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Respuestas para una Pandemia 2020/ Answers for a Pandemic 2020
Por Isaías A. Rodríguez

PREGUNTA: ¿ES DIOS INDIFERENTE AL DOLOR HUMANO?
(Bilingual version)

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Estimado padre Isaías:
Esta pandemia ha puesto al descubierto, lo que yo pienso que es una gran carencia en el trato y consideración hacia los Mayores. Muchos de estos Mayores nuestros, entre los que casi me encuentro, viven en residencias que han resultado ser verdaderos "aparcamientos de ancianos" y, si el trato no ha sido el mejor, de forma regular no han dejado a los familiares que les vean y lo comprueben. Desde luego ha sido terrible para los familiares, quienes en la mayoría de los casos no han podido despedirse. Parece una confabulación moderna para que le echemos la culpa a nuestro Dios, y le cuestionemos: "¿Cómo has permitido esto?" ¿Es Dios indiferente al dolor humano?
Atentamente, Víctor Ruiz. Miami FL

Estimado Víctor:
La crisis acarreada por la pandemia del coronavirus ha ocasionado mucho sufrimiento a la humanidad y una gran dosis de frustración al comprobar que una sociedad científica, tan sofisticada como la nuestra, no haya sido capaz de solucionar más rápidamente este problema. El sufrimiento ha sido enorme, pero nos consta también que de toda crisis surge algo bueno. Se habla ya de una nueva normalidad, un nuevo orden en la sociedad, y aunque, en realidad, los humanos rápidamente nos olvidamos del pasado y volvemos a las mismas, no cabe duda que sí surgirán infinidad de cambios para nuestro bien.

Uno de los cambios se centrará en un cuidado más atento hacia los Mayores. Ellos han sido los que más han sufrido en esta pandemia. Es una auténtica vergüenza que nuestros Mayores, que han dado toda su vida por el bien de la sociedad, no hayan recibido una atención más esmerada, en cualquier situación, y más en concreto, en las residencias destinadas a su exclusivo cuidado. Y todavía extremada vergüenza cuando personas de gran prestigio internacional proclamen que los mayores crean una carga a los presupuestos nacionales. Los Mayores merecen todo nuestro cuidado, atención y cariño. Un cuidado que a veces se abandona por la indiferencia, o por el egoísmo de querer enriquecerse a costa del sufrimiento del otro.

Ahora bien, la eterna pregunta que en estos casos nos planteamos es ¿por qué Dios permite todo esto? ¿Por qué sufrimos? Y no hay respuesta adecuada. Filósofos y teólogos han se han empleado de lleno en resolver el problema del mal y nadie ha dado una respuesta satisfactoria.

El filósofo alemán Leibniz, por ejemplo, pensaba que Dios había creado "el mejor de los mundos posibles" (1710), a lo que el pensador francés Voltaire responde sarcásticamente en su famosa obra el Cándido (1759) con una acumulación de desgracias semejantes a la que nos toca hoy vivir. ¿Es este el mejor de los mundos? Ya en el pasado san Agustín (354-430) quiso dar una solución al problema del mal y no se le ocurrió otra cosa que crear el desdichado concepto del pecado original. El teólogo Rudolf Bultmann afirmó que "la idea del pecado original como infección heredada es ´subética´, irracional y absurda". Dicho concepto plagó de pesimismo todo el pensamiento cristiano occidental siendo Lutero y Calvino los principales promotores.

En un universo creado en forma evolutiva, no se podrán evitar los cambios y mutaciones que su misma naturaleza implica y que causan en los vivientes dolores y sufrimientos. ¿Cuál sería la solución? ¿Que los seres humanos naciéramos ya perfectos incluso con grado universitario? ¿Y qué decir de los males que nosotros mismos nos acarramos, guerras, esta misma pandemia, y una infinidad de sufrimientos con los cuales nos creamos un auténtico infierno en esta vida? ¿Ha de estar Dios de policía en cada caso y circunstancia? Por ese camino nos adentramos en soluciones ridículas.

¿Qué pensar entonces de Dios? ¿Nos tiene olvidados? La respuesta teológica tradicional es que Dios tiene providencia de la creación. Pero, ¿en qué consiste esa providencia, cuánto abarca, hasta dónde penetra? Voltaire fijándose solamente en el sufrimiento humano se ríe de la providencia divina.

Por otra parte, si exploramos el mundo de los místicos descubrimos una realidad totalmente distinta. Han establecido ya aquí en la Tierra un contacto tan íntimo con Dios que desean morir para irse a gozar de la divinidad. Todo se podría resumir en una frase muy sencilla del mayor de todos los místicos, san Juan de la Cruz, "¡Qué buen Dios tenemos!". Y poetas del pasado reconocieron que en "Dios vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17: 28).

Mientras tanto, seamos humildes, superemos todo egoísmo, y esforcémonos en crear un mundo mejor en un ambiente que nos es un tanto hostil, pero con la seguridad de que Dios no nos abandona, aunque las apariencias muestren lo contrario.

Dear Father Isaías,
This pandemic has exposed what I think is a great lack of treatment and consideration for the Elders. Many of these Elders of ours, among whom I can almost find myself, live in residences that have turned out to be true "car parks for the elderly" and, if the treatment has not been the best, it is not known why they have not regularly left the relatives to see them and check it out. Of course it has been terrible for the relatives, who in most cases have not been able to say goodbye. It seems like a modern conspiracy for us to blame our God, and ask him, "How have you allowed this?" Is God indifferent to human pain?
Regards, Víctor Ruiz. Miami FL

Dear Victor,
The crisis caused by the coronavirus pandemic has caused much suffering to humanity and a great deal of frustration when verifying that a scientific society, as sophisticated as ours, has not been able to solve this problem more quickly. The suffering has been enormous, but we also know that something good emerges from every crisis. There is already talk of a new normality, a new order in society, and although, in reality, humans quickly forget about the past and return to it, there is no doubt that infinite changes will arise for our good.

One of the changes will focus on more attentive care towards the Elders. They have suffered the most in this pandemic. It is a real shame that our Elders, who have given their whole lives for the good of society, have not received more careful attention, in any situation, and more specifically, in the residences dedicated to their exclusive care. And still extremely embarrassed when people of great international prestige proclaim that the elderly create a burden on national budgets. The Elders deserve all our care, attention and affection. A care that is sometimes abandoned by indifference, or by the selfishness of wanting to enrich oneself at the cost of the suffering of the other.

Now, the eternal question we ask ourselves in these cases is, why does God allow all this? Why do we suffer? And there is no adequate answer. Philosophers and theologians have been fully employed in solving the problem of evil and no one has given a satisfactory answer.

The German philosopher Leibniz, for example, thought that God had created "the best of all possible worlds" (1710), to which the French thinker Voltaire sarcastically responds in his famous work Candido (1759) with an accumulation of misfortunes similar to the one that we have to live today. Is this the best of worlds? Already in the past Saint Augustine (354-430) wanted to give a solution to the problem of evil and he could not think of anything else to create the unfortunate concept of original sin. Theologian Rudolf Bultmann stated that "the idea of original sin as an inherited infection is 'subaetic', irrational and absurd." This concept plagued with pessimism all the western Christian thought being Luther and Calvin the main promoters.

In an evolutionarily created universe, the changes and mutations that its very nature implies and that cause living pain and suffering cannot be avoided. What would be the solution? That human beings were born perfect even with a university degree? And what about the evils that we ourselves carry, wars, this same pandemic, and an infinity of sufferings with which we create a true hell in this life? Does God have to be the police in every case and circumstance? Along that path we enter ridiculous solutions.

What then to think of God? Have you forgotten us? The traditional theological answer is that God has providence for creation. But what does this providence consist of, how much does it cover, how far does it penetrate? Voltaire, looking only at human suffering, laughs at divine providence.

On the other hand, if we explore the world of the mystics we discover a totally different reality. They have already established such intimate contact with God here on Earth that they want to die to go and enjoy the divinity. Everything could be summed up in a very simple phrase from the greatest of all mystics, Saint John of the Cross, "What a good God we have!" And poets of the past recognized that in "God we live, move and exist" (Acts 17:28).

In the meantime, let us be humble, overcome all selfishness, and strive to create a better world in an environment that is somewhat hostile to us, but with the assurance that God does not abandon us, although appearances show otherwise.


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