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Alejandro Magno y Dandamis, o el poder bruto vs la sabiduría eterna
 

Poco después de que Alejandro Magno llegara a Taxila en el norte de la India, envió Onesikritos (un discípulo de la escuela de Diógenes) a buscar un gran sannyasi de Taxila, Dandamis.

"¡Salve, oh, Maestro de los brahmanes!" dijo Onesikritos después de encontrar a Dandamis en su retiro del bosque. "El hijo del poderoso dios Zeus, Alejandro que es el señor soberano de todo el mundo, te pide que vayas a él. Si obedeces, te recompensará con grandes regalos, si te niegas, te cortará la cabeza".

El yogui recibió con calma esta compulsiva invitación, y "ni siquiera levantó la cabeza de su lecho de hojas".

"Yo también soy un hijo de Zeus, si Alejandro lo es", comentó. "No quiero tener nada que sea de Alejandro, porque yo estoy contento con lo que tengo, al paso que veo que él recorre con sus hombres el mar y la tierra sin lograr ventaja, y nunca termina con sus andanzas.

"Vete y dile a Alejandro que Dios, el Rey supremo, nunca es el autor de un insolente agravio, sino es el creador de la luz, de la paz, de la vida, del agua, del cuerpo humano y de las almas; recibe a todos los seres humanos cuando la muerte los libera, y de ninguna manera quedan sujetos a una enfermedad funesta. Sólo Él es el Dios de mi homenaje, que aborrece la masacre y no instiga a guerra alguna.

"Alejando no es dios, ya que ha de probar la muerte", continuó el sabio con calmado desdén. "¿Cómo puede alguien como él ser el dueño del mundo, cuando aún no se ha sentado en el trono de dominio interior universal? Tampoco ha entrado vivo en el Hades, ni siquiera conoce el curso del sol sobre las vastas regiones de esta tierra. La mayoría de las naciones ni siquiera han oído su nombre!"

Después de este castigo, el sabio agregó irónicamente: "Si el dominio presente de Alejandro no es lo suficientemente espacioso para sus deseos, que cruce el río Ganges, allí encontrará un país capaz de albergar a todos sus hombres.

"Los dones que Alejandro promete me son inútiles", continuó Dandamis. "Las cosas que aprecio y considero de valor real son los árboles, que son mi refugio; las plantas en flor, que me proporcionan comida diaria; y el agua, que me alivia la sed. Las posesiones acumuladas con pensamiento ansioso suelen resultar ruinosas para los que las reúnen, causando únicamente dolor y molestias que afligen a personas ignorantes.

"En cuanto a mí, me acuesto sobre las hojas de los bosques y, no teniendo nada que guardar, cierro los ojos en tranquilo sueño; al paso que si tuviera algo de valor mundano, esa carga me ahuyentaría el sueño. La tierra me proporciona todo lo que necesito, como una madre ofrece leche a su hijo. Voy allí donde me place, libre de preocupaciones materiales.

"En caso de que Alejandro me cortara la cabeza, no podría destruir también mi alma. Entonces mi cabeza silenciosa, y mi cuerpo, como un vestido rasgado, permanecerían en la tierra, de la que se tomaron sus elementos. Entonces, convertido en Espíritu, ascendería a Dios. Él nos cubrió a todos de carne y nos puso en la tierra para comprobar si, mientras estuviéramos aquí abajo, vivimos obedientes a sus órdenes; y cuando partamos de aquí, nos exigirá un relato de nuestras vidas. Él es el Juez de toda maldad, los gemidos de los oprimidos demandan el castigo de los opresores.

"Que Alejandro aterrorice con amenazas a quines desean riquezas y temen a la muerte. Contra los brahmanes sus armas son impotentes. Nosotros ni amamos el oro ni tememos a la muerte. Vete, pues, y dile a Alejandro esto: Dandamis no necesita nada que sea tuyo, y por lo tanto, no irá donde estás, y si quieres algo de Dandamis, ven tú a él".

Onesikritos transmitió el mensaje debidamente. Alejandro escuchó con mucha atención, y "sintió un deseo más fuerte de ver Dandamis, que, aunque viejo y desnudo, fue el único antagonista ante el cual, el conquistador de muchas naciones, había encontrado al alguien superior a él".

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