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Pensamientos de san Juan de la Cruz
 
Ofrecemos al gran público algunos pensamientos de san Juan de la Cruz, el místico más sublime de todos los tiempos. Son pensamientos que sirven cada uno, para meditar durante mucho tiempo.

1. ¡Oh, Señor Dios mío!, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que tú te muestras primero y sales al encuentro a los que te desean?

2. Más vale estar cargado junto al fuerte que aliviado junto al flaco: cuando estás cargado, estás junto a Dios, que es tu fortaleza, el cual está con los atribulados; cuando estás aliviado, estás junto a ti, que eres tu misma flaqueza; porque la virtud y fuerza del alma en los trabajos de paciencia crece y se confirma.

3. El alma sola, sin maestro, que tiene virtud, es como el carbón encendido que está solo: antes se irá enfriando que encendiendo.

4. Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.

5. Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón. ¿Qué sabes tú si tu apetito es según Dios?

6. Más agrada a Dios una obra, por pequeña que sea, hecha en escondido, no teniendo voluntad de que se sepa, que mil hechas con gana de que las sepan los hombres. Porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que lo vean los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismo servicios con la misma alegría y pureza de amor.

7. El alma enamorada es blanda, mansa, humilde y paciente.

8. No te conocía yo a ti, ¡oh Señor mío!, porque todavía quería saber y gustar cosas.

9. Un solo pensamiento del ser humano vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es dingo de él.

10. Eso que pretendes y lo que más deseas no lo hallarás por esa vía tuya ni por la alta contemplación, sino en la mucha humildad y rendimiento de corazón.

11. No te canses, que no entrarás en el sabor y suavidad de espíritu, i no te dieres a la mortificación de todo eso que quieres.

12. ¡Señor, Dios mío!, no eres tú extraño a quien no se extraña contigo; ¿cómo dicen que te ausentas tú?

13. Mira que, pues Dios es inaccesible, no repares en cuanto tus potencias pueden comprender y tu sentido sentir, porque no te satisfaz con menos y pierda tu alma la ligereza conveniente para ir a él.

14. No te goces en las prosperidades temporales, pues no sabes de cierto que te aseguran la vida eterna.

15. Mira que no reina Dios sino en el alma pacífica y desinteresada.

16. No te alegres vanamente, pues sabes cuántos pecaos has hecho y no sabes cómo está Dios contigo, sino teme con confianza.

17. Refrene mucho la lengua y el pensamiento y traiga de ordinario el afecto en Dios, y calentársele ha el espíritu divinamente.

18. No apaciente el espíritu en otra cosa que en Dios. Deseche las advertencias de las cosas y traiga paz y recogimiento en el corazón.

19. Traiga advertencia amorosa en Dios, sin apetito de querer sentir ni entender cosa particular de él.

20. El alma que anda en amor, ni casa ni se cansa.

21. Hay almas que se revuelcan en el cieno, como los animales que se revuelcan en él, y otras que vuelan, como las aves que en el aire se purifican y limpian.

22. Toda la bondad que tenemos es prestada, y Dios la tiene por propia obra; Dios y su obra es Dios.

23. Cinco daños causa cualquier apetito en el alma; el primero, que la inquieta; el segundo, que la enturbia; el tercero, que la ensucia; el cuarto, que la enflaquece; el quinto, que la oscurece.

24. El amor no consiste en sentir grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado.

25. Todo el mundo no es digno de un pensamiento del hombre, porque a sólo Dios se debe; y así, cualquier pensamiento que no se tenga en Dios, se le hurtamos.

26. Cuanto más te apartas de las cosas terrenas, tanto más te acercas a las celestiales y más hallas en Dios.

27. Quien supiere morir a todo, tendrá vida en todo.

28. Quien de sí propio se fía, peor es que el demonio.

29. Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua.

30. Mejor es sufrir por Dios que hacer milagros.

31. Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos.

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