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por Gonzalo Rendón (Colombia)

16. Miqueas


C
ordial invitación para que conozcamos juntos la vida y el mensaje de un nuevo profeta: en esta oportunidad les presento a Miqueas. En el índice de nuestras biblias aparece de octavo, después de los que erróneamente se les ha denominado "profetas mayores". Sobre esto ya hemos dicho algo, pero no sobra recordar, que esa división entre profetas mayores y menores, carece de sentido, pues todos y cada uno jugaron un papel muy importante en su momento.

Quién es Miqueas: veamos ahora lo que es posible tener claro sobre el profeta y su tiempo. Miqueas, que en hebreo significa "¿Quién como Dios?", nació en Moréset Gat, una aldea de Judá, donde las montañas centrales comienzan a descender hacia el mar, pueblo fronterizo a unos 45 kilómetros de Jerusalén.

La época de Miqueas en el tablero internacional contempla la subida y afirmación de Asiria, a la que Israel, como reino vasallo, comienza a pagar tributo hacia el año 743 a.C. Después vendrá la sublevación de Oseas (713-722 a.C.), último rey del norte, y la destrucción de ese reino. Nuestro profeta conoció la agonía de Samaría y la deportación en masa de habitantes a Nínive. Probablemente también conoció la invasión de Judá por Senaquerib (701 a.C.), que resuena en 1,8-16. Colaboraría seguramente, junto a Isaías, en la reforma esperanzadora que trajo el rey Ezequías (727-692 a.C.).

Los peligros de aquella época turbulenta no venían solamente del exterior. Dentro, la corrupción era rampante, sobre todo por la ambición de los gobernantes apoyados por los falsos profetas, la rapacidad de la clase sacerdotal, la avaricia de mercaderes y comerciantes. Los cultos idolátricos de los vecinos cananeos se habían infiltrado también en el pueblo.

Esta situación es la que recoge nuestro profeta en su obra, y también los otros escritores anónimos que intercalaron sus profecías en el libro bajo el nombre de Miqueas. Actualmente hay comentaristas que atribuyen el libro a dos o más autores, de épocas diversas (La Biblia de nuestro pueblo. Introducción al libro de Miqueas).

El mensaje y las preocupaciones de Miqueas.
Acabamos de ver que la época que le toca vivir a Miqueas está marcada por dos situaciones muy concretas: la primera es la amenaza internacional debido a las políticas expansionistas de Asiria, y la segunda tiene que ver con la corrupción, la injusticia, la opresión y la idolatría que se vive en el reino del Sur. Como un verdadero profeta, Miqueas levanta su voz contra este ambiente pues él ve y sabe que en nada se parece a lo que Dios quiere de su pueblo y de sus gobernantes. Nadie mejor que un campesino pobre, sin conexiones con el templo o con la corte, para sentirse libre en desenmascarar y poner en evidencia los vicios de una ciudad como Jerusalén que vivía ajena al peligro que se cernía sobre ella, en una ilusoria sensación de seguridad.

El profeta afirma que el culto y los sacrificios del templo, si no se traducen en justicia social, están vacíos de sentido. Arremete contra los políticos y sus sobornos; contra los falsos profetas que predican a sueldo y adivinan por dinero; contra la rapacidad de los administradores de justicia; contra la avaricia y la acumulación injusta de riqueza de los mercaderes, a base de robar con balanzas trucadas y bolsas de pesas falsas.

Miqueas emplaza a toda una ciudad pecadora y corrompida ante el juicio y el inminente castigo de Dios. Sin embargo, y también en la línea de los grandes profetas de su tiempo, ve en lontananza la esperanza de la restauración del pueblo, gracias al poder y la misericordia de Dios. El Señor será el rey de un nuevo pueblo, "no mantendrá siempre la ira, porque ama la misericordia; volverá a compadecerse, destruirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros pecados" (7,18s) (La Biblia de nuestro pueblo).

La Opresión económica del campo:
En Miqueas 1,5-6 el delito y el pecado tienen su sede en las capitales de los dos reinos. Esta visión se prolonga en afirmaciones del profeta en los cc. 3 y 6: "ustedes edifican a Sión con sangre y a Jerusalén con maldad" (3,10), y le dice al consejo de la ciudad (Samaria) que "observas los decretos de Omrí, y todas las prácticas de la casa de Ajab" (6,16).

Ante la creciente intervención de los ejércitos asirios en la región de Siria-Palestina, se asiste en la época de Miqueas a un creciente armamentismo sobre el cual se construye toda la estructura social. Esta febril actividad es contemplada por Miqueas con los ojos de los campesinos de su patria, Moreshet-Gat. En los primeros capítulos habla frecuentemente de "mi pueblo" (1,9; 2,4.8.9; 3,3.5) y con esta expresión, en casi todos los textos citados, se refiere a sus vecinos, agricultores empobrecidos y sus familias, de los que asume la representación.

Miqueas ve las construcciones emprendidas desde las repercusiones que tienen en la vida de sus vecinos. Moreshet, situada a sólo 45 km de Jerusalén, depende de la vida de la capital. Muy probablemente de ella procede parte de la mano de obra para las construcciones de la capital. Los hombres que en ellas participan, incluso con riesgos de su misma existencia, justifican la afirmación de que Sión está edificada "con sangre y con maldad" (3,10). La sangre derramada y la maldad aparecen siempre en los textos bíblicos en íntima asociación con el asesinato y la pérdida de una vida.

La opresión en la ciudad: Pero ésta no es la única consecuencia que trae aparejado el crecimiento de la industria de la guerra. Con la mística guerrera aparece en la clase dirigente de Jerusalén una codicia insaciable. El soborno se ha apoderado de la administración de la justicia: el jefe descuida el derecho a causa de su codicia (Cf. 3,11a) y con el dirigente, que olvida sus cuidados y preocupación por aquellos a él encomendados, abominan el "juicio" y tuercen "toda rectitud" (3,9). Se desprecia así el precepto del dodecálogo de maldiciones: "maldito quien acepte soborno para quitar la vida a un inocente" (Dt 27,25). Prácticas de este tipo son características de la época como se deduce de Is. 1,23 y 5,23.

Otros estamentos opresores: gran parte de la responsabilidad recae sobre una clase militar que aprovecha la amenaza exterior para enriquecerse. Pero Miqueas dirige su crítica principal a los principales responsables de la estructura ideológica que bendice las injusticias: "sus sacerdotes enseñan por salario, sus profetas vaticinan por dinero" (3,11). Junto a ellos se menciona a videntes y adivinos. Su mensaje es viento e invención de mentiras. Con ellos condena también Miqueas a los jefes de Jerusalén, a la cúpula del país, a un régimen real cómplice de la opresión de los pobres. La misma condena merecen en Samaria los "ricos", "los habitantes" (6,12) y "el príncipe", "el juez" y "el grande" (7,3).

Mensaje esencial de Miqueas: La Palabra convoca a todos los pueblos
De manera paradójica, esta Palabra profética de condenación se convierte en punto de atracción para todos los pueblos. Sólo la Palabra que parte de un clamor de los empobrecidos y que expresa la solidaridad con ellos puede demostrar el amor preocupado y universal de un Dios que viene para todos y todas. Se puede, entonces, comenzar a desandar el camino de la agresión que provoca el afán de apropiación y edificar la ciudad como sacramento de verdadera reconciliación.

Esta Palabra pacificadora se convierte, así, en expresión máxima de la donación de Dios: "la boca de ¡YHWH Sebaot ha hablado!" (4,4d). Ella es concedida desde una ciudad edificada con leyes distintas sobre el monte al que "afluirán... los pueblos, acudirán naciones numerosas y dirán: 'Venid, subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos'. Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh" (4,1d-2) (Misioneros claretianos. Proyecto Palabra Misión, 1998).

Valdría la pena analizar nuestra actitud respecto a las injusticias que sufrimos en carne propia o que podemos ver a diario contra nuestros hermanos y hermanas: ¿seremos capaces de alzar la voz como Miqueas o como Jesús para reclamar justicia en nombre de Dios?

Invitados a leer y asimilar el libro de Miqueas. Para ello, pueden bajar del siguiente enlace los comentarios pastorales a cada pasaje:
http://www.4shared.com/document/H-kKVGU-/Profetas_Miqueas_Comentario.html

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