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Otros Capítulos del RINCÓN BÍBLICO

· 1- Introducción

· 2- El libro del Génesis

· 3- El libro del Éxodo

· 4- El libro del Levítico


· 5- El libro Los Números

VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO

por Gonzálo Rendón (Colombia)

6. El Deutoronomio


El nombre: El quinto libro de la Biblia que ahora nos ocupa lo conocemos por el nombre "Deuteronomio", una palabra griega que significa "segunda ley" (deuteros=segundo y nómion= ley), supuestamente dada por Moisés. No se trata efectivamente de una segunda ley que Moisés haya dado; se trata más bien, de la traducción de una sentencia que encontramos en el capítulo 17, versículo 18 que habla de una copia que el rey debe hacer de la ley para llevarla consigo y leerla todos los días de su vida. Como hemos visto, ningún nombre de los que usamos nosotros para estos libros, coincide con el nombre que reciben en la Biblia hebrea, o sea, en el texto original de nuestras Biblias. Allá, este libro se llama hadebarim, pues esta expresión aparece en la primera frase del texto. Así lo identifican nuestros hermanos los judíos.

Autor: Una lectura desprevenida de este libro nos haría pensar que se trata de Moisés como autor; él habla todo el tiempo, es como si tratara de unos discursos o sermones escritos por él para preparar al pueblo a entrar adecuadamente a la tierra prometida. Sin embargo, no es así. Hoy, la totalidad de investigadores serios de la Biblia reconocen que Moisés no pudo haber escrito ni este libro ni los demás que ya hemos visto. Como sucede con los cuatro libros anteriores, no es posible determinar quién fue efectivamente su autor y lo más que se puede decir es que ni siquiera se puede hablar de un autor individual, sino de una escuela o corriente de pensamiento teológico. Eso mismo sucede con el Deuteronomio. No se sabe quién lo escribió; pero sí sabemos con certeza que no se trata de un solo autor, y también sabemos que aquí ya no está presente la mano de los autores anteriores, es decir, la escuela sacerdotal que ya aprendimos a identificar con la letra P.

Nos encontramos, entonces, con una corriente de pensamiento muy distinta a la que le dio vida a los cuatro primeros libros de la Biblia; en este caso, los expertos e investigadores nos dicen que se trata de una escuela que en su momento se dedicó a poner por escrito la historia de Israel, motivados quizá por la urgente necesidad de analizar el pasado para entender un poco el presente y proyectarse con cierto grado de esperanzas e ilusiones hacia el futuro. Esta corriente produjo finalmente una obra muy grande que consta de siete libros de los cuales el primero es este que estamos estudiando: el Deuteronomio, le siguen luego, Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes. El conjunto de estos libros se denomina "historia deuteronomista", pues así han denominado los expertos a ese grupo o escuela que produjo la obra: escuela deuteronomista, y a ésta le han asignado la letra D para distinguirla de las otras corrientes teológicas. Más adelante veremos cuáles son las características específicas de esta escuela o corriente teológica, lo que la hace distinta a la escuela sacerdotal y, por supuesto, lo que las hace también similares.

Época de composición: Sobre la fecha o la época de composición de este libro, no hay plena certeza. Sin embargo, todo parece indicar que se trata del siglo VII a.C. No se trataría exactamente del libro que hoy conocemos, sino más bien de un documento ya muy bien elaborado, pero que será completado hacia finales del siglo VI y mediados del V a.C., tomando la forma que hoy conocemos. Como se puede ver, la historia de la composición del Deuteronomio es bastante larga, incluso se habla de una reforma religiosa en Jerusalén hacia el 622 a.C., promovida por el rey Josías, basado en la aparición de este escrito.

Estructura del libro y contenido: Para entender un poco la dinámica de este libro, debemos imaginarnos a toda la comunidad israelita que ha terminado su travesía por el desierto y se encuentra reunida en Moab, al frente de la tierra prometida, al oriente del río Jordán. Moisés da a entender que morirá antes de atravesar el río, y como despedida deja estas instrucciones a su pueblo en forma de discursos.

El libro consta pues, de 34 capítulos distribuidos de la siguiente manera: los caps. 1-4 contienen un primer discurso de Moisés en el cual se refiere a todas las peripecias sufridas por el pueblo durante la travesía del desierto. Del 5-11 nuevamente Moisés se dirige a su pueblo para amonestarlo de manera paternal, pero severa, haciéndole ver que una vez que entren a la tierra que el Señor les ha dado, no pueden volver a caer en la misma situación de esclavitud como en Egipto.

Los caps. 12-26 presentan la parte fundamental del libro: se trata de una especie de código de leyes, civiles y religiosas, que el pueblo deberá poner en práctica cuando entre a la tierra que el Señor le ha dado. Una vez terminada la exposición de las leyes, los caps. 27-30 se centran en la cuestión de las bendiciones para los que cumplan esas leyes, y las maldiciones para quienes las incumplan. Del 31-34 nos narra el libro el fin de Moisés: el traspaso de su misión a Josué (c. 31), su cántico (c. 32), sus bendiciones (c. 33) y su muerte (c. 34).

Para tener en cuenta: aunque más adelante vamos a tener la oportunidad de estudiar más a fondo este libro, tratando de interpretarlo y de buscar la manera de aplicarlo a nuestro hoy, es bueno que recordemos una cosa: si bien, el que habla todo el tiempo en el libro es Moisés y, aparentemente refiriéndose al futuro de Israel; en realidad, no se trata de Moisés, es un recurso literario de los autores que quieren darle a su proyecto de reconstrucción de la fe y de la identidad del pueblo todo el peso de autoridad que tiene Moisés para ellos. Y lo otro es que, aunque parece que Moisés se está refiriendo al futuro de su pueblo, en realidad, se trata de eventos y situaciones por las cuales el pueblo ya ha pasado; la intencionalidad de los autores, entonces, es prevenir a la gente de su tiempo, primero, para que tengan claro cuál es el deseo y la voluntad de Dios y, segundo, para que no vuelvan a caer en los mismos errores e infidelidades. Por eso, este libro es muy actual. Vale la pena que en su momento le dediquemos un buen espacio para su estudio y asimilación.

Mensaje religioso del libro: "El Deuteronomio es un libro de gran riqueza teológica; su teología mana de una preocupación pastoral. Deseando inculcar al pueblo la fidelidad al Señor y a sus leyes, el autor recoge la historia y la comenta, sacando de ella unas cuantas directrices grandes y fecundas, afianza la ley en la historia, apelando a la conciencia lúcida y responsable.

A primera lectura, puede llamar la atención la insistencia en la centralización del culto. En la superficie, eso es una medida restrictiva para cortar los abusos de los santuarios locales; en el fondo, es una convicción radical, que el Señor es uno solo, el Dios único de Israel. Todas sus leyes se concentran en el mandamiento principal del amor o lealtad a Dios; Israel es un pueblo de hermanos que han de ser unánimes en la lealtad a su Dios; cada israelita tiene que darse todo entero a ese compromiso.

Dios ha elegido al pueblo por puro amor; sin méritos previos le va a regalar una tierra y le exige una tarea. Si el pueblo la cumple, obtendrá nuevos beneficios de su Dios, sobre todo el beneficio supremo de la convivencia con Él; si no la cumple, Dios lo castigará sin abandonarlo del todo, llamándolo a la conversión. La tarea no es puramente cúltica, es ante todo una tarea de justicia social y de amor fraterno" (La Biblia de nuestro pueblo. Intr. al Deuteronomio).

Recomendaciones:
una vez más, les recomiendo hacer una lectura seguida de todo el libro, sin preocuparse demasiado por entender lo que va leyendo, lo importante es que tenga una idea global de la obra. Cuando haya terminado, comience de nuevo una lectura pausada, por ejemplo, los primeros cuatro capítulos que conforman el primer discurso de Moisés. Al mismo tiempo vaya leyendo la orientación y comentarios a cada pasaje que puede descargar del siguiente enlace:

http://www.4shared.com/document/FPLtTapg/005__Deuteronomio_Comentario_a.html

Por último: comparta esto con los miembros de su casa, con otros amigos y, si le es posible, con los miembros de su congregación. Recuerde que por todos los medios, Dios se vale para hacernos llegar su mensaje de amor y de esperanza.

Muchas bendiciones.

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