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Transición de la Pascua judía a la Pascua cristiana

Por Gonzalo Rendón

Como buen judío, Jesús celebró cada año la Pascua con sus paisanos. Para su época, el cordero ya no era sacrificado en cada casa, por cada familia como había sido al principio. Varios siglos antes de Jesús, un rey de Judá había "reformado" el culto y uno de los puntos de dicha reforma fue la centralización absoluta del culto en el templo de Jerusalén. Imaginemos el tremendo tumulto en Jerusalén. Todas las familias haciendo fila en el templo para que un sacerdote les sacrificara el cordero pascual; podemos imaginarnos a Jesús cada año metido en ese tumulto, haciendo lo que todo su pueblo hacía.

Muy seguramente, por algún período de tiempo, los discípulos de Jesús y los primeros cristianos, continuaron la misma práctica después de la muerte del Maestro; pero esto probablemente no duró mucho tiempo; primero, porque hubo una ruptura radical entre el judaísmo oficial y los seguidores del Jesús que termina con su expulsión definitiva del templo y de la sinagoga; y segundo, porque este grupo de seguidores comenzó a entender que la propuesta de Jesús, sus enseñanzas y su compromiso, todo refrendado con su propia vida, había obrado en ellos la liberación definitiva del poder de una estructura religiosa opresora y ahora se abría para ellos una perspectiva de vida absolutamente nueva y distinta.

El sacrificio de Jesús se convierte así en el culmen de Revelación divina para quienes le conocieron y siguieron.

Nosotros hemos recibido a través del Nuevo Testamento y de la Tradición apostólica la reflexión ya hecha del efecto liberador de la encarnación del Hijo de Dios, de su vida, muerte y resurrección; pero tendríamos que ponernos en el lugar de los primeros cristianos para tratar de entender la lectura que ellos hicieron de ese acontecimiento y cuál fue el proceso que los fue llevando a esa lectura hasta comprender que Jesús "es el Cordero de Dios que quita el pecado, la esclavitud y la muerte del mundo". En todo caso, para ellos fue un proceso largo y difícil, y más especialmente tratándose de personas que provenían del judaísmo, acostumbrados al dogmatismo religioso, eso mismo que no permitió a las autoridades judías "ver" al Mesías en el Jesús histórico.

Volver a revivir esta primera etapa de la historia del cristianismo es hacer el ejercicio de re-encontrar el sentido salvífico de la vida, muerte y resurrección de Jesús desde una perspectiva más, profunda y liberadora; hay que hacer el esfuerzo de romper con ciertos dogmas y preconceptos que la teología y la predicación sobre la Pascua de Jesús han fijado tan firmemente en la mente de los creyentes al punto de obstaculizar el hallazgo de los contenidos siempre nuevos y actuales que tiene el evento salvífico del sacrificio de Jesús y que tienen su máxima expresión en la interpretación pascual.

Pero, en sí, ¿qué significa la Pascua?: enfaticemos que el significado de nuestra Pascua, no puede ignorar el significado de la Pascua judía. Por ello la pascua rememora la noche en la cual se dieron dos cosas: haber quedado vivos después del paso del ángel exterminador que hirió de muerte a todos los primogénitos de los egipcios; y en segundo lugar, haber salido del país de la esclavitud para dirigirse a la tierra de la libertad, y todo porque Dios había optado por ellos, los esclavizados.

En línea con esa rememoración, la Pascua cristiana, si se quiere instituida por Jesús con su ministerio, celebrada de manera anticipada en su última cena con sus discípulos y discípulas y refrendada con su sacrificio en la cruz y su resurrección por parte del Padre, otorgó al ser humano la liberación total, primero, de la opresión religiosa ejercida por dirigentes y "sabios" que mantenían al pueblo sometido a la figura de un Dios intransigente, cruel, e indiferente a los padecimientos humanos (con esta clave, léanse todos los signos liberadores obrados por Jesús: curaciones de ciegos, sordos, cojos, paralíticos…, y para constatar cómo Jesús devuelve al pueblo la auténtica figura de Dios); y en segundo lugar, una liberación política, en el sentido de que sus enseñanzas, muerte y resurrección, confirman que el sometimiento de unos a otros no es parte del plan de Dios y que por lo tanto, el ser humano tiene que mantener vivo el esfuerzo y la lucha por sacudirse todo lo que signifique opresión por parte de quienes se creen amos y dueños del mundo, de personas y de bienes…

Se entiende, entonces, por qué el sacrificio de Jesús es pascual: porque nos ha mostrado el camino para librarnos del poder de dominio de unos cuantos sobre los demás; porque nos ha sacado del error a la verdad, del sometimiento y opresión a la libertad, de la muerte a la vida, de la exclusión a la inclusión en el corazón de Dios. Arriesguémonos a reinterpretar la Pascua celebrada y vivida por Jesús y tratemos de releerla a la luz de nuestra experiencia de fe hoy y para hoy. Es posible que así esta Pascua traiga nuevas luces y nuevos sentidos para nuestra vida humana y cristiana.

Nota: Este artículo ha sido abreviado y editado por Isaías A. Rodríguez. Puede verse en su totalidad en Episcopaleslatinos.org en la sección de Biblia.