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Respuestas para una Pandemia 2020/ Answers for a Pandemic 2020
Por Isaías A. Rodríguez

PREGUNTA: ¿HEMOS MEJORADO O EMPEORADO CON ESTA PANDEMIA?
(Bilingual version)

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Marcela Mery:
Rev. Isaías, en su contacto con los fieles latinos, ¿ha notado algún cambio relevante durante este enclaustramiento, que permita asegurar que estamos mejorando como personas, o ha salido "lo peor de nosotros" como opinan muchos desde los medios de comunicación, de manera que debemos perder la esperanza?

Esperanza Optimista
Estimada Marcela:
Escribía yo en mi artículo sobre El futuro de la humanidad que fue el ocio el que dio origen a la filosofía en la Grecia clásica. Y hoy día es el confinamiento forzado de esta pandemia la que está estimulando a las mentes de todo el mundo a descifrar lo que será la nueva normalidad que unos admiten y otros no. En este aflorar literario se ha escrito en abundancia, y con tonos más pesimistas que optimistas.

En los casi tres meses de enclaustramiento se ha dado de todo. En un primer momento abundó el miedo que condujo a muchos a desplegar su propio egoísmo acumulando lo más posible sin pensar en la necesidad de los demás. Mas con el correr de los días pudimos comprobar momentos de auténtico heroísmo en muchísimas personas, especialmente en el personal sanitario y otros colectivos de ayuda. En mi opinión ha triunfado el bien sobre el mal, a pesar de todo el sufrimiento.

En Estados Unidos la mayoría del pueblo latino -sin papeles- sigue sufriendo en silencio la situación de pertenecer a una segunda clase, sin las ayudas y consideraciones gubernamentales con que cuenta el resto de la población. Sin embargo, son ellos los que mantienen la marcha económica de este país. La situación ha empeorado considerablemente con la administración de Trump. El desempleo entre los latinos ha crecido en esta crisis del 4 al 18 por ciento.

Con todo no hay que desesperar. Toda crisis, aunque implique dolor es buena. Nos ayuda a ver lo que no veíamos por la ceguera de la costumbre. Nos obliga a caer de nuestro pedestal al comprobar que ocupábamos un puesto un tanto falso. Ahora con las orejas gachas podemos reflexionar, y enderezar el camino hacia una situación mejor, ya sea la sanitaria, la docente o la de solidaridad.

Con frecuencia nos hemos preguntado ¿cómo ha sido capaz este virus de detener al mundo entero cuando estábamos conviviendo con la muerte diariamente, por todas partes, y en números excesivos? Enfermedades físicas como la gripe común, la malaria, el cólera, el cáncer, etc. se cargan cada día miles de muertes. Enfermedades sociales como los accidentes de tráfico, el hambre, la miseria, la violencia, el suicidio, las guerras y las desigualdades económicas matan cada año a millones de personas. A esa normalidad es a la que nadie quisiera regresar, pero volveremos.

¿Qué ha sucedido entonces? Lo que ha pasado es que este atrevido virus ha tenido la osadía de entrar donde no tenía que haberse metido, en el mundo de lujo y confort occidental trastornando nuestro buen vivir. Así hemos visto a gente de alto copete con guantes en las manos y máscaras, cual bozales, como cualquier otro ciudadano: ministros, congresistas, senadores, presidentes, reyes y reinas.

Ese trastornar la comodidad de nuestras vidas ha llenado a muchos de tanto pesimismo que solo ven un futuro incierto y obscuro. Y yo no hago más que ver cosas buenas en el futuro que tenemos ante nosotros. Si retrocedemos la vista al pasado constatamos la infinidad de sufrimientos que la humanidad ha tenido que escalar para llegar a las alturas de nuestro vivir moderno. Solamente en el siglo veinte se dieron más batallas y guerras que en el resto de toda la historia de la humanidad. Hubo motivo más que suficiente para que cundiera el pesimismo. Y sin embargo, lo superamos todo, incluidas las dos terribles guerras mundiales.

Hace algo más diez años pasamos por una crisis financiera como pocas en la historia. Se sufrió mucho, muchísimo. Con todo hace unos meses el mundo gozaba de una prosperidad sin paralelo en la historia de la humanidad. No cabe duda que en todas estas crisis abunda el sufrimiento, excepto para algunos egoístas y aprovechados que engordan con el dolor del vecino.

Sin embargo el mundo progresará. No cabe duda. Y a un ritmo acelerado. Pronto se vivirá en la Luna y un poco más allá en Marte. El hambre en la tierra se ha reducido ya en considerables porcentajes. El mundo tecnológico actual es un hervidero de inventos y adelantos. Enormes cambios ya se están fraguando en todos los niveles de la sociedad en el campo del transporte cuando los vehículos eléctricos autónomos sean una amplia realidad, ya pronto. La contaminación de la atmósfera descenderá dramáticamente y mejorará el clima. Los robots liberarán al ser humano de la esclavitud física y peligrosa para que se dedique a tareas más sublimes.

Mientras tanto los humanos tenemos que aprender a vivir en este mundo. Jesús quiere que administremos bien toda la riqueza que Dios ha puesto a nuestro alcance en este plantea, como lo hizo José con los años de prosperidad y de escasez que sobrevinieron en el antiguo Egipto (Génesis 41, 1-57). Jesús quiere que estemos en este mundo como si no estuviéramos. Desprendidos de todo, si se quiere hasta el extremo, como diría san Juan de la Cruz : "Para venir poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada" (Subida del Monte Carmelo, 1, 13,11).

Si todos viviéramos desprendidos de las cosas materiales, se evitaría la acumulación de las mismas desparecería el egoísmo y habría paz y felicidad en la tierra.

Marcela Mery:
Rev. Isaías, in your contact with the Latino faithful, have you noticed any relevant changes during this confinement, that make it possible to ensure that we are improving as people, or has "the worst of us" come out as many from the media think, from How should we lose hope?

Optimistic hope

Dear Marcela: I wrote in my article on The Future of Humanity that it was leisure that gave rise to philosophy in classical Greece. And today it is the forced confinement of the pandemic that is stimulating the minds of the whole world to decipher what the new normality that some admit and others do not will be. In this literary outcrop has been written in abundance, and with tones more pessimistic than optimistic.

In the almost three months of confinement, everything has happened. First the fear abounded that led many to display their own selfishness by hoarding as much as possible without thinking about the need of others. But with the passing of days, we were able to see moments of authentic heroism in many people, especially in health personnel and other aid groups. In my opinion, good has triumphed over evil, despite all the suffering.

In the United States, the majority of the Latino population - without papers - continue to suffer in silence the situation of belonging to a second class, without the government aid and considerations that the rest of the population has. The situation has worsened considerably with the Trump administration. Unemployment among Latinos has grown in this crisis from 4 to 18 percent.

Yet there is no need to despair. Every crisis, even if it involves pain, is good. It helps us see what we did not see because of the blindness of habit. It forces us to fall off our pedestal when we verify that we were occupying a somewhat false position. Now with ears down, we can reflect, and straighten the way to a better situation, be it the sanitary, the teaching or the solidarity.

We have often wondered how this virus has been able to stop the entire world when we were living with death daily, everywhere, and in excessive numbers? By physical illnesses like the common flu, malaria, cholera, cancer, etc. thousands of deaths are charged every day. Social diseases such as traffic accidents, hunger, misery, violence, suicide, wars and economic inequalities kill millions of people every year. That is the normality that nobody would like to return to, but we will return.

What has happened then? What has happened is that this daring virus has had the audacity to enter where it should not have entered, in the world of western comfort and luxury, upsetting our good living. Thus we have seen people with high pompadour with gloves on their hands and masks, like muzzles, like any other citizen: ministers, congressmen, senators, presidents, kings, and queens.

That upsetting the comfort of our lives has filled many with so much pessimism that they only see an uncertain and dark future. And I do nothing but see good things in the future before us. If we look back to the past we see the infinity of sufferings that humanity has had to climb to reach the heights of our modern living. Only in the twentieth century, there were more battles and wars than in the rest of the entire history of humanity. There was more than enough reason for pessimism to spread. And yet we got through it all, including the two terrible world wars.

A little over ten years ago we went through a financial crisis like few others in history. We suffered a lot, a lot. Yet a few months ago the world enjoyed prosperity without parallel in the history of humanity. There is no doubt that in all these crises suffering abounds, except for some selfish and profiteers who get fat with the neighbor's pain.

However, the world will progress. No doubt. And at a fast pace. Soon people will be living on the Moon and a little further on Mars. Hunger on the world has already been reduced by considerable percentages. Today's technological world is abuzz with inventions and advances. Huge changes are already brewing at all levels of society in the field of transport when autonomous electric vehicles become a widespread reality, soon. Air pollution will drop dramatically and improve the climate. Robots will free human beings from physical and dangerous slavery to dedicate themselves to more sublime tasks.

Meanwhile, humans have to learn to live in this world. Jesus wants us to manage well all the wealth that God has made available to us in this planet, as Joseph did with the years of prosperity and scarcity that occurred in ancient Egypt (Genesis 41, 1-57). Jesus wants us to be in this world as if we were not. Detached from everything, if you want to the extreme, as Saint John of the Cross would say: "To come to possess all, desire the possession of nothing" (A
scent of Mount Carmel, 1, 13,11).

Should all lived detached from material things, the accumulation of them would be avoided, selfishness would disappear and there would be peace and happiness on earth.

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