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San Juan de la Cruz.
Perfil de un místico y su importancia para el mundo moderno
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Por Isaías A. Rodríguez

San Juan de la Cruz es poco conocido del pueblo cristiano. Durante trescientos años después de su muerte fue casi desconocido fuera de su orden, los Carmelitas Descalzos. Incluso dentro de la orden faltaron estudios críticos de sus obras hasta la obra publicada en 1929 por el padre Crisógono. Un verdadero amante del santo carmelita fue el anglicano E. Allison Peers que tradujo al inglés in 1964 las obras de la edición crítica del padre Silverio de Santa Teresa, y añadió una bibliografía con más de quinientos libros y artículos sobre san Juan de la Cruz.
En los últimos sesenta años estudiosos de todos los campos del saber se han acercado a Juan para descubrir en sus obras un tesoro espiritual, intelectual y literario. Una bibliografía de escritos sobre el Santo ocuparía varios volúmenes.
En Francia se le ha estudiado como a un filósofo. Figuras como Jean Baruzi, Henri Bergson, Jaques Maritain, encontraron en él profundidad filosófica y teológica con orientación espiritual.
En España se le reconoce como un gran poeta y el místico por excelencia, junto a Teresa de Jesús.
Tomás Merton no duda en llamarle "el más grande teólogo de los místicos católicos". Allison Peers afirma que "ningún contemplativo, por muy avanzado que se encuentre, dejará de recurrir a él y hallar iluminación e inspiración".
Para otros autores es "príncipe de la mística", "el místico de los místicos", "el poeta de los poetas", "el patrón de los poetas y escritores", "el más grande poeta místico de todos los tiempos", "único", "maestro", "un psicólogo nato", "el más culto y sabio de los místicos del siglo XVI", "santo de nuestro tiempo", "doctor de la Iglesia". Para Antonio Machado "espíritu de llama", para Teresa de Jesús es "celestial y divino" y para el papa Juan Pablo II es "maestro en la fe y testigo del Dios vivo". Alabanzas como éstas se podrían multiplicar indefinidamente.
Ante tanto honor y gloria, el Santo se quedaría turbado, pues lo único que deseó en su vida fue indicar a las almas un camino seguro y rápido para llegar a la unión con Dios. Los honores y las glorias quedaban para Dios; para sí solamente pedía de lo alto la gracia de: "Morir sin cargo alguno de superior, en un lugar desconocido, y después de haber sufrido mucho". El Señor se lo concedió, y hoy el mundo celebra, como en Jesús, su luminosa resurrección.
Juan de la Cruz vivió en el siglo XVI, cuando España alcanzaba triunfos militares, literarios y artísticos, pero la conquista más perdurable de ese siglo ha sido y será la lograda por los místicos españoles, y entre ellos la del carmelita Fundador.

1. Vida
Ofrecemos solamente unas pinceladas. Nace en 1542 en Fontiveros, Ávila, de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez. A los tres años muere su padre y quedan sumidos en la mayor pobreza; a los nueve aprende artes y oficios: carpintero, sastre, pintor. De joven cursa humanidades con los jesuitas. Tenía 21 años cuando entra en la Orden Carmelitana. Cursa teología en Salamanca; se gradúa como teólogo, y es ordenado de sacerdote en l568.
A los 25 de edad, tiene un encuentro casual en Media del Campo con santa Teresa de Jesús, que le conquista para colaborar con ella en la reforma de la Orden Carmelitana. El 28 de noviembre de 1568 se inaugura el primer convento reformado en Duruelo.
A partir de ese momento todo será un ascenso del Monte Carmelo. La escalada en el establecimiento de la Orden de Carmelitas Descalzos le llevará al mismísimo encarcelamiento, en Toledo, por parte de los antiguos frailes carmelitas (1577-78). La escalada espiritual le llevará muy pronto a la cumbre de la perfección cristiana. Con toda probabilidad, a los treinta años había logrado "la transformación espiritual en Dios". En términos místicos, "el matrimonio espiritual".
Desde esa alta cumbre, dedicaría toda su vida a la dirección espiritual de frailes, monjas y laicos. Una orientación encaminada al sublime ideal de la unión con Dios. La propia santa Teresa confiesa que bajo la experta guía del Santo, mucho más joven que ella, logró alcanzar el matrimonio espiritual a los 51 años de edad.
Las descripciones que hemos recibido de su porte físico nos dan el siguiente cuadro: de estatura entre mediana y pequeña, flaco y enjuto, rostro moreno, macilento, calva venerable, frente ancha y espaciosa, ojos negros, cejas bien formadas, nariz un tanto aguileña, con la barba algo crecida. De aspecto grave, apacible y modesto, su presencia "componía a los que le miraban", con imperturbable sonrisa, mirada penetrante y porte distinguido. Su resistencia física tuvo que ser considerable para superar las penitencias que sufrió y las pruebas tan agudas por las que pasó.
Cuando leemos sus poemas y degustamos sus explicaciones parece que nos encontramos ante un ser más divino que humano, inalcanzable; sin embargo, fue de una sensibilidad humana puesta a toda prueba. Sintió en su alma y corazón, la tristeza, el abandono y la desolación.
El establecer firmemente la nueva Orden de los Carmelitas Descalzos le acarrearía múltiples sufrimientos, pero el Santo los aceptaría con agrado con tal de imitar siempre a Cristo hasta en el último detalle. Con mucho sufrimiento físico al final de su vida, pero en su último encuentro de amor divino aquí en la tierra, partiría para la otra a las doce de la noche, del 13 al 14 de diciembre de 1591, en Úbeda, a los 49 años de edad. En 1726 fue canonizado; en l926 declarado Doctor de la Iglesia, y en l952 nombrado patrono de los poetas españoles.

2. Escritos
La intención primordial de toda su vida fue la de encaminar las almas por los senderos más seguros del espíritu. Su vocación no fue la de escribir. No fue el teólogo que dedicó su vida a la pluma. Las más de las veces escribió a ruego de otras personas. Por ello, no se detuvo en pulir sus escritos ni ordenarlos. A veces dan la sensación de desorden, como la Subida del Monte Carmelo. También adolecen de un lenguaje técnico y escolástico. Sin embargo, para los iniciados en esos saberes, el decir del Santo es claro, lúcido y preciso.
Sus escritos le han ganado títulos en los campos de la psicología, teología, espiritualidad, mística y poesía. No podía ser menos de una personalidad tan rica.
A los treinta y cinco años, estando preso en un cuartucho pequeño y oscuro, sufriendo el extremado clima toledano, congelándose de frío en invierno y ardiendo de calor en verano (1577-78), escribe las 31 primeras estrofas del Cántico espiritual, junto a Romances a la Trinidad, "Super flumina" y La Fonte que mana y corre.
Entre sus obras menores se han de mencionar poesías: 5 poemas, 2 romances, 5 glosas, unas 30 cartas. Dichos de luz y amor; Cautelas; Cuatro avisos a un religioso.
Sus obras mayores: Subida del Monte Carmelo, Noche oscura, Cántico espiritual, Llama de amor viva, son fruto de su madurez espiritual y personal. Las culmina a partir de sus cuarenta años. Mientas escribe la Noche y Llama de una sentada, en unos pocos días, a la Subida dedicó varios años.
Toda su obra poética es de una belleza extraordinaria. Brota espontáneamente de la abundancia de amor y sensibilidad que hay en su alma, "abundante inteligencia mística". Poesía y vivencias místicas se identifican. Lo dicen todo, pero sólo quien lo ha vivido lo entiende en toda su profundidad. Por gusto el Santo se quedaría solamente con la poesía. Si comenta y explica es a desgana y por ayudar espiritualmente a otros. Por otra parte, para el lector, el comentario supone un enriquecimiento, sin él poco podríamos entender de la densidad espiritual contenida en los poemas.
La solidez de sus escritos se funda en el uso constante que hace de la Sagrada Escritura, que es la auténtica fuente de su vida espiritual. Es el libro fundamental en su vida de oración, de meditación y contemplación y de maestro de espíritus. En sus obras encontramos alrededor de mil quinientas citas bíblicas.

3. El objetivo de su vida
En la personalidad del Santo, uno quisiera ver al hombre polifacético renacentista: reformador y co-fundador, místico y teólogo, filósofo y pensador, poeta y literato, artista pintor; el dibujo de su Cristo inspiró a Salvador Dalí una de las pinturas más famosas y populares de nuestro tiempo. Con todo, sería erróneo querer ver en él al especialista en todos los campos mencionados, porque sólo le consumió el amor a lo divino.
Habiendo descubierto realmente a Dios quiere compartirlo con todos. Desea que todos gocen de algo tan sublime que no sabe cómo decirlo. Se esfuerza de una manera y otra por enseñar el camino que conduce al Dios que trasciende toda ciencia.
Su intento no fue escribir teología aunque tenga que servirse de ella para explicar lo que vive. Su propósito no fue adentrarse en las cavernas del alma y hacer psicología, sino explicar cómo Dios pueda vivir en ella. Tampoco quiso escribir sobre los ocultos recovecos de la mística sino que, en su búsqueda divina, confiesa: "Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo" (Coplas 4) y entonces nos describe la mística más sublime que se haya escrito.
El principal objetivo de su vida fue encaminar las almas a Dios; enseñar un camino recto y seguro para alcanzar a Dios en esta vida. Por ello, gran parte de su vida la dedicó a la dirección espiritual como maestro de novicios y estudiantes, y confesor y consejero de monjas y seglares. La experiencia de vida sumada a la de mistagogo le calificaban como excelente maestro del espíritu.
Así pues, en primera instancia escribe para "algunas personas" de la Orden Carmelitana (S pról. 9) que se supone ya han iniciado el camino de desprendimiento y buscan decididamente a Dios; pero indirectamente es consciente de que su doctrina será harto buena para todo el mundo, porque es el mismo Evangelio llevado a sus últimas consecuencias.

4. Autoridad doctrinal
Su autoridad doctrinal es reconocida por toda persona dedicada a temas espirituales. Allison Peers puede afirmar que "cualquier contemplativo por muy avanzado que se encuentre podrá recurrir a él y hallar en él iluminación e inspiración. Porque el Santo ha avanzado más que la inmensa mayoría y no se encuentra bajo el nivel de nadie".
Tomás Merton confirmará que "quienes han conocido la doctrina de san Juan de la Cruz observarán que la mayoría de lo que se enseña sobre doctrina contemplativa sigue las línea marcadas por el carmelita español".
El mismo Santo, al paso que reconoce repetidamente lo difícil en comunicar su experiencia mística, afirma en el prólogo de la Subida que ofrece doctrina "sana", "buena y harto necesaria", "sustancial y sólida" y que tratará de ayudar a los ya iniciados en el camino místico que conduce a "la unión con Dios"(S pról. 8; II 5,2).
Sobre la purificación pasiva del espíritu dirá que tiene "grave palabra y doctrina" (N I, 13, 3). En la Llama y en otras partes no duda en afirmar que va a tratar "del más perfecto grado de perfección a que en esta vida se puede llegar, que es la transformación en Dios" (Ll pról. 3). Esta es una afirmación verdaderamente asombrosa, ¿cómo podría uno hacerla si no lo hubiera vivido?
La verdadera base de su autoridad doctrinal no es ni la Escritura, que domina a la perfección, ni la lectura de otros místicos (Agustín, Gregorio Magno, Pseudo Dionisio, Taulero, Herp, santa Teresa, y probablemente también leyó a Ruusbroec, Casiano, los Victorinos y Osuna) ni la teología estudiada (san Bernardo, santo Tomás de Aquino, la escolástica), sino su propia experiencia, corroborada por sus conocimientos, que expande y perfecciona. De su originalidad y capacidad creadora nadie duda.

5. Significado espiritual
En un mundo de creciente secularización, ¿por qué sigue en crescendo la fama de este carmelita, quien de otro modo pudo ser desconocido? Sin duda alguna, porque él tiene la respuesta al vacío que angustia al ser humano. Nos invita a liberarnos de cualquier esclavitud para que nos entreguemos por completo al Dios creador del universo que nos manifiesta su poder y su amor constantemente.
En el siglo XX se dieron más conflictos bélicos que todos los ocurridos en el conjunto de la historia de la humanidad. La angustia y el terror cundieron en demasía. Luego llegaron la prosperidad, la abundancia, y el desatino en la exaltación de un espíritu humano libre de barreras y cortapisas. La desorientación se ha ido apoderando de unos y otros, y de ahí la nueva búsqueda de algo que llene de verdad.
En los últimos años han proliferado los métodos de oración y meditación trascendental. Y es precisamente en esa búsqueda de algo firme y permanente donde muchos se han topado con san Juan de la Cruz. Sin embargo, toda la novedad y originalidad doctrinal y poética del Santo carecen de sentido ante su principal objetivo, que consiste en un esfuerzo titánico por demostrar a todo ser humano que en la unión con Dios radica toda la felicidad humana.
San Juan de la Cruz, al paso que canta la belleza de la creación en sus sublimes poemas, nos recuerda que toda la belleza creada es nada comparada con la divina. Quien renuncie a lo pasajero, superficial e ilusorio, se encontrará con el Todo de Dios, con la Felicidad.

(Tomado y adaptado del libro: Introducción a la mística de san Juan de la Cruz, de Isaías A. Rodríguez, editorial Abingdon Press, Estados Unidos)

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