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Los Testamentos
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Por Ray García

¿Qué significa la palabra "testamento" y por qué decimos que la Biblia se divide en Antiguo y Nuevo Testamento?

La Biblia es un conjunto de libros en los que se recoge la revelación divina relacionada con el pueblo escogido de Israel. Dios creó al hombre para hacerlo partícipe de su vida íntima, para establecer con él una relación amorosa. Esa idea profunda adquiere significado y contenido en la palabra "testamento".

Con poco acierto, a la hora de traducir, fue escogida la palabra latina "testamento" para traducir el término griego "diateke" que significa: última voluntad de una persona, y también, pacto o alianza. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, tratan de un pacto, de una alianza. De aquí podemos deducir ya la importancia de este pacto, que va a dar nombre y división a la Historia de la Salvación.

"Testamento", pues, se refiere a un pacto, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, ejercido entre Dios y el género humano.

Los estudios bíblicos dan gran importancia a este concepto. En el Antiguo Testamento hay múltiples alianzas entre Dios y diversos personajes bíblicos. Unas preparan la gran alianza del Sinaí (Ex 20, 1-21), y ésta la gran y definitiva alianza del Nuevo Testamento, sellada con la muerte y resurrección de Cristo.

"Si escucháis mi voz y observáis mi alianza, seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra, pero vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación consagrada. (Ex 19, 5s.). Dios acomodándose siempre al estilo humano, establece un pacto de fidelidad con su pueblo tal como ya era costumbre en los pueblos limítrofes al de Israel. Se trataba de alianzas desiguales, en las que el poderoso prometía su protección al débil, mientras que éste se comprometía a servirle. El inferior podía solicitar la alianza; pero el poderoso la otorgaba según su beneplácito y dictaba las condiciones. Así Dios se

comprometió a ser fiel a su pueblo y ayudarlo en todo momento con la única exigencia de que cumpliera los mandamientos. Israel se sintió fuerte con la protección divina que le ofreció su fuerza y amor. Así Israel pudo llamar a Dios su "roca" y "baluarte", su "pastor" y su "rey".

Los pactos se escribían en pergaminos unas veces, en tablas de piedra otras. Si se rompía el documento donde se había escrito el pacto, se disolvía a la par la alianza. Se trataba, pues, de algo muy externo que no calaba en el corazón del ser humano, y se hacía muy difícil de cumplir. Por eso el Señor va preparando una nueva y definitiva alianza escrita no en materiales rompibles sino en el mismísimo corazón del ser humano. El profeta Ezequiel dice expresamente: "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas" (Ezq 36,26-27). La dureza de corazón que Jesús reprocha a los antiguos será corregida y sanada con su nueva y definitiva alianza.

Los cuatro relatos de la Última Cena ofrecen la palabra alianza. "Esta es mi sangre de la Alianza, que va a ser derramada por muchos" (Mc 14, 24; Mt 26,28; Lc 22,20; 1Cor 11,25).

Vemos palpablemente cómo Cristo con el sacrificio de su vida, perfecciona las alianzas superficiales del Antiguo Testamento y las convierte en una relación profunda de amor.

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