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Salutación del optimista
(de Rubén Darío)

Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,
espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve!
Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos
lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos; mágicas
ondas de vida van renaciendo de pronto;
retrocede el olvido, retrocede, engañada, la muerte;
se anuncia el reino nuevo, feliz sibila sueña,
y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron
encontramos de súbito, talismánica, pura, riente,
cual pudiera decirla en su verso Virgilio divino,
la divina reina de la luz, ¡la celeste Esperanza!

(...)

Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos;
formen todos un solo haz de energía ecuménica.
Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas,
muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.
Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente
que regará lenguas de fuego en esa epifanía.

(...)

Un continente y otro renovando las viejas prosapias,
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua,
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos.

La latina estirpe verá la gran alba futura,
en un trueno de música gloriosa, millones de labios
saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente,
Oriente augusto en donde todo lo cambia y renueva
la eternidad de Dios, la actividad infinita.

Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros.
¡Inclitas razas ubérrimas, sangra de Hispania fecunda!

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Proverbios y cantares

(de Antonio Machado )

¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?…

Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre la mar.

Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
caminante, no hay camino;
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante, no hay camino,
sino estelas en el mar.

Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Antonio Machado

 
Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?


Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-La tarde cayendo está-.


"En el corazón tenía
la espina de una pasión,
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón".


Y todo el campo un momento
se queda mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.


La tarde más se oscurece
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.


Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada".

Antonio Machado

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Breves Biografías:


Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), hijo de un célebre pintor, nace en Sevilla (España), pronto queda huérfano y prueba fortuna en Madrid. Uno de los más relevantes literatos románticos, esto no le alejaría de una vida llena de estrecheces. Su delicada salud le lleva a una temprana muerte.


Rubén Darío (1867- 1916), su verdadero nombre fue Félix Rubén García Sarmiento. Nació en Metapa, hoy Ciudad Darío, departamento de Matagalpa, Nicaragua. Desde su infancia fue un niño prodigio. Aprendió a leer cuando apenas tenía tres años. Fue poeta, periodista y diplomático.


Antonio Machado (1875-1939), poeta y prosista español, perteneciente al movimiento literario conocido como generación del 98. Nació en Sevilla y vivió luego en Madrid, donde estudió. Viajó a París en 1899, ciudad que volvió a visitar en 1902, año en el que conoció a Rubén Darío, del que será gran amigo durante toda su vida. Al término de la Guerra Civil española, murió exiliado en el pueblo francés de Colliure.


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Cerraron sus ojos

(de Gustavo Adolfo Bécquer )

Cerraron sus ojos,
que aún tenía abiertos;
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
y otros en silencio,
de la triste alcobavtodos se salieron.

La luz, que en un vasovardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y a su albor primero,
con sus mil ruidos,
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterios,
de luz y tinieblas
medité un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

Gustavo Adolfo Bécquer


A COLÓN


(Rubén Darío)

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Un desastroso espíritu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.

Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.

Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.

Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.

Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!.

Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!

Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.

¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!

Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.

Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.

La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.

Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.

Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!