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El primer "Museo de la Emigración" de Europa abre sus puertas en Alemania
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por Víctor Ruiz

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Los hispanos no son los únicos que han padecido los rigores de la emigración. Uno de los países más ricos del mundo, Alemania, cree que es necesario y sano recordar que millones de sus compatriotas, por razones que van desde el hambre y la persecución, a la ambición, se embarcaron en esa difícil aventura. Para ello acaban de inaugurar un museo o Casa de la Emigración (Auswanderer Haus en alemán) en Bremerhaven, puerto que debe mucho de sus orígenes a la avalancha migratoria hacia América que se produjo a partir del primer tercio del siglo XIX. La leyenda a la puerta del Museo dice así: "Unos 7 millones de personas partieron desde aquí hacia un mundo desconocido".



Interior del Museo, donde se recrean las condiciones de la partida a la emigración desde el puerto de Bremerhaven (Alemania).

Y sin duda esa es la sensación que quieren recrear: la partida hacia la incertidumbre, una experiencia sin la cuál no se puede comprender suficientemente lo que significa el hecho de emigrar y la inquietud que se padece en tal situación. El visitante tiene en este museo, la oportunidad de hacer un recorrido parecido al de los emigrantes de antaño: las misma cola en el inhóspito frío portuario, rodeado por equipajes sin dueño, una última mirada al subir por la escalerilla, para acabar apretujado en una cabina de tercera clase, donde puedes conocer la historia de una persona que hizo ese viaje en otro siglo (entregándote la identificación y biografía de una de entre 15 personas cuya memoria se recrea en la cabina).

Una de esas 15 "fichas" es la de Johann Nikalaus, granjero de 18 años que salió de Bremerhaven en1848. Otra es la de Hertha Nathorff, sobrina de Albert Einstein, quien huyó de la persecución nazi en 1939.

"Queremos que la gente joven sepa sobre quienes dieron este paso, dejando sus casas para ir a un mundo desconocido, en un viaje del que quizá no habría vuelta", dice arquitecto del Museo Bremerhaven, Andreas Heller, quien parece haber logrado el ambiente para que el visitante cambie esa idea abstracta que puede ser la emigración para quien no la emprendió, por una experiencia real y tangible.

Quizá el periodo de mayor intensidad migratoria desde los puertos alemanes comienza en 1933 con a llegada al poder del partido Nazi. Las persecuciones por razones de política o de raza empujaron a muchos a abandonar el país antes de la 2ª. gran guerra. En numerosos casos se trataba de artistas, intelectuales y científicos que fueron bien recibidos, en especial por EEUU. En la lista de esta "fuga de cerebros" se cuentan Wernher Von Braun, padre de la aeronáutica espacial, Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad y artistas como Marlene Dietrich. Personalidades como éstas contribuyeron a dar un enorme impulso al país de adopción.

Existe en Nueva York un Museo de la Inmigración de la Isla de Ellis, aunque versa precisamente sobre la experiencia opuesta, contando la dramática historia de la llegada. Faltaba contar la historia, quizá más desgarradora, de la despedida. Sin comprender bien esa situación, no es posible entender el desarraigo de los que todavía siguen llegando a los países ricos -EEUU, Alemania, entre otros- dejando atrás sus hogares. Y sin conocer ese desarraigo, no es posible conocer las propias raíces de quienes se consideran ciudadanos de "primer orden" en un país: olvidan que sus antecesores pasaron por esa misma experiencia.

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