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Vida de Oración
 

A pesar de conducir una vida muy atareada, Jesús nunca abandonó la oración privada. Atestiguan los Evangelios que Jesús se retiraba con frecuencia a lugares solitarios para reflexionar y unirse en oración con Dios Padre. Así mismo, hay muchos pasajes en los cuales, Jesús indica a sus discípulos cómo deben rezar. Vea Mt 14,23; 6,5-13; Mc 1,35, 6,46; Lc 5,16; Jn 6,15; Mt 5,5-6).

La iglesia primitiva daba por sentado que todo cristiano dedicaba diariamente ratos a la oración unido al Cristo resucitado. En muchas comunidades se celebraba todos los días la eucaristía y se dedicaban momentos a la oración privada y al trabajo apostólico. Esta práctica ayudó a la Iglesia a crecer con vigor y vitalidad. Pero a medida que el Imperio Romano aceptó el Cristianismo como religión oficial, ese fervor fue enfriándose, por ello surgieron comunidades monacales dedicadas por vocación a la oración diaria.

En realidad, la Iglesia siempre ha dado por entendido que todo cristiano reza diariamente y de una manera espontánea. Al mismo tiempo, tanto en Oriente como en Occidente la práctica monacal de una vida dedicada a la meditación y contemplación ha permanecido fuerte en órdenes religiosas como los benedictinos, trapenses, franciscanos, dominicos, y, sobre todo, los carmelitas que cuentan con las lumbreras de santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz.

Según esa tradición, el método más eficaz para progresar en la vida espiritual es la meditación. Veamos cómo explica san Juan de la Cruz la práctica de la meditación: "Es de saber que el fin de la meditación en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios, y cada vez que por la meditación el alma la saca, es un acto. Y así como muchos actos en cualquiera cosa vienen a engendrar hábito en el alma, así muchos actos de estas noticias amorosas, que el alma ha ido sacando particularmente, vienen por el uso a continuarse tanto, que se hace hábito en ella. Y así, lo que antes el alma iba sacando por su trabajo de meditar en noticias particulares, ya, por el uso se ha vuelto en ella en hábito y sustancia de una noticia amorosa general" (S2, 14, 2). Cuando el alma ha logrado ese hábito de noticia amorosa, se encuentra en la contemplación. Dios puede colocar a un alma en contemplación sin que hayan precedido muchos actos de meditación.

Sobre la importancia de la meditación diaria es imperativo mencionar a Teresa de Ávila. Se podría decir que todas sus obras son un tratado de oración y es que toda su vida estuvo dedicada a la práctica de la meditación. Se ha hecho famoso el pasaje del capítulo 21, número 2 del Camino de perfección: " Importa mucho, y el todo, (tener) una gran y muy determinada determinación de no parar (en la oración) hasta llegar (al agua de vida), venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo...". Con estilo castizo nos dice que jamás hemos de abandonar la meditación diaria.

Es lamentable que no se haya transmitido al pueblo esta costumbre milenaria de la meditación. Es también muy lamentable que el interés actual por la meditación haya sido estimulado por el contacto con métodos de religiones orientales; no porque esto sea malo, sino por ignorar una tradición tan rica como la que poseemos en el cristianismo. Por otra parte, se puede constatar que una vida dedicada a la meditación, a la larga, nos conduce a un contacto directo con la divinidad.

Entre los líderes modernos de la oración más notables podríamos incluir a santa Teresita del Niño Jesús(1873-1897) y santa Isabel de la Trinidad(1880-1906), Thomas Merton (1915-1968) promotor de la doctrina de san Juan de la Cruz, Thomas Keating promotor del método conocido como "Centering prayer", John Main, Basil Pennington, Bede Griffiths(1906-1993), Henri Le Saux (1910-1973). Bede Griffiths y Henri Le Saux -ambos benedictinos- vivieron varios años en la India donde practicaron métodos hindúes. Bede Griffiths, escribió: "Conozco al Espíritu supremo, radiante como el sol, que supera toda oscuridad. Quien conoce a este Uno irá más allá de la muerte, porque es el único camino que conduce a la vida inmortal". Todos ellos se han alimentado del indiscutible maestro san Juan de la Cruz.

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