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Espiritualidad de Ayer y de Hoy
 
por Isaías I. Rodriguez

Introducción


En este país (EE UU) el tema de espiritualidad ha causado asombro a cualquier observador en los últimos treinta años. De ser algo desconocido y exótico ha pasado a ocupar la palestra no sólo de la vida religiosa sino de la sociedad entera.

El origen próximo de tal eclosión hemos de verlo en el gran acontecimiento que para el mundo cristiano supuso el Concilio Vaticano II (1962-65). Ese concilio acercó a las confesiones cristianas enajenadas y hostiles durante más de cuatrocientos años. Las influencias mutuas del Concilio se han reflejado en los campos de ecumenismo, teología, liturgia, y, finalmente, en el de la espiritualidad.

En la iglesia católica el tema de la espiritualidad siempre había sido central, aunque un tanto desviado. Se pensaba que la espiritualidad era campo privado de unos especialistas. El concilio, en la constitución sobre la sagrada liturgia amplió el marco de referencia insistiendo que todos los fieles están llamados a la perfección "acrecentando entre todos los fieles la vida cristiana" (S.C. 1).

En los años ochenta estalló el interés por lo espiritual en este país. La publicación de libros con temas de oración, meditación y técnicas espirituales desbordó el interés por la temática sexual en más de tres por uno. En la década de los ochenta se abrieron más de cien centros para entrenar a seglares a ser directores espirituales.

Al final del siglo pasado el comentarista Bill Moyers en la obra The Future of our Past, pudo afirmar que "el asunto más importante de todo el siglo era el definir qué significa ser espiritual". Reconocía que mientras las prácticas piadosas habían sido parte integrante de la formación cristiana, y se mantenían en pie, el interés por el tema de la espiritualidad (en este país) había crecido mucho más.

No cabe duda que, aunque las prácticas piadosas siempre existieron en el mundo protestante, el tema de la espiritualidad per se no fue popular. Más aún el mundo protestante trató de separarse de las costumbres piadosas romanas, y desarrolló en su lugar programas educacionales, innovaciones litúrgicas, reuniones de grupos pequeños, proyectos de justicia social. Todos ellos muy buenos y potencialmente enriquecedores en el espíritu, pero, a no ser que se establezca una intencionalidad espiritualidad, se mantienen en un nivel exterior sin calar en un nivel profundo.

Otras corrientes que vinieron a desbancar temporalmente el interés espiritual en este país, -e incluso en el mundo católico -, fueron todas las modas de sicología, siquiatría, consejería y terapia. Ciencias útiles, necesarias y complementarias de la espiritualidad, mas cuando aparecieron, el ser humano se dejó arrastrar por lo novedoso. Mientras en el pasado, un fiel pudiera recurrir al sacerdote en busca de consejo, de repente resultaba más chic decir que uno había acudido al psiquiatra, o al terapeuta.

El término "espiritualidad", desde los años ochenta aparece en las publicaciones que uno menos pudiera pensar, en periódicos, revistas seculares, y en todo un aluvión de folletos y libros que hablan de toda clase de espiritualidades.

Hoy día el tema de la espiritualidad se ha desbordado de tal manera que uno no da fe a lo que ve y oye. Tener una "conversación espiritual" lo mismo aparece en labios de un financiero que en los de un comentador de la televisión. Otros afirma la importancia de la espiritualidad pero al mismo tiempo aseguran no estar interesados en la religión. Estos curiosos espirituales desconocen el sentido clásico y tradicional de la espiritualidad, así, pues, abunda, por una parte, la ignorancia, y por otra, una mezcla de todo, de interés en las religiones, interés por algo más profundo, interés por el más allá, pero se carece de ideas claras.

Origen del término espiritualidad

San Pablo y los primeros Padres de la Iglesia no oponían la palabra espiritual a corporal sino a carnal, en el sentido paulino de la palabra que significaba todo el ser humano compuesto de cuerpo y alma, sometido a la ley del pecado, pero con la capacidad de recibir la gracia divina.

Los primeros escritores latinos del norte de Africa inventaron la palabra espiritualidad con la que designaban todas las actividades de la vida realizadas según el Espíritu Santo. Esta concepción permaneció intacta hasta la Edad Media. En otras palabras, toda la teología era espiritual hasta la entrada de los años medievales. Se trataba de una reflexión sobre la experiencia de la fe manifestada en las Escrituras, en la liturgia, en la oración privada.

A partir del siglo XIV aparecieron unas obras prácticas llamadas summae confessorum, destinadas a ayudar a los confesores en su ministerio. En el siglo XVI, respondiendo a las demandas del concilio de Trento, aparecieron las institutiones theologiae moralis que pretendían separar la enseñanza práctica de la teórica, dando origen, con ello, a la separación de la teología en dogmática y moral. Mas la teología Moral, paulatinamente fue perdiendo los fundamentos escriturísticos y doctrinales para convertirse en una suma de casos de conciencia, que había que resolver basados en las leyes y preceptos éticos para discernir lo lícito de lo ilícito.

Del siglo XVIII en adelante surgen dos ramas nuevas en la teología, así se habla de teología ascética y teología mística. La ascética estudia los motivos y los medios de purificación del alma que se libera del pecado, y se compromete en la práctica de las virtudes, la mística enseña los caminos para la unión con Dios, por medio de las purificaciones pasivas y la acción de los dones del Espíritu Santo.

La institución de la cátedra de ascética y mística obedece a una iniciativa de Pío X en 1910 y se concretiza en 1919 por la aprobación de Benedicto XV. La motivación directa es una mejor formación del clero en el ámbito de la "perfección cristiana". En l931 se incorporan a las facultades teológicas la "ascética" entre las disciplinas auxiliares y la "mística" entre las especiales.

Desde 1922 comienza a hablarse de "teología espiritual". Las razones del cambio corresponden a la percepción unitaria de la vida espiritual, no se trata de dividir sino de integrar. Así lo entiende el jesuita Joseph de Guibert, quien en 1926 publica el primer manual con este título. También aparece por esos años el Dictionnaire de la Spiritualité.

Spiritualité también se usó con un sentido peyorativo, en la Francia en el siglo XVII, para rechazar la nouvelle spiritualité de Madame Guyon, Jeanne-Marie Bouvier de la Mothe (1648-1717) cuyo misticismo se condenaba por ser muy refinado, excesivamente riguroso y poco relacionado con la vida ordinaria. Mientras tanto otras palabras se hicieron corrientes, especialmente misticismo.

Historia del contenido espiritual

San Pablo concibe la vida como "vida en Cristo". El poder de Dios resucita a Cristo y éste nos envía el Espíritu Santo que nos transforma en una nueva criatura, así ya no hay judío ni griego ni esclavo. El propio sacrificio es el mejor culto ofrecido a Dios, un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal debe ser nuestro culto espiritual (Rm 12,1).

Los primeros cristianos entendían la vida como una participación en el misterio de Cristo iniciada por fe en el bautismo y alimentada en la Cena del Señor que los conducía a dar testimonio de amor universal y que, a su vez, atraía a otros a la fe. Mientras Pablo veía el ministerio como una imitación de Cristo, los primeros cristianos vieron en el martirio la manera más cercana de imitar a Cristo. La alabanza del martirio condujo a reafirmar la tendencia de la cultura griega a negar el cuerpo y el mundo. Así, al desaparecer el martirio, la abnegación se buscó en el ascetismo y en la vida monacal.

Cuando el cristianismo adoptó el saber antiguo se inició un modelo y método de espiritualidad que habría de influir mucho en el futuro. La contemplación filosófica que se centraba en la mente se convirtió en la práctica y objetivo ideal para someter las pasiones a la razón.

La espiritualidad medieval continuó arraigada en las tradiciones de siglos anteriores. Sin embargo, empezó a notarse una distinción entre espiritualidad popular y profesional. Las conversiones en masa llevadas a cabo sin mucha preparación educacional, además del abandono pastoral del pueblo, promovió una religiosidad marcada por un excesivo culto a las reliquias, por lo mágico en la vida sacramental, y otras costumbres revestidas de paganismo. La religiosidad profesional se caracterizó por el estudio y la orientación espiritual; y floreció en variedad de formas. Mientras tanto hombres como mujeres continuaron retirándose a la soledad monacal, empezó a despuntar un ministerio de clérigos deseosos de incluir a los laicos en la liturgia de la catedral. Mientras los monjes creían que sólo en la vida monástica se podría lograr la restauración de la humanidad caída, o en otras palabras, lograr la santidad, empezaron a surgir hombre y mujeres convencidos de que la auténtica vida evangélica era posible también fuera del la estructura monacal. Los ejemplos más típicos fueran dados por santo Domingo de Guzmán, san Francisco de Asís y santa Clara. La predicación itinerante se hizo popular, y la vida de pobreza se centró en la humanidad de Jesús, en su encarnación y pasión.

Una oración accesible a todas las personas es la desarrollada en la espiritualidad medieval oriental de la oración del corazón. El mejor representante de ella es Gregorio de Palamas (1296-1359). La oración del corazón, o de toda la persona incluido el corazón, es central en la práctica del hesychasm -tradición contemplativa monástica del antiguo cristianismo oriental. La concepción oriental de vida activa se refiere a la reorientación -no supresión- de las pasiones, y vida contemplativa se refiere al silencio del corazón. Una monja en el claustro podría ser considerada como muy activa, santa Teresita de Lisieux, mientras alguien trabajando en el mundo podría encontrarse en alta contemplación si ha logrado el silencio del corazón.

La reforma protestante introdujo nuevos aspectos en el entendimiento de la espiritualidad. El monacato dejó de ser la forma ideal de vida cristiana y Dios podía estar presente en cualquier forma de vida. El celibato cesó de ser considerado como una forma privilegiada de vida y el matrimonio re-evaluado.

Para algunos es erróneo exagerar las diferencias entre espiritualidad católica y protestante. Afirman que los reformadores no abandonaron la tradición medieval occidental, y creen que san Agustín y san Bernardo de Claraval se hubieran colocado del lado protestante en los debates teológicos. Para algunos, san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús en ciertos aspectos concuerdan con la doctrina de Lutero. Por ejemplo, los tres afirmarían que un conocimiento íntimo de Dios es sólo posible por la gracia de Dios.

La espiritualidad francesa del siglo XVII sería muy influyente, sobre todo, con figuras como Madame Acarie -la carmelita María de la Incarnación-, Benedict de Canfield y Pierre de Berulle. Místicos los tres. San Francisco de Sales con su Introducción a la vida devota.

Nuevas ideas teológicas y pastorales comenzaron a cambiar el énfasis de la espiritualidad católica. Se cambió el foco de interés del "alma" hacia la persona, del dogma a la historia, de la lógica al método, de los primeros principios a la experiencia, llegando a culminar así en la renovación del Vaticano II.

La orientación espiritual del concilio cesó de ser elitista para proponerse como objetivo primario "el acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana" (S.C. 1) favoreciendo la participación en la eucaristía de una manera "consciente, activa y fructuosa" (S.C.11). Y todo ello basados en un principio fundamental "que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana ya la perfección de la caridad". (L.G. 40).

Desde el Vaticano II se ha generado una espiritualidad de santidad orientada a Dios como centro de todo y que busca cooperar con Dios para establecer el reinado de Dios en todos los sectores de la sociedad.

La tradición anglicana es rica en espiritualidad, baste mencionar lumbreras místicas como las siguientes: The Cloud of Unknowing (1350?); Julian of Worwich (1342-?): Revelations of Divine Love; Los platinistas de Cambridge (1600-1699); Evelyn Undeerhill (1875-1941): Mysticism (1911), The Mount of Purification (1960); William Ralph Inge (1860-1954). Con todo, en los últimos siglos el tema espiritual, en general, se mantenía ignorado.

Tendencias modernas en la espiritualidad

Quienes se empeñan en ignorar la riqueza espiritual tradicional hablan hoy de la inmadurez de la disciplina de la espiritualidad. Lo que están haciendo es crear unos horizontes nuevos y diferentes a la espiritualidad clásica; se trata de una mezcla de filosofía y teología, de ecumenismo abierto a todas las religiones.

Representante de esta postura es Sandra M. Schneiders, profesora de espiritualidad en la escuela de teología de los Jesuitas en Berkeley, California. Sandra quiere ampliar la noción de espiritualidad para que en ella quepa, prácticamente, todo el mundo; se apoya en la definición que Peter Van Ness, profesor de religión en la universidad de Columbia, especializado en el estudio de una espiritualidad secular, y la define de esta manera: "es la búsqueda o el esfuerzo por lograr una relación óptima entre lo que uno verdaderamente es y la realidad entendida como una totalidad cósmica". Sandra define la espiritualidad como "la experiencia de un compromiso consciente en el proyecto de una integración vital mediante una transcendencia hacia el valor último que uno percibe". Ambas definiciones comprenden espiritualidades religiosas y "no religiosas".

Sandra reconoce que el término "espiritual", en las últimas décadas, se ha transformado en algo genérico que implicaría la capacidad del ser humano de transcenderse, ya se trate de una experiencia religiosa o no. Aquí nos preguntamos, ¿cómo puede uno transcenderse sin caer en un campo que no sea superior "espiritual"? Sandra reconoce que no se puede hacer nada con una realidad ya implantada, es decir, la expansión del concepto moderno de espiritualidad. Y ni la religión en general ni el cristianismo en particular controlan ya el uso y significado del término.

En el mismo campo se encuentra Diarmuid Ó Murchú, católico romano, miembro religioso de los Misioneros del Sagrado Corazón y que ejerce como consejero y psicólogo social en Londres. Su obra Reclaiming Spirituality desborda los marcos de la espiritualidad tradicional para introducirse en un campo que es una mezcla de filosofía, teología, ciencias, fantasía y poesía. No ve nada de valor en la tradición espiritual secular y cree que es necesario iniciar un camino nuevo (p.50) por el que todo el mundo pueda caminar, incluso formas religiosas anteriores a las religiones formales como, brujería, totemismo, adivinación. Aboga por un olvido de las grandes religiones actuales para que podamos ver sin prejuicio la práctica religiosa primitiva, en la que la adoración de la madre tierra no estaría excluida (pp. 56-59). Según Murchú "las espiritualidades ortodoxas, de todas las religiones tradicionales, sufren de una extrema asfixia (...).Sólo con la destrucción y muerte de la religión formal nos cabe la esperanza de encontrar una espiritualidad donde realmente se encuentra" (p.105).

Esta obra de Murchú es provocativa y alucinante, no se le cae a uno de las manos, aunque sabemos que todo el tiempo se encuentra fuera de lugar. De vez en cuando nos acosa con frases como ésta: "la espiritualidad, y no la religión, es la fuente primordial de nuestra búsqueda de sentido al mismo tiempo que ofrece una ruta mucho más coherente hacia una comprehensiva experiencia de la revelación divina" (p.78). Evidentemente, para el autor, espiritualidad es un término más genérico que el de religión, en contra de lo comúnmente aceptado. Uno no puede menos de preguntarse, ¿conoce realmente este autor la sublime doctrina de un san Juan de la Cruz y otros místicos cristianos? ¿Acaso la experiencia mística de Juan de la Cruz no es más que suficiente para dar un sentido y significado pleno al misterio de la vida en este mundo?

Para aclarar en cierto modo la situación sería conveniente distinguir entre una "autotranscendencia" espiritual filosófica y una "autotranscendencia" espiritual religiosa. La primera sería la capacidad que toda persona tiene de superarse mediante el conocimiento y el amor y se cumpliría estableciendo relaciones humanas; en este sentido todo ser humano es esencialmente "espiritual". La segunda se realizaría estableciendo relaciones humanas y últimamente una relación con Dios, relación que implicaría fe, esperanza y amor. La autotranscendencia espiritual cristiana se realizaría mediante el Espíritu Santo en Cristo Jesús. Así la espiritualidad cristiana es una experiencia trinitaria, cristológica y eclesial.

Según esas ideas, se podría hablar de una disciplina espiritual nueva con ciertas características especiales: 1. sería descriptiva y analítica en oposición a la tradicional prescriptiva y evaluativa. Es decir, la primera tarea de esta disciplina sería reconocer el fenómeno espiritual tal como se realiza en un cristiano. 2. Implicaría una relación interdisciplinaria. Ciertos fenómenos religiosos se pueden explicar y estudiar bajo las diferentes perspectivas científicas: histórica, psicológica, social, etc. 3. Sería ecuménica e intercultural intentando averiguar cómo el fenómeno religioso encaja en el amplio horizonte de la búsqueda general humana. 4. La disciplina espiritual ha de ser inclusiva que comprenda todo el ser humano, toda la persona. 5. Se ha de dar cierta sintonía espiritual, es decir, cierta experiencia análoga para comprender otra que nos es nueva. 6. Ha de estudiar no principios sino casos concretos: personas, obras, acontecimientos. Finalmente, la disciplina espiritual, ha de tener un objetivo triple. Se estudia la espiritualidad para entenderla, para vivirla y para implantarla en otros.

La estudios modernos manifiestan que se dan por lo menos cinco tendencias actuales en el campo espiritual: atención a temas feministas; relación entre oración y justicia social; apoyo en fuentes tradicionales para resolver cuestiones actuales; reconocimiento de la psicología del desarrollo y un entendimiento del "yo"; y la experiencia siempre como punto de arranque. Estas tendencias, a veces, se entrelazan e inter-relacionan.

Desde el campo directamente cristiano he aquí una definición completa: "Teología espiritual es la parte de la teología que estudia sistemáticamente, a base de la revelación y de la experiencia cualificada, la realización del misterio de Cristo en la vida del cristiano y de la Iglesia, que se desarrolla bajo la acción del Espíritu Santo y la colaboración humana, hasta llegar a la santidad". F. Ruiz Salvador.

Otras notas

Espiritualidad es la capacidad de descubrir, interpretar, vivir, contemplar la presencia y la acción del Espíritu en nosotros. F. Ruiz Salvador, p.8.

Espiritual es quien toma el evangelio absolutamente en serio llevándolo con sencillez hasta las últimas consecuencias, y unifica en torno a él la propia vida dispersa. FRS. P.8.

Las fuentes de la teología espiritual son: la Sagrada Escritura, la Tradición (Santos y otros), la experiencia de la Iglesia (en éste último caso, se trata de la experiencia cualificada de los santos, ellos son al mismo tiempo objeto de la teología espiritual y fuente del tratado), y las ciencias humanas (entre las fuentes se han de integrar además aquellas ciencias que nos ayudan a comprender la realidad de la persona humana y su mundo: la psicología, la sociología, la psicología social, la fenomenología de la religión, y la misma economía; ellas sirven para construir una espiritualidad encarnada y realista, que tenga en cuenta las condiciones actuales de nuestro tiempo.

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