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Dos Oraciones Oportunas
 
Presentamos a los lectores unas oraciones de dos lumbreras de la espiritualidad del siglo XX. Con ellas deseamos que los calores del verano sean más llevaderos.

Una oración de Tomás Merton

Mi Señor Dios, no tengo idea a dónde voy. No veo el camino delante de mí. No puedo saber con certeza dónde terminará. Realmente, tampoco me conozco a mí mismo, y el hecho de que crea que estoy siguiendo tu voluntad no quiere decir que en realidad lo esté. Pero creo que el deseo de complacerte, en verdad, te complace. Y espero tener ese deseo en todo lo que hago. Espero que nunca haga nada aparte de ese deseo. Y sé que si hago esto, tú me guiarás por el camino correcto, aunque no sepa nada al respecto. Por lo tanto, voy a confiar siempre en ti, aunque pueda parecer que me pierda en la sombra de la muerte, no temeré, porque tú estás siempre conmigo y nunca me abandonarás a enfrentarme solo a los peligros.

Así oraba Gandhi

Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quietes la razón,
si me das éxito, no me quietes la humildad,
si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla.
No me dejes inculpar de traición a los demás
por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a ti mismo
y no juzgarme como a los demás.
No me dejes caer en el orgullo si triunfo,
ni en la desesperación si fracaso.

Más bien, recuérdame que el fracaso es
la experiencia que precede al triunfo.

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