cada uno de ellos.

Quién es Oseas: Exactamente su origen y procedencia nos son desconocidos; el único dato que por ahora resulta claro es que vivió en el siglo VIII a.C., conclusión a la que se puede llegar por los personajes que él mismo menciona al inicio del libro. Hay quienes se atreven a pensar que Oseas vivió entre el 755 y el 725 a.C.

Lugar de su ministerio: Oseas desempeña su ministerio profético en el Reino del Norte, posiblemente en los santuarios de Betel y Guilgal. Recordemos que a pesar de que Samaria era la capital del Reino del Norte, el culto no estuvo centralizado en la capital; había santuarios locales como sucedió en el Reino del Sur hasta la reforma religiosa de Josías en el 620 a.C., la cual incluyó la centralización del culto en Jerusalén; esta situación no es idéntica en el Norte.

Ambiente socio-histórico y religioso del profeta: Recordemos que estamos en el siglo VIII a.C., época en la cual el Reino del Norte atraviesa un período de prosperidad económica, de abundancia y bienestar. Pero desafortunadamente, la abundancia y la prosperidad no cobijan casi nunca a todos los miembros de la sociedad. Como ocurre también hoy, este es un privilegio que viven sólo unos cuantos; los demás, que somos la mayoría, tenemos que conformarnos con ver desde lejos el lujo, la ostentación y el despilfarro de los privilegiados de siempre. En una palabra, a pesar del bienestar económico, el profeta Oseas es testigo de las injusticias, los atropellos y las grandes privaciones de lo necesario para vivir que tiene que soportar una gran parte de la población. Por esta parte, el profeta ya tiene entonces un primer motivo para su predicación: la injusticia social.

Si damos una mirada al contexto o ambiente religioso, la situación no es mejor. El ambiente religioso que se respira es de absoluta infidelidad a Yahweh; no perdamos de vista que el Reino del Norte está compuesto por la mayoría de las tribus de Israel, en total diez; eso indica que prácticamente todo el pueblo ha dado la espalda a Yahweh, a aquel que los liberó del poder de Egipto y los llevó hasta la tierra prometida.

El telón de fondo de esta situación es la siguiente: los israelitas se están convirtiendo en prósperos agricultores y no pueden entender que en esta actividad económica Yahweh pueda seguir siendo su compañero, su protector, su Dios. Ellos tenían conciencia de que Yahweh era un Dios liberador y protector en los tiempos en que anduvieron errantes por el desierto; ahora no les cabe en la cabeza que ese mismo Dios pudiera auxiliarlos con las lluvias, con el buen tiempo, con la fertilidad de las tierras, la fecundidad del ganado, en fin, con todo lo que necesitaban para prosperar como agricultores; para esto estaba Baal, antiguo Dios cananeo a quien se le atribuían todos estos poderes y a quien comenzaron a adorar también los israelitas a través de los cultos de la fertilidad comunes en la región, los cuales tenían como expresión fundamental la prostitución cultual o prostitución sagrada, a través de la cual se esperaba obtener la anhelada fecundidad tanto del campo como del ganado. El otro motivo de la predicación de Oseas es, por tanto, la prostitución del pueblo: se ha ido detrás de otros dioses olvidándose de su verdadero Dios.

Reseñemos un tercer elemento que está presente en la predicación de Oseas. Se trata de una coyuntura política que de una manera u otra influye también en lo religioso. Los asirios amenazaban con la invasión y la destrucción de los pequeños reinos vecinos; para salir al paso a esta amenaza, el Reino del Norte se alió con Damasco (capital de Siria) contra Asiria. El Reino del Sur no entró en la coalición. Lo que iba a ser una guerra contra Asiria acabó con una guerra fratricida: la siro-efraimita. El rey Acaz de Judá llamó en auxilio al rey asirio que infligió un duro castigo a los rebeldes arrebatándoles sus territorios; además, a estar alturas la otrora economía boyante del Nortes se ha venido empobreciendo; finalmente, el reino del Norte cae en manos de los asirios en el 722. Esta situación -la alianza del reino del Norte con Damasco- le sirve al profeta para enrostrar a los dirigentes del pueblo su infidelidad a la única Alianza que ellos debían mantener y a la cual exclusivamente debían obedecer, la Alianza hecha con Yahweh en el Sinaí.

Todo lo anterior lo resume el profeta de un modo magistral: no hay fidelidad, no hay amor al hermano, no hay conocimiento amoroso de Dios. Y es así; donde no hay amor ni fidelidad, no hay verdadero conocimiento de Dios.

Ejes centrales de la predicación de Oseas: Visto el contexto que le toca vivir al profeta, podremos tener un poco de luz para entender su predicación. Como hombre independiente del poder y como alguien que ve y vive la situación de injusticia y de alejamiento de Dios por parte de los dirigentes del pueblo, Oseas desempeña el perfecto papel del profeta: ser transmisor del mensaje de Dios. A lo largo del libro resuenan los reclamos, las acusaciones y las amenazas que el profeta pone en boca de Dios. Su misma situación personal; es decir, su experiencia de marido engañado y abandonado por su mujer, le sirve como signo o imagen para describir la manera cómo Israel/esposa ha abandonado a Yahweh/esposo. Pero veamos, grosso modo, algunos elementos que sobresalen en la predicación de Oseas:

* Por encima de las infidelidades de Israel está la fidelidad de Dios/amante que espera que Israel/amada, se arrepienta y vuelva al camino de la conversión y del amor y se comprometa a vivir en la fidelidad a la alianza.

* Oseas emplea palabras duras contra los sacerdotes no por su sacerdocio, sino porque no lo ejercen debidamente. Su misión es transmitir el conocimiento de Dios, no actuar como puros funcionarios de prácticas rituales. El culto no vale para engañar al Señor y contentarlo. Los sacerdotes han abandonado la tarea de hacer vivir las exigencias de Dios por miedo y por comodidad. No sólo no impiden la idolatría, sino que la fomentan por los beneficios considerables que les comporta.

* Respecto al plan amoroso de Dios con su pueblo, Oseas describe un cuadro absolutamente conmovedor: llevará a Israel de nuevo al desierto, para hablarle al oído, para conquistarla de nuevo, y allí renovará una vez más su alianza con ella.

* Dios es Padre y Madre: podríamos decir que toda la predicación de Oseas gira en torno a una idea fuerza: el amor de Dios, amor que se manifiesta de muchísimas maneras: como justicia, comprensión, ternura... en fin, son innumerables las facetas del amor de Dios; por eso, podemos decir sin ningún temor que a partir de la predicación de Oseas es posible percibir en Dios ese doble rasgo de nuestra experiencia humana: el amor materno y el paterno.

En conclusión podemos decir que para Oseas, Dios ama infinitamente a su pueblo, no porque sea un pueblo bueno, sino para que lo sea. Eso mismo criterio podemos aplicarlo a nosotros mismos: Dios nos ama no porque somos los buenos, sino para que seamos buenos, para que recibiendo de él aquella inconmensurable dosis se amor y de gracia, seamos capaces de interiorizarla y devolverla con igual ardor a nuestros hermanos.

Están invitados e invitadas, a leer el libro de Oseas con las mismas orientaciones que siempre hemos dado: una primera lectura rápida, sin detenernos en ningún pasaje en particular para tener una idea general de la obra; después, una lectura atenta, pasaje por pasaje tratando de interiorizar el mensaje y complementando con el material que se ofrece a continuación:
http://www.4shared.com/document/9jI5i51g/Oseas_comentario_por_pasajes.html

Muchas bendiciones y buen aprovechamiento de este asombrosamente actual profeta.

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