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Hermano Lorenzo de la Resurrección
 

Nicolás Herman, nacido en 1614 en Herimenil, Francia, sintió a temprana edad la grandeza de la presencia de Dios. Sin embargo, elegiría el camino de las armas antes de entrar en una orden religiosa, la de los Carmelitas descalzos en París, a la edad de 26 años, convirtiéndose en el Hermano Lorenzo de la Resurrección. Después de 15 años sirviendo como cocinero, una dolorosa enfermedad le relegó a la tarea de hacer sandalias.
A pesar de su humildad, su influencia espiritual entre gentes de toda condición no hizo sino crecer. Su permanente conexión con el Creador no le evitó muchos años de fuertes conflictos internos espirituales que sólo se aliviaron cuando aceptó que esta tormentosa situación, y la sensación de no estar totalmente entregado al Señor, le acompañarían siempre. Entonces su alma experimentó una profunda paz interior.

Los largos años de dolores físicos, producidos por la ciática, culminaron en un sincero deseo de recibir la misericordiosa gracia de reunirse con Dios, el cuál fue concedido en 1691, a la edad de 77 años.

El hermano Lorenzo escribió muy poco. Los pensamientos que ofrecemos a continuación están entresacados de sus obritas Máximas Espirituales (siete brevísimos capítulos) y Cartas (solamente 16).

Sobre el sufrimiento (ver versión en inglés más abajo)

1. Dichosos los que sufren con Dios. Acostúmbrate a sufrir y pídele a Dios la fortaleza para sufrir como él quiere y durante todo el tiempo que juzgue necesario. Los mundanos no entienden estas verdades y no me sorprende; la razón es que sufren como ciudadanos de este mundo y no como cristianos. Consideran las enfermedades como aflicciones naturales y no como gracias de Dios.

2. Me gustaría que estuvieras convencido de que Dios se encuentra a menudo más cercano a nosotros en momentos de enfermedad y sufrimiento que cuando gozamos de perfecta salud. No busques a otro doctor, sino solamente a él.

3. Cuando el sufrimiento procede de Dios sólo él puede curarlo y a menudo permite nuestras enfermedades físicas para curar las espirituales. Encuentra consuelo en el soberano doctor del cuerpo y del alma.

4. Tales dolores y sufrimientos serían para mí el paraíso si pudiera sufrirlos con Dios, y los mayores placeres del mundo serían el infierno si fuera a gozarlos sin él. Todo mi consuelo sería sufrir algo por él.

5. Ofrécele continuamente tus sufrimientos al paso que le pides fortaleza para soportarlos.

6. Dios, a veces, se nos oculta, pero solamente la fe - que nunca nos falta cuando la necesitamos - ha de ser nuestro apoyo y el fundamento de nuestra confianza, que se ha de colocar siempre en Dios.

7. ¡Qué dulce es sufrir por Dios! Por muy grande que sea el dolor, acéptalo con amor, pues sufrir es el paraíso siempre que lo hagamos con él.

On suffering

1. Happy are they who suffer with him. Get used to suffering, and ask him for the strength to suffer as he wants, and for as long as he judges necessary. The worldly do not understand these truths, and I am not surprised; the reason is that they suffer as citizens of this world and not as Christians. They consider illnesses as natural afflictions and not as graces from God.

2. I wish you were convinced that God is often closer to us in times of sickness and suffering that when we enjoy perfect health. Seek no other doctor but him.

3. When suffering comes from God, he alone can cure it, and he often leaves us with physical illness in order to cure our spiritual illness. Find consolation in the sovereign doctor of body and soul.

4. Such pains and sufferings would be paradise for me if I could suffer with God, and the greatest pleasures would be hell, were I to enjoy them without him. All my consolation would be to suffer something for him.

5. Continually offer him your sufferings while asking him for the strength to bear them.

6. He sometimes hides from us, but faith alone -never lacking when needed- must be our support and the foundation of our trust, which must be placed entirely in God.

7. I did not ask for relief but for the strength to suffer courageously, humbly, and lovingly…Ah, how sweet it is to suffer with God! No matter how great the pain is, accept it with love, for suffering is a paradise as long as we are with him…We must make our hearts a spiritual temple where we continually adore him. We must keep constant guard over ourselves, not to do, say, or think anything that might displease him. When we are attentive to God in this way, suffering will no longer be anything but sweetness, balm, and consolation.

I know that, to reach this sate, the first steps are very difficult, and that we must act purely in faith. Furthermore, we know we can do anything with God's grace, and he never refuses it to those who earnestly ask him for it.

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