Contacto  
 
     
 
  Iglesia Episcopal  
 
  AnglicanCommunion.org  
Anglicanismo
Hispanismo
Historia
Liturgia
Miscelánea / Curiosidades
Noticias
Nuestra Gente
Santoral
Pastoral
Teología
Recursos
Espiritualidad
Otros Capítulos del RINCÓN BÍBLICO

· 1- Introducción

· 2- El libro del Génesis

· 3- El libro del Éxodo

· 4- El libro del Levítico
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO

por Gonzálo Rendón (Colombia)

4. El libro del Levítico


El nombre: Llegamos al tercer libro del Antiguo Testamento: el Levítico. Se llama así porque tradicionalmente se ha aceptado que todo su contenido tiene que ver con la regulación de las prácticas religiosas de la tribu de Leví, que eran los encargados de todo lo relacionado con los sacrificios y, en general, con todo lo tocante al culto en el Templo. Los hebreos denominan este libro "va-iqrá" que significa "…y llamó…", (Dios a Moisés).

Autor: Respecto a la autoría de este libro, es necesario decir que tampoco cuenta con un autor individual, como es el caso de Génesis y Éxodo. Sin embargo, podemos decir que sí se trata de un autor colectivo, que tiene una sola preocupación: el culto del templo. Se trata, entonces, de la corriente o escuela Sacerdotal que ya sabemos se identifica con la letra P. Para darle el necesario peso de autoridad, la corriente sacerdotal hace ver que, todo lo dicho y expresado aquí, es auténtica legislación de Moisés, quien a su vez habría recibo directamente estas órdenes de Yahweh.

Época de composición: Contexto histórico: hoy en día, la mayoría de estudiosos sostienen que este libro obtuvo su forma actual hacia el siglo V a.C., muy probablemente cuando los israelitas habían logrado reconstruir su templo o, por lo menos, cuando su reconstrucción estaba ya muy adelantada. Estamos hablando, entonces de la época post-exílica, cuando los israelitas fueron autorizados por el emperador persa para que reconstruyeran la ciudad de Jerusalén, sus murallas y su templo y por ende el culto, pues contaban con una cierta libertad religiosa. Obviamente, todas las leyes que leemos aquí, no pudieron ser "inventadas" en este período; probablemente quedaban recuerdos de cómo se celebraba el culto antes de ser destruido el templo por los babilonios; lo que se hace aquí es recopilar y, por supuesto, reforzar una legislación o normatividad cultual que tenía ya bases muy firmes.

Estructura: aunque el contenido del Levítico es tan específico, se puede descomponer de la siguiente manera para visualizarlo mejor: los capítulos 1-7 tratan del ritual de los sacrificios; del 8-10 encontramos todo lo referente a la investidura sacerdotal; 11-15 se refieren a las reglas que tienen que ver con la pureza e impureza de las personas; el capítulo 16 se ocupa del gran día de la Expiación; 17-26 nos presentan lo que comúnmente se denomina "código de santidad" o "leyes de santidad"; y, finalmente el 27 se dedica a legislar sobre los votos y sobre los diezmos.

Mensaje y actualidad del Levítico:
quien comienza a leer la Biblia desde el Génesis, al llegar a este libro se encuentra con una realidad completamente diferente, es como si de un momento a otro, la secuencia narrativa se interrumpiera sin tener en cuenta nada de lo de atrás; muchas personas hasta se desaniman, y no pocos optan más bien por saltar al libro de los Números, donde se reanudan los relatos de Israel en el desierto, camino a la tierra prometida. ¿A qué se debe esta interrupción?

No perdamos de vista la clave que nos ayuda a comprender un poco mejor la intencionalidad con la cual se compusieron estos primeros libros de la Biblia: la reconstrucción de Israel. Recordemos que el pueblo ha vivido una de sus experiencias más trágicas: la destrucción de su ciudad santa, del templo, lo que equivale a la derrota de su divinidad y la humillación de la esclavitud en tierra extranjera: Babilonia, donde se les recalca que no hay ningún Dios que esté por encima del Dios del imperio: Marduk.

Esta crisis nacional afecta hondamente la fe y las convicciones de Israel, y ya vimos que, en medio de todo, hubo quienes se empeñaron en mantener esa fe, alimentándola, fortaleciéndola y buscando el sentido profundo de esta durísima experiencia; no se dieron por vencidos a pesar de que estaban caídos, y por eso, ya desde el mismo exilio en Babilonia, ese grupito de líderes religiosos, comienza aquel proceso de relectura de la historia de Israel para poder pensar luego en una reconstrucción, no solamente material, sino además, espiritual. Se trataba de mirar críticamente el pasado para poder pensar hacia el futuro.

Ya vimos, entonces, que un primer producto de esa relectura de la historia, fue el libro del Génesis, donde se excluye a Dios de toda culpabilidad o de alguna mala intención respecto al destino del ser humano y de la creación; allí quedó claro que el único culpable respecto al mal en el mundo es el mismo ser humano, cuando se deja arrastrar por su codicia, por su egoísmo, por su sed de dominio, de ambición, de poder… Se evidencia, además, que cuando se camina en contravía del querer y la voluntad de Dios, todo acaba en desgracia, como la que nos describen los relatos del Éxodo. Pero aquí viene lo interesante: a pesar de la decisión humana de excluir a Dios de su vida, Dios no se "deja" excluir: camina hombro a hombro con sus criaturas y en el momento en que todo parece perdido, actúa siempre en su favor, tal como nos narra el mismo libro del Éxodo.

Entonces, la convicción es que si Dios actuó un día liberando al pueblo de la mano de los egipcios, hoy también actuará liberándolo del poder de los babilonios; pero -y aquí viene el porqué del Levítico- con una condición: si se reconoce con absoluta convicción la santidad única y exclusiva de Dios: sólo Él es Santo y llama a la santidad, y esa santidad sólo es alcanzable a través de un culto ¡perfecto! He ahí, entonces, el hilo conductor de todo el Levítico, un culto mediocre, infectado de impureza personal y ritual, no ayuda para nada a alcanzar esa vocación a la santidad; por eso la normatividad tan rígida y meticulosa, como si no quisiera que se escapara ningún aspecto de la vida, personal ni comunitaria. Claro que gracias a esos escrúpulos de no dejar perder nada, tenemos una de las legislaciones más preciosas que tocan directamente con el campo laical y social: el ¡año sabático de la tierra! y el ¡año jubilar! (cap. 25), la joya preciosa que está escondida en esta maraña de normas que, por fortuna, quedaron abolidas por el único y suficiente sacrificio, hecho de una vez para siempre: el sacrificio de Jesús en la Cruz!

Qué actualidad o vigencia tiene, entonces, para nosotros este libro: se podría decir que ¡ninguna y mucha! Ya no tiene vigencia por cuanto en Jesús de Nazaret hemos aprendido que a Dios no se le "compra" con sacrificios ni legalismos de ningún tipo; que para tener a Dios siempre de nuestro lado lo único que vale es la práctica del amor y la misericordia con los demás. Pero también este libro es actual para nosotros y, por tanto, no debe ser excluido de la lectura, porque está dentro de lo que nosotros como cristianos aceptamos como Palabra de Dios; es el testimonio de las búsquedas incesantes del espíritu humano de lograr una comunión con su creador; tal vez hoy vemos esas búsquedas como poco válidas, pero en su momento, ayudaron a recupera la fe y la confianza en su Dios. Aquí podríamos aplicar muy bien lo que nos enseña el Reverendo Isaías en su artículo El objetivo de las sagradas Escrituras: "lo malo (lo caduco, lo que ya no sirve) no se presenta como objeto a imitar, sino a evitar". Tomemos, entonces lo bueno que hay todavía aquí, lo útil, lo que nos ayuda a crecer y a humanizarnos más, eso es lo importante.

Para concluir, reitero la invitación que ya va siendo bien conocida: comienza a leer despacio este libro; no te preocupes por interpretarlo todavía, al menos entérate de lo que dice; si quieres profundizar un poco y saber el sentido de cada uno de los pasajes que vas leyendo, sigue este enlace: http://www.4shared.com/document/SCzjId_Z/003__El_Levtico_Comentario_pas.html

Muchas bendiciones.

Volver