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Cómo Meditar
 

La meditación ha sido una costumbre centenaria y muy arraigada en la espiritualidad cristiana. Sobre todo se ha mantenido viva y floreciente en órdenes religiosas, y algunas de ellas, como la carmelitana, han promovido mucho esta práctica.

El método de meditación más conocido está basado en la tradicional Lectio divina y se desarrolla en tres partes desiguales en importancia y duración.

1. La preparación, sólo debe ocuparnos unos minutos, y consiste en colocarse en la presencia de Dios, abandonando, durante el tiempo dedicados a la meditación, cualquier otra preocupación. En la carta de Santiago leemos: "Acercaos a Dios y él se acercará a vosotros" (St 4, 8).

2. El cuerpo de la meditación es la parte más importante de todo el ejercicio y a la que se debe dedicar más tiempo. Comprende las cuatro partes siguientes:

a. Consideraciones. Para escoger el tema de la meditación normalmente nos servimos de un libro que puede ser la Biblia u otro de carácter piadoso que nos invite a reflexiones orientadas a mejorar de vida. Se lee un pasaje del libro seleccionado, y durante cierto tiempo analizamos lo leído desde todos los puntos de vista, siempre con el último objetivo de lograr algo práctico para nuestra vida. Así pues, el fin perseguido no es dilucidar un tema teológico o filosófico; tampoco se trata de establecer comparaciones entre lo que hemos leído en el libro y las opiniones que cualquier autor pudiera tener sobre el tema. Nuestra reflexión ha de ser sencilla, calmada y centrada en el asunto que esperamos nos ayude a mejorar de conducta.

Si leemos algo de la Biblia no lo hacemos con el fin de aprender ese pasaje de memoria. Tampoco hemos de entretenernos en análisis hermenéuticos o profesionales. A veces, una sola palabra, otras una sola frase, puede ser suficiente para cerrar la Biblia y centrarnos en lo que hemos leído y que ha tocado nuestra sensibilidad.

Una vez que hemos reflexionado sobre el tema suficientemente, debemos aplicarlo a nuestras vidas. Si hemos pensado en algún pasaje de la vida de Jesucristo, ¿cómo actuamos nosotros en comparación a la conducta de Cristo? ¿Qué puedo hacer para acercarme al modelo de Cristo? Si hemos meditado sobre alguna virtud, el amor, la fe o la esperanza, ¿vivimos nosotros lo que implican esas virtudes o fallamos constantemente? ¿Qué podemos hacer para fortalecer la fe, consolidar la esperanza, y madurar el amor?

Hasta este momento todo el ejercicio ha sido todavía mental, y no es lo más importante de la oración, sino un paso introductorio.

b. Afecciones. Los últimos pasos de la parte reflexiva nos fueron acercando a esta parte que es la más importante. Las últimas consideraciones deben tocarnos en el corazón. Desde ese momento dejamos el trabajo de la inteligencia para que la voluntad se dedique de lleno a crear emociones, sentimientos y afectos, provocados por la reflexión. En general hemos de llegar a sentimientos conducentes a evitar el pecado y a fortalecer nuestra vida espiritual, nuestro carácter. Con el tiempo se ha de notar en nosotros una gran mejora de vida. Más aún, con una práctica intensiva e ininterrumpida, a través de los años, nuestra alma se está predisponiendo para el siguiente nivel, mucho más sublime, llamado la contemplación. Sin embargo, según la opinión de los místicos, la contemplación es un don divino que supera todos nuestros esfuerzos. Dios se lo otorga solamente a aquellas personas que están dispuestas a soportar y afrontar todos los sufrimientos espirituales y psicológicos que implica la purificación contemplativa. Quienes reciben de Dios tal don, llega un momento que consiguen -siempre con la ayuda divina- la transformación de Dios en esta tierra. Momento sublime reservado a muy pocos.

c. Peticiones. Es un momento importante de la meditación. Probablemente en nuestras consideraciones afectivas hayamos llegado a la conclusión de que nos encontramos muy lejos de la perfección. Probablemente, en nuestro fervor, quisiéramos cambiar radicalmente de conducta en unos instantes. Tal vez sea muy elevado nuestro objetivo, por ello necesitamos la ayuda divina. Hemos de pedir protección y amparo para perseverar en nuestro objetivo. También podemos incluir otras peticiones, por la iglesia, familiares, amigos, etc.

d. Resolución. Aquí termina el cuerpo de la meditación. Si hemos sido sinceros y consecuentes hasta este momento, sin duda alguna queremos formular algún propósito. Tal vez quisiéramos cambiar de vida de un plumazo. Tenemos que evitar el hacer propósitos generales. Uno muy concreto y específico es lo mejor. Y hemos de esforzarnos por cumplirlo.

3. Conclusión. En unos segundos damos gracias a Dios por las gracias obtenidas durante el rato dedicado a la oración, y se pide perdón por cualquier falta que podamos tener.
He aquí algunos pensamientos famosos:

"El simple pensamiento es sin trabajo y sin fruto; la meditación trabaja con fruto; la contemplación fructifica sin trabajo. El pensamiento divaga, la meditación investiga, la contemplación admira. El pensamiento se alimenta de la imaginación, la meditación del discurso, la contemplación de la inteligencia" (Ricardo de San Víctor, en Beni. Maior 1.3,c.1)

"Quaerite legendo, et invenietis meditando; pulsate orando, et aperietur vobis contemplando" (Buscad leyendo y hallaréis meditando; llamad orando y abríos han contemplando) Atribuido al cartujo Guido II.

Para concluir, es interesante apuntar que la meditación se promovió al final del siglo XV como un método eficaz para combatir la corrupción de maleaba a la Iglesia. Y santa Teresa está segura que es difícil permanecer en pecado mientras se practica la meditación diaria.


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