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Historia de la Iglesia

VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO

por Isaías A. Rodríguez

NOTA: Esta Historia de la Iglesia es sólo un resumen de la misma, apto para clases de formación de líderes, y para un rápido repaso de los momentos más importantes de la historia eclesiástica.

PRIMERA PARTE

La Edad Antigua (siglos I-VII)
La Iglesia en el mundo grecorromano

I. La Iglesia y los apóstoles

La Iglesia, como comunidad de salvación, nace en la Pascua de Cristo, cuando él "pasa" de este mundo al Padre (Jn 13,1). Cristo, surgiendo triunfante del sepulcro, crea "la nueva humanidad" (Efe 2,15) con esperanza de salvación. Pero el toque de consagración eclesial lo recibirán los apóstoles el día de Pentecostés ante la gran efusión carismática, "se llenaron del Espíritu Santo" (Hch 2,4). Los apóstoles se lanzaron a todas las partes del mundo, con el mensaje de una nueva comunidad de amor. En poco tiempo se formaron grupos compactos con un mismo sentir y vivir (Hch 4,32).

La comprensión del mensaje de Jesús y del misterio eclesial resultó difícil desde el principio. Un problema que empezó a preocupar a los apóstoles fue el de las conversiones. El mensaje de Cristo, ¿era universal o particular? ¿Había que bautizar a todos o sólo a los del pueblo judío? Por otra parte, ¿era necesario que los gentiles se convirtieran al judaísmo para hacerse cristianos, o no? Para resolver la cuestión se convocó el concilio de Jerusalén (49d.C.). Pedro, Pablo, Santiago y Juan se reúnen para discutir el problema. Santiago, encargado de la comunidad de Jerusalén, defendía a los judaizantes que abogaban por que los gentiles pasaran antes por el judaísmo para llegar al cristianismo. Pedro y Pablo estaban en contra y prevaleció su opinión. Más aún, los judíos cristianos no tenían que cumplir la ley mosaica.

El concilio de Jerusalén abrió las puertas a los apóstoles para lanzarse, en afán misionero, a todas las partes del mundo conocido. Pablo recorrió toda Asia Menor, Grecia, y Roma. Pedro llegó a Roma. Juan se estableció en Asia Menor, Tomás en la India, Bartolomé en Persia, Felipe en Frigia, Mateo en Etiopía, Marcos en Alejandría. Sin embargo esto no hay que aceptarlo a ciencia cierta; las comunidades cristianas más pujantes, en los centros más importantes, tenían a honor demostrar su origen apostólico, pudiendo ser el motivo para atribuir su presencia.

Ya desde los mismos orígenes se formó una jerarquía eclesiástica que quedaba delineada de esta manera: apóstoles, obispos, sacerdotes o presbíteros, y diáconos.

II. Las persecuciones


Los romanos eran tolerantes en materia religiosa. Permitían a los pueblos sometidos practicar su fe religiosa. Pero exigían a los cristianos adorar también a los dioses romanos, sobre todo al emperador. Los cristianos rehusaban lo uno y lo otro, por ello fueron acusados de traición al Imperio y de ateísmo. Al celebrar los cristianos la Eucaristía en secreto y en casas privadas se les acusó fácilmente de inmoralidades horrorosas, incluso de canibalismo.


Nerón (54-68). Al parecer con Nerón empezó la primera persecución. Se acusó a los cristianos del incendio de Roma. En esa persecución murieron Pedro y Pablo. Desde este momento el cristianismo quedó prohibido por el estado. A momentos de persecución seguían otros de relativa calma.

Trajano (98-112). Durante su mandato, practicar el cristianismo era un crimen.

Decio y Valerio también desataron persecuciones entre los años 249-260.

Diocleciano (284-305). Condujo la última y más terrible persecución. Exigió a todos los ciudadanos inmolar sacrificios. Se buscaba a los cristianos. Algunos apostataban, otros murieron por la fe. "La sangre de los cristianos es la semilla de la Iglesia", dijo Tertuliano.

Constantino el Grande (306-337). En 313 publicó el Edicto de Milán por el cual se concedía tolerancia a los cristianos, se les devolvía la tierra usurpada durante las persecuciones y en cierto modo se protegía al cristianismo. Cometió el error del "cesaropapismo" o intromisión en los asuntos eclesiásticos. Se bautizó al final de su vida. Conservó el título de Pontífice Máximo. El paganismo permaneció como religión oficial del estado.

Graciano (375-383). Renunció al título de Pontífice Máximo. Privó al paganismo de todo apoyo estatal.

Teodosio I (379-395). En 380 bajo ley imperial, declaró al cristianismo la religión oficial del Imperio romano y prohibió los sacrificios paganos. La Iglesia ya no era la comunidad pequeña de fervientes cristianos, sino la religión del poderoso Imperio romano.

Las catacumbas. No fueron como se cree, lugares de refugio durante las persecuciones, sino cementerios. Durante la persecución de Diocleciano, los cristianos llenaron las catacumbas de tierra para evitar la desacralización de las tumbas. En los años 313-410 las catacumbas más importantes fueron descubiertas, decoradas y usadas como capillas. Los símbolos más importantes son: la viña (Cristo), el buen Pastor (Cristo), el áncora (la cruz), el pez (Cristo), la paloma (el Espíritu Santo), el pavo real (la vida eterna), el cordero (Cristo), etc. Desde el Saco de Roma por Alarico (410), hasta los siglos VIII y IX, los cristianos abandonaron la costumbre de enterrar en las catacumbas, por miedo a que las destruyeran. Poco a poco se olvidaron de ellas hasta que fueron redescubiertas en el siglo XVI por arqueólogos romanos.

El cesaropapismo consistió en la intromisión de los emperadores en el gobierno interno de la Iglesia. Imponían su visión teológica sobre problemas doctrinales. Obligaban a los clérigos a firmar fórmulas teológicas de acuerdo a su opinión. Exiliaban a los obispos o los mataban si no estaban de acuerdo.

III. Las herejías

Herejía es la negación voluntaria de una o varias afirmaciones de la fe.

A. Primeras herejías:

1. Sincretismo: ideas paganas mezcladas con las cristianas.

2. Gnosticismo: uno se puede salvar mediante un conocimiento místico especial de Dios. Ponían en peligro la obra salvadora de Cristo. Mezclaban doctrinas paganas y judías con cristianas. Eran dualistas.

3. Marcionismo: rechazó el A. Testamento, dijo que su Dios no era el mismo que el del N. Testamento.

4. Montanismo: el fin del mundo está cerca. Hay que prepararse con mucha penitencia. 5. Maniqueísmo: hay dos principios creadores, uno bueno y otro malo.

B. Herejías disciplinarias:

1. Novacianismo: el que reniega de su fe no puede ser perdonado aunque se arrepienta.

2. Donatismo: los sacramentos administrados por un obispo o sacerdote en pecado mortal no son válidos.

3. Pelagianismo: negaban el pecado original. El hombre sin la ayuda de la gracia divina puede salvarse.

C. Herejías cristológicas:

1. Arrianismo: Cristo no fue verdadero Dios, sino una criatura especial de Dios. Contra Arrio, concilio Niceno, 325.

2. Nestorianismo: en Cristo hay dos personas: una divina y otra humana. María fue madre de la humana. Contra Nestorio, concilio de Efeso, 431.

3. Monofisismo: sólo hay una persona en Cristo pero la naturaleza humana está diluida en la divina. Cristo no era verdadero hombre. Concilio de Calcedonia, 451.

D. Los Padres de la Iglesia. Para ser reconocidos como tales se requieren las siguientes características: su doctrina no debe ofrecer duda sobre las verdades de la fe, se debe haber distinguido por su santidad, debe haber vivido en Occidente antes de la muerte de san Gregorio el Grande (604) y en Oriente antes de san Juan Damasceno (753), sus obras deben haber sido aceptadas por la Iglesia. Algunos Padres reciben el título de Doctores de la Iglesia por su especial actitud de educadores en la fe.

1. Padres apostólicos: (70-150). Sus enseñanzas son importantísimas pues estuvieron en contacto con los mismos apóstoles o con sus discípulos.
a. San Clemente: Carta a los corintios.
b. San Ignacio de Antioquía: Carta a los romanos.
c. La Didajé, obra anónima pero de extraordinaria importancia.

2. Apologistas: (s. II-III). Apología es una defensa de algo o de alguien. Los apologistas defendían a los cristianos y a la fe cristiana.
a. Cuadrato, Arístides, Traciano, Justino Mártir, Atenágoras, Municio Félix, Meliton.
b. Los más importantes son san Irineo y Tertuliano.

3. La edad de oro de los Padres:
a. En Oriente se formaron dos escuelas importantes:
- Escuela de Alejandría (platonismo): santos: Eusebio de Cesarea, Atanasio, Basilio, Gregorio de Nisa.
- Escuela de Antioquía (aristotelismo): el más importante, san Juan Crisóstomo.
b. En Occidente no hubo escuelas. Los más importantes son: san Jerónimo (347-419), san Ambrosio (340-397), san Agustín (354-430), san Gregorio el Grande (590-604).

IV. La conversión de los bárbaros


A. Las invasiones de los bárbaros. Se llamaban bárbaros a los pueblos germánicos y orientales que por razones climáticas, por el incremento demográfico y por su espíritu de aventura, se vieron obligados a invadir toda Europa. Los pueblos más famosos fueron: los hunos, los godos, los visigodos, los ostrogodos, los vándalos, los francos, los lombardos. Las invasiones acaecieron en los siglos V y VI; con esos pueblos y con todo el cambio que supusieron se originó una época nueva en la historia: la Edad Media.

B. Efectos de las invasiones para la Iglesia. Los bárbaros no respetaban arte ni cultura alguna. Saqueaban y destruían las iglesias. Algunos de estos pueblos habían sido convertidos al cristianismo por un arriano, Ufilias (311-383). Esto perjudicó en gran manera la conversión de los pueblos. La Iglesia se vio en la responsabilidad de salvar la cultura y de convertir a estos pueblos bárbaros.
El papa León I el Grande (440-461) salvó a Roma en dos ocasiones: la primera con motivo de la invasión de los hunos (452) al acercarse Atila a Roma; la segunda con la invasión de los vándalos, cuando se acercaron a la ciudad al mando de Genserico (455), el papa le suplicó que respetara las basílicas.
Estos hechos dieron pie al nacimiento del poder temporal de los papas, apoyado por el pueblo ante las hazañas logradas. Este papa estableció el principio de que el poder espiritual está sobre el temporal. San Ambrosio de Milán aclaró y difundió esta doctrina que adquiriría su máxima influencia en los años de la Edad Media

C. El monacato. El monacato contribuyó en gran manera a conservar la fe cristiana. En un principio no estaba regulado por ley alguna, ni los monjes vivían en comunidades. Se originó en el Oriente y era muy riguroso. San Simón Estilita (459) se encadenó a una roca, cosa que le prohibió su obispo. Pasó el resto de su vida encaramado en una columna, a diez metros de altura. San Antonio de Egipto (356) es el prototipo de la vida monástica.

D. El cenobio monástico. Se vive en comunidad. El verdadero fundador fue san Pacomio (290-345). Nació en Egipto, fue superior de nueve monasterios y escribió una regla para ellos. San Basilio el Grande (329-379) llevó la vida monacal al máximo esplendor. Su regla fue notable en moderación. Había equilibrio entre trabajo y oración, y recomendaba el estudio de la Escritura. Su regla sigue en pie hasta el presente.

E. El primer monacato occidental. San Jerónimo y san Ambrosio fueron prontos exponentes de la vida monástica. San Agustín fundó casas para hombres y mujeres y les dio una regla.
En Francia, san Hilario, san Martín de Tours y san Casiano dieron fuerte empuje a la vida monástica, aunque con mucho sabor oriental que no se acomodaba al espíritu de Occidente.
San Benito (480-547) fue el verdadero fundador del monacato occidental. Nacido de buena familia, educado en Roma, de joven decidió consagrar su vida a Dios. Famoso por su piedad le siguieron muchos y pronto estableció el primer monasterio en el lugar de un antiguo templo pagano, Montecasino. Aquí compuso la gran regla. En el prólogo escribió: "Debemos formar una escuela de servicio divino en la cual no se establezca nada demasiado riguroso". Los monasterios deberían mantenerse a sí mismos con el trabajo.

F. Significado del monacato. Fue extraordinario, pues aunque el fin primario de los monjes era su propia salvación, las obras que realizaron de caridad y en favor de la cultura fueron enormes. Con Casiodoro (475-570) aparecen los escribanos que salvarían innumerables obras transcribiéndolas. Pero tal vez la mayor gloria fuera la conversión de toda Europa invadida por los bárbaros.

G. Conversión de Occidente.

1. Irlanda. San Patricio (385-461) nació en Inglaterra y fue educado en el cristianismo. Irlanda fue el primer pueblo en convertirse totalmente al cristianismo. Se estableció un catolicismo austero y la vida monástica se practicaba en todo rigor.

2. Italia. Teodorico reinaba entre los ostrogodos. Fueron dominados por Justiniano (535) emperador de Bizancio. Justiniano impuso su autoridad sobre el papa en muchas ocasiones.

3. Norte de Africa. Los vándalos persiguieron y mataron a casi todos los cristianos y ellos nunca se convirtieron al cristianismo. Con el surgir del mahometismo, Africa del Norte no conoció la conversión al cristianismo.

4. España. Reinaban los visigodos. Pero aquí la suerte fue grande. Leovigildo, rey visigodo, empezó la persecución religiosa en 584. Su hijo Hermenegildo se había convertido al catolicismo; con todo, su padre lo mandó matar. Leovigildo se arrepintió de su crimen. Recaredo, sucesor de Loevigildo (589), movido por el valor y ejemplo de su hermano Hermenegildo, abandonó la fe arriana y seguido de gran número de soldados aceptó el cristianismo.

5. Francia. Reinaban sobre los francos Clodoveo, pagano, y su mujer Clotilde, ya convertida al cristianismo. En la batalla contra los "alemanes", Clodoveo suplica al Dios de su esposa y obtiene la victoria. Es bautizado en 496 por san Remigio. Clodoveo siguió con una vida poco ejemplar. Por otra parte, quiso imponer el cristianismo a la fuerza. Nombró obispos y abades que dejaban mucho que desear.

6. Inglaterra. Se cree que el cristianismo llegó a Inglaterra con las legiones romanas, porque para el año 314 tres obispos británicos estuvieron presentes en el concilio de Arlés celebrado en Francia. Hacia el año 410 las legiones romanas se retiraron de Bretaña dejando campo abierto a nuevos invasores, los sajones, los anglos y los jutos. Estos arrollaron con la organización cristiana y durante ciento cincuenta años la Iglesia británica quedó casi destruida. Mas el cristianismo volvería a revivir por obra de san Columbano, monje irlandés, quien con doce compañeros desembarcó en una islita, llamada Iona, al oeste de Escocia en 563. Allí erigió un monasterio que se haría famoso como centro de santidad y alivio de pobres y menesterosos. Siendo papa Gregorio el Grande (590-604) envió a Inglaterra a san Agustín de Cantórbery y a cuarenta monjes benedictinos, quienes realizaron una labor misionera definitiva en favor del cristianismo.

7. Alemania. Los benedictinos ingleses jugaron un papel decisivo en la conversión de Alemania. San Willibrord convirtió la parte holandesa y san Wynfrith, conocido por san Bonifacio (680-753), llevó a cabo la conversión del país.

8. Europa del Este. Los pueblos eslavos fueron convertidos por los santos Cirilo y Metodio: Polonia, Bulgaria y Hungría.

SEGUNDA PARTE

La Edad Media (VII-XIII)
El tiempo del Sacro Imperio Romano y del clericalismo

I. El Imperio Carolingio


Carlomagno, a la muerte de su padre Pepino, se proclamó rey de los francos (Francia). A los 26 años de edad demostró una habilidad extraordinaria para gobernar. Unió y consolidó pronto a toda la Europa Occidental y Central. Fue sincero y devoto cristiano. Estableció al papa como Señor de Roma.

El año 800, durante la misa de Navidad, el papa León III coronó a Carlomagno mientras la gente gritaba: "Viva Carlomagno, el grande y pacífico emperador de los romanos, coronado de Dios". Carlomagno fue un gran defensor de la causa cristiana y también se interesó por la cultura. Decretó que toda catedral y todo monasterio debían tener una escuela adjunta y abierta, no sólo para los sacerdotes sino para todo el público. Alcuino fue el escritor más famoso de este movimiento cultural.

Con Luis el Pío (814-840) el Imperio fue a la ruina.

II. El feudalismo

Durante los siglos IX y X nuevas invasiones: el Islam.

Apenas nadie durará de la fuerza expansiva del islamismo. Nació entre las tribus árabes, que hasta entonces (hacia el 600 d.C) habían vivido en el politeísmo. Tal vez hubieran abrazado la fe cristiana, que había llegado ya hasta sus fronteras; pero por estos años apareció Mahoma (Mohamed), oriundo de La Meca, en Arabia. Mahoma se basa en las visiones que había recibido, en una cueva próxima, nada menos que del mismo Dios (Alah). Éstas lo persuadieron de que él mismo era "el sello de los profetas", el que culminaría definitivamente las revelaciones de Dios desde Abrahán hasta Jesús.

El meollo de su doctrina está en la absoluta unidad, la unicidad y el poder de Dios. El libro en que consignó sus revelaciones se llama Corán, que se considera como literalmente dictado por Dios. Los deberes religiosos del Islam son: 1. Reconocer a Alah como único Dios. 2. Recitar cinco veces al día una oración en dirección a La Meca. 3. Dar determinada limosna a los pobres. 4. Ayunar durante el mes de Ramadán desde la salida a la puesta del sol. 5. Hacer una peregrinación a La Meca por lo menos una vez en la vida. La música y las imágenes están prohibidas en el culto. El deber de la guerra santa no incumbe al musulmán particular, sino a la comunidad, si la situación lo exige. El que muere en la guerra santa va derecho al paraíso. Las otras personas buenas entran en él al fin de los tiempos. El año 622 marca el comienzo de la era musulmana.

Puesto que el gobierno imperial se encontraba impotente para proteger y ayudar en medio de tanta invasión bárbara y árabe, la gente recurría al noble local. Así surgió el "feudalismo". La gente donaba sus bienes a los nobles a cambio de protección.

III. El feudalismo en la Iglesia

Muchos monasterios se refugiaron en la protección de los nobles. El noble se convirtió en dueño del monasterio con influencia perniciosa a la hora de nombrar superiores y abades. Los abades se ocuparon de enriquecer a los monasterios y olvidaron la vida monacal. La inmoralidad creció.

Todavía fue peor la decadencia de los obispos. Reyes y nobles nombraban obispos según su conveniencia; incluso los investían en su oficio a pesar de que la ley eclesiástica expresamente lo prohibía y establecía que los obispos debían ser elegidos por los sacerdotes de la catedral. Así sucedió que muchos obispos se dedicaban más a asuntos políticos que a religiosos. Todos cuanto ambicionaban un episcopado prometían de antemano cosas indignas o injustas, o bien lo compraban sencillamente a precio de oro. Esto era tan ordinario, que solía hacerse notarialmente, sin el menor escrúpulo. Así vemos que en 1040, viviendo todavía el obispo Amiel de Albi, un tal Guillermo aspira a esta sede para cuando el obispo muera; el vizconde Bernardo accede a la petición y levanta acta notarial, entregándole el obispado a cambio de 5.000 sueldos de oro, de tal forma que Guillermo lo posea durante su vida, ora reciba él la consagración episcopal ora haga que se consagre otro en su lugar. De hecho sabemos que Guillermo llegó a ser obispo de Albi. De su sucesor, Frotard, consta que pagó por el mismo obispado quince caballos de gran precio.

El obispo que así entraba en la diócesis se endeudaba, y para pagar a su acreedor vendía curatos, diaconías y demás beneficios, al mejor postor, y exigía cantidades injustas de dinero por conferir las órdenes sagradas, administrar los sacramentos, etc.; y aun se atrevía a vender tablas de pinturas, cruces, relicarios, cálices, patenas y otros objetos de culto. El resultado era una cadena interminable de pecados de simonía.

Lo mismo sucedió en las parroquias. La mayoría de las iglesias rurales eran de fundación privada y, por consiguiente, propiedad de un señor, el cual designaba el sacerdote que debía vivir a su servicio en aquella posesión. Así aparecieron sacerdotes sin preparación ni vocación.

Este era el mal conocido con el nombre de la investidura, que estaba relacionado, como se ha indicado, con la simonía.

IV. El papado

La decadencia llegó al papado. Nicolás I (858-867) fue el último papa digno de su cargo. Después de él, las familias nobles de Roma se peleaban por el cargo. Las familias más famosas fueron: los teofilactos, los crescencios, los tusculanos, los frangipani, los pierleoni. Entre 867-1048 nueve papas, de los cuarenta y cuatro que reinaron, murieron violentamente. Muchos papas fueron hombres inmorales. Algunos de ellos, elegidos como tales en edad juvenil, carecían de espíritu religioso y eclesial. Así que se dieron asesinatos, hijos ilegítimos de papas que llegaban a ser papas, como el papa Juan XI, hijo ilegítimo del papa Sergio III.

En vez de entrar en detalles será mejor citar lo que el historiador Villoslada escribe al iniciar la historia del siglo décimo. "Al llegar al año 900, el analista Baronio no sabe cómo designar al siglo X, siglo de barbarie entronizada en la ciudad civilizadora del mundo, siglo de torpezas y crímenes, de calamidades y miserias, de horror y desolación, y lo califica de Saeculum ferreum (siglo de hierro), por su aspereza y esterilidad; plumbeum (de plomo), por la deformidad de sus males. Y Pagi no acierta a ponderar los vicios de aquella edad, la decadencia universal de los monasterios y la falta de santos y varones ilustres".

El papa Juan XII (955-964) llevó el papado a la mayor decadencia. Tenía 18 años cuando asumió el cargo. Para librarse de sus muchos enemigos se buscó un protector en el rey de Alemania, Otón I, nombrándole emperador romano. Sin embargo el papa le traiciona buscando ayuda en húngaros y griegos para que expulsaran a Otón del suelo italiano. El emperador va a Roma, y mientras el papa huye a Tívoli, un sínodo romano presidido por el emperador juzga y depone a Juan XII (963). Un testigo presente en el juicio ha consignando todos los crímenes de que acusaron al papa: celebrar la misa sin comunión, ordenar a destiempo y en una cuadra de caballos, consagrar simoníacamente a algunos obispos y a uno de edad de diez años; otros sacrilegios: hacer de su palacio un lupanar a fuerza de adulterios, dedicarse a la caza, haber cometido la castración y asesinato de un cardenal, haber producido incendios armado de espada y yelmo, beber vino a la salud del diablo, invocar en el juego a dioses paganos, no celebrar maitines ni horas canónicas, no hacer la señal de la cruz. El historiador Villoslada apunta, "no vayamos a creer ingenuamente todas estas acusaciones".

Otón I prometió que en el futuro todo papa debía ser elegido con su consentimiento. Los ciudadanos romanos estaban furiosos con semejante intrusión, ya que en el pasado el clero y el pueblo de Roma habían elegido a obispos y a papas a su antojo.

En general, los papas y los emperadores se dieron la mano una y otra vez para asegurarse mutuamente el poder. Esto sucedió no sólo en el siglo de hierro, sino a través de toda la historia.

Tan oscuro estaba el panorama espiritual que al acercarse el año 1000 cundió entre la gente la idea de que el fin del mundo estaba marcado por ese año. Apareció el milenarismo.

V. La reforma medieval


En 910 el abad Beno fundó un monasterio en Cluny (Francia) bajo la protección del duque Guillermo de Aquitania. Cluny estaba libre de toda autoridad seglar. El abad tenía pleno poder en el monasterio. La regla de san Benito se practicaba fielmente. La vida religiosa floreció. Otros monasterios se sometieron fielmente al liderazgo de Cluny. Cluny fue un centro cultural y artístico de primer orden.

Puntos que deseaban reformar. La simonía, el casamiento de clérigos, la investidura.

VI. La reforma del papado

Con el papa san León IX (1049-1054) llegó de nuevo la dignidad al papado. Se rodeó de hombres expertos y responsables que le ayudaran a reformar la Iglesia. Su sucesor, Nicolás II (1059-1061), siguió el ejemplo y estableció que sólo el Colegio Cardenalicio podría nombrar papa. Esto resultaba una novedad con relación a tiempos anteriores.

El papa Gregorio VII (1073), antes, monje Hildebrando, fue tal vez, el más enérgico reformador. Fue nombrado por aclamación del pueblo y aprobado como papa por los cardenales. En el período de dos meses fue ordenado sacerdote, consagrado obispo y elevado al papado. En ese momento el espectáculo que presentaba la Iglesia occidental era lamentable. Se propuso terminar con la simonía, la investidura y establecer el celibato sacerdotal. Papas anteriores habían intentado estas reformas pero no lo habían conseguido. Gregorio VII logró algunas de ellas. En el asunto del celibato encontró la oposición del clero. Tan arraigada estaba la práctica del matrimonio de los sacerdotes que, cuando el papa promulgó un decreto queriendo establecer el celibato, los sacerdotes bramaron de coraje contra el decreto del papa, acusando a éste de hereje, pues iba claramente contra las palabras del Señor: "No todos son capaces de ello" (Mt 19,11), y contra las del Apóstol: "Mejor es casarse que abrasarse" (1 Cor 7,9), y alegaban que antes abandonarían el sacerdocio que el matrimonio.

Con relación a la investidura convocó un concilio en Roma en febrero de 1075 y, después de excomulgar a varios obispos, declaró: "Cualquiera que en lo sucesivo reciba un obispado o abadía de mano de una persona seglar no será tenido por obispo o abad. Perderá la gracia de san Pedro y no podrá entrar en el templo. Igualmente, si un emperador, duque o marqués, conde o cualquier otra autoridad osare dar la investidura de un obispado o de otra dignidad eclesiástica, sepa que incurre en idénticas penas".

Esto suponía enfrentarse a todos los que esclavizaban a la Iglesia y especialmente a Enrique IV de Alemania, emperador a quien excomulgó por haber depuesto al legítimo obispo de Milán." El emperador pidió perdón y se le otorgó, pero la actitud de éste no cambió. El papa lo excomulgó de nuevo en l080. Enrique vino con un ejército a Roma, capturó al papa y lo llevó al exilio, donde murió en l085.

Muertos Gregorio VII y Enrique IV, la lucha continuó, pero en 1122, cansados de tanta pelea, se llegó al Concordato de Worms, firmado por el emperador Enrique V y el papa Calisto II. La controversia de las investiduras quedó resuelta así: los obispos serían elegidos por los sacerdotes de la catedral; el emperador podía estar presente en las elecciones pero sin tomar parte.

VII. El cisma oriental

Hasta el presente, la Iglesia había superado, más o menos, todos los males derivados de las invasiones bárbaras y del feudalismo. Pero apareció un problema tal vez mayor: el cisma oriental. La separación entre la Iglesia de Occidente y la que crecía a la sombra de Bizancio.

Causas del cisma:
1. a. El imperio romano en Oriente no había caído aún y por ello ejercía rígido control sobre la Iglesia.
b. Las relaciones entre el papa y el emperador no eran cordiales, y empeoraron cuando el papa coronó a Carlomagno (800).
c. Los emperadores de Oriente intervenían en asuntos estrictamente espirituales y obligaban al papa a aceptar sus decisiones.

2. Los bizantinos, de ascendencia principalmente griega, tenían una cultura muy elevada, consideraban a los occidentales como bárbaros y renunciaban a obedecer al papa.

3. Principales diferencias en la práctica religiosa: en Oriente usaban el griego en la misa, en Occidente el latín. En Oriente los sacerdotes podían casarse, etc.

4. La causa próxima y última del cisma: en el siglo noveno el emperador bizantino Bardas destituyó al patriarca de Constantinopla y nombró en su lugar a un cierto Focio (867). El papa rechazó el nombramiento. El emperador convocó un concilio y excomulgó al papa. Sin embargo, la ruptura final no llegaría hasta el siglo XI con Miguel Cerulario (1043-1054). Las causas de la ruptura final -además de las apuntadas- no se conocen con certeza, pero se sabe que rechazaba algunas prácticas de la Iglesia Occidental como el uso del pan sin levadura para la eucaristía.

VIII. El iconoclasmo


El emperador Oriental León II (717-740) probablemente bajo la influencia musulmana, determinó que la veneración de las estatuas y del arte religioso era pecado. Así empezó la destrucción de las imágenes sagradas. San Juan Damasceno fue quien más luchó en favor de la veneración de las imágenes. Trató de resolverse la cuestión en el concilio de Nicea II (787), declarando al iconoclasmo una herejía, pero sólo en el concilio de Constantinopla (843) se dio fin a la persecución de las imágenes.

IX. La práctica espiritual

El período que va del siglo XI al XIV determina en líneas generales la Iglesia moderna.

A. Sacramentos:

1. El bautismo. Se abandona la práctica de inmersión, a favor de la aspersión y del uso de las pequeñas fuentes.

2. La comunión. No se da a los recién bautizados como se hacía antes. El sacramento se recibía pero no con tanta frecuencia como antes. El concilio Laterano 1215 obligó a comulgar por lo menos una vez al año, so pena de excomunión. Se desarrolla la adoración a la eucaristía, la costumbre de reservar la hostia en el tabernáculo, las procesiones, etc.

3. La confesión. El concilio Laterano decreta que los sacerdotes deben guardar el secreto de confesión y obliga a los fieles a confesar al menos una vez al año.
Se incrementan las penitencias, ayunos, flagelaciones y peregrinaciones. En el siglo XIII se extendió tanto la costumbre de dar indulgencias que el papa Inocencio III privó a los obispos del derecho de dar indulgencia plenaria, reservándolo a la Santa Sede.
El primer año santo fue proclamado por Bonifacio VIII en 1300 cuando se prometió indulgencia plenaria a todos los que visitaran la Ciudad Eterna y cumplieran las condiciones prescritas.

4. El matrimonio. Tomó la forma actual y se formularon los impedimentos.

B. La Virgen María. Gran florecimiento de la devoción mariana. Se levantan iglesias en su nombre, se hacen peregrinaciones a santuarios. Los carmelitas, franciscanos, los dominicos, propagaron la devoción mariana. San Bernardo de Claraval y san Buenaventura desarrollaron la teología mariana.

C. El papado. Desde tiempo inmemorial habían sido elegidos por los clérigos con el consentimiento del pueblo y los nobles. En los siglos VII y VIII la aristocracia romana comenzó a intervenir y a imponer candidatos según sus intereses. Para terminar con esos abusos el papa Nicolás II determinó en 1059 que los papas serían elegidos exclusivamente por el Colegio de Cardenales, compuesto de obispos, sacerdotes titulares y diáconos.

X. Las cruzadas

El período que va de finales del siglo XI a finales del siglo XIII es conocido como el período de las cruzadas. También se conoce a estos siglos con el nombre de la Alta Edad Media y es cuando esta época de la historia llegó a su apogeo.

Las cruzadas fueron movimientos religiosos y militares, iniciados por los papas para recobrar la Tierra Santa. Se prometieron beneficios a cuantos tomaran parte en las "peregrinaciones". Se dieron muchos abusos humanos por parte de los cruzados, contagiados, de egoísmo, de lujuria, de afán de gloria.

La idea de las cruzadas tuvo su origen en España, cuando los cristianos de esos reinos, empezaron a utilizar esta idea como medio para expulsar a los moros. Los papas invitaban a los caballeros de Europa y concedían indulgencias si participaban en la liberación de la península.

El 18 de noviembre de l095 el papa Urbano II anunció en el concilio de Clermont en Francia una cruzada contra los turcos que, además de ocupar la Tierra Santa, ponían en serio peligro el Imperio Bizantino. La respuesta del pueblo fue enorme: "Dios lo quiere". Se armaron de emblemas con la señal de la cruz y se lanzaron en incontrolada aventura personas de toda clase y, sin preparación. Fueron aplastados por los turcos.

En 1096 partió la primera cruzada organizada, bajo el comando de cinco barones procedentes de Flandes, Francia, Normandía, Toulouse-Francia e Italia. Debían reunirse en Constantinopla. El emperador Alexio I los recibió con alegría, aunque no sin cierto temor debido al ingente número de cruzados. Les hizo prometer que si recuperaban las tierras usurpadas a su imperio por los musulmanes, se las devolverían a él.

Después de enormes peripecias, los ejércitos llegaron por fin a Jerusalén, cercaron la ciudad durante 39 días, hasta que finalmente cayó en el asalto, el 15 de julio de 1099. Se había recuperado la Ciudad Santa, perdida bajo el emperador bizantino Heraclio en el siglo VII. Los cruzados mataron a musulmanes y judíos que se hallaban en la ciudad. Se estableció el reino de Jerusalén con régimen feudal.

Aparecen las órdenes militares: templarios, hospitalarios, caballeros teutónicos.

El gran predicador de la segunda cruzada (1146) fue san Bernardo de Claraval, una de las figuras más grandes del siglo XII, que dominó a la Iglesia y al estado desde su monasterio cisterciense y fue consejero de reyes y papas, y árbitro de la paz europea. Esta cruzada fue un desastre, por falta de entendimiento y planificación.

El rey turco Saladín, proclamó a su vez una guerra santa contra los cristianos y reconquistó Jerusalén (1187). Los reyes europeos se levantaron para reconquistar la Ciudad Santa. Esta tercera cruzada (1187) recibió el nombre de "cruzada de los reyes", pero fue un fracaso total. El rey Federico Barbarrosa de Alemania, murió antes de llegar, ahogado en una corriente de agua. Felipe II de Francia y el inglés Ricardo Corazón de León de Inglaterra eran enemigos y no pudieron entenderse.

Los cruzados de la cuarta cruzada fueron a conquistar Constantinopla (1204); establecieron el "reino latino". Se intentó reconciliar a Oriente con Occidente, pero los cruzados trataron mal a los orientales, con ello incrementaron el odio hacia Occidente cuando los griegos reconquistaron Constantinopla en 1261.

La quinta cruzada de 1215 fue otro desastre. En la sexta y séptima cruzadas, a pesar de ser dirigidas por san Luís de Francia, no se conquistó nada. El movimiento de las cruzadas acabó definitivamente en 1291.

Las cruzadas fueron un desastre militar. Fueron en su momento, un testimonio de la fe y del celo religioso de Europa. Hoy las vemos bajo diferente perspectiva y no andamos muy a favor de ellas.

Algunas lumbreras de la Edad Media: santo Domingo de Guzmán (1210), español, fundador de la orden de los dominicos. San Francisco de Asís (1182) fundador de los Hermanos Menores (1210). San Buenaventura (1221-1274), titulado "Doctor seraficus". San Alberto Magno (1193-1280), "Doctor universalis". Santo Tomás de Aquino (1225-1274), "Doctor angelicus". Dante Alighieri (1265-1321), escritor de "La Divina Comedia".

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TERCERA PARTE

La Edad Nueva (XIV-XVII)
La Iglesia en los siglos de las reformas y de los grandes descubrimientos


La Edad Media concluye con el siglo XIII. La Edad Nueva está marcada por el nacionalismo, el subjetivismo y el laicismo.

I. Cambios de épocas


Europa pasó por años de transición en los siglos XIV y XV. El orden medieval se desmoronó. La Iglesia entró en crisis y decadencia.

A. Cambios económicos. La economía medieval era agraria. En el siglo XIV el comercio adquiere importancia capital. El dinero -oro y plata- se hace indispensable. La riqueza medieval, con base en la tierra, se resquebrajó. La Iglesia sufrió el cambio y hubo de buscar nuevos rumbos. Aparece el capitalismo.

B. Cambios sociales. La guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia. La Peste Negra (1348-1350) aniquiló a más de 40 millones de personas, entre ellas a muchos sacerdotes que fueron reemplazados por candidatos con deficiente formación. Aparece la clase burguesa o media y hombres de dinero que deseaban desbancar a nobles y clérigos de su posición social.

C. Cambios intelectuales. La escolástica medieval entra en decadencia. El Nominalismo (Guillermo de Ockam) afirma que entre la fe y la razón hay contradicciones y así hizo temblar el fundamento intelectual de la fe. El liderazgo intelectual cambia de rumbo, pasa del clero a la clase media. Los estudios sagrados dan paso a otros más "prácticos".

D. Cambios políticos. Cae el feudalismo como sistema de gobierno. Ya no son los nobles sino el monarca quien controla el poder. El monarca poco a poco se libera de las intrusiones papales en la política. Aparecen los nacionalismos. La gente empieza a considerarse "francesa", "alemana", "inglesa", "española", en vez de cristiana que vive en esos países.

Todos estos cambios supusieron una crisis para la Iglesia.

II. Bonifacio VIII y Felipe IV (el Hermoso) de Francia

Bonifacio VIII (1294-1303) papa arrogante y testarudo, se empeñó en mantener el poder temporal papal. Felipe IV el Hermoso, en guerra contra Inglaterra, necesitaba dinero; exigió impuestos a los clérigos. Bonifacio publicó la bula Clericis laicos por la cual determinaba que pagar tales impuestos -ilegales según la ley eclesiástica- sería incurrir en excomunión. El rey prohibió sacar dinero de Francia, con ello privaba al papa de ayuda financiera. El papa cedió a los impuestos. La pelea continuó hasta la muerte del papa en l303.

Felipe IV triunfó en sus propósitos gracias a los siguientes papas: Bendicto XI (1303-1304) y sobre todo con Clemente V (1305-14), francés; éste último permitió al rey defenderse y acusar injustamente a Bonifacio VIII. Todavía peor, Clemente permitió al rey suprimir la orden de los Caballeros Templarios y adueñarse de todas sus posesiones sin causa justificada. El poder papal se debilitó en gran manera.

III. Los papas de Aviñón

De l309-l376 los papas residieron en Aviñón, Francia. La razón de ello fue doble:

A. Después de Bonifacio VIII los cardenales fueron en mayoría franceses. Todos los papas prefirieron residir en su patria.

B. Desde 1303 los nobles de Roma pusieron la ciudad en estado caótico. En 1347, Cola di Rienzo establece allí una república. Vivir en Roma era peligroso para los papas.

En esta época, el gobierno de los papas cambió de rumbo. Perdió en democracia y ganó en dictadura. Los papas nombraban los obispos, abandonando el sistema antiguo. Inglaterra trató de resistir el cambio. Los obispos debían pagar al papado un tercio del recaudo anual; carga que recaía en el pueblo.

Entre los papas de Aviñón hubo de todo, hasta dos beatificados. Pero el papado decayó. Se criticaba sobre todo el que el dinero enviado a Aviñón se malgastaba en lujo. J. Michelet ha escrito: "Las finanzas lo llenaban todo. Eran el alfa y el omega de la administración romana. En resumidas cuentas, es la historia no tanto de un pontificado o de una soberanía cuanto de una casa de comercio". Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena, Italia, claramente recordaron a los papas que debían volver a Roma.

En l353 el papa Inocencio VI envió al cardenal Albornoz a Italia para establecer el orden. Gregorio XI entró en Roma en enero de 1377, dando fin al papado de Aviñón.

IV. El cisma de Occidente

A la muerte de Gregorio XI, los cardenales, en su mayoría franceses, eligieron a Bartolomeo Prignamo. La gente había suplicado y exigido un papa italiano. Bartolomeo tomó el nombre de Urbano VI el 18 de abril de l378. Urbano la emprendió contra los cardenales, haciéndoles la vida imposible. Por ello, los cardenales se reunieron de nuevo en Anagni, declararon inválido su nombramiento y eligieron a Clemente VII, que decidió residir en Aviñón.

La Iglesia estaba dividida. Dos papas con cardenales, obispos y clérigos nombrados de cada lado. Inglaterra, Alemania, Italia iban con el italiano. Francia, Escocia y España con el de Aviñón.

La universidad de París, entre otras soluciones, sugirió que un concilio podría resolver la cuestión. Los cardenales de los dos papas se reunieron en Pisa, Italia, en 1409 y eligieron a Alejandro V. Pero esto sólo sirvió para que se formaran no ya dos, sino tres papas. Uno en Roma, otro en Aviñón, y otro en Pisa.

El concilio de Costanza (1414-18) zanjó el asunto. Convocado bajo la protección del emperador Segismundo, depusieron al papa pisano Juan XXIII, y al de Aviñón, Benedicto XIII. Permitieron al de Roma convocar oficialmente el concilio y para luego renunciar al cargo. Eligieron a Martín V en 1417. El primer papa en 39 años reconocido por toda la Iglesia.

V. El conciliarismo


En 1324 Marsilio de Padua defendió la teoría de que un concilio está sobre la autoridad del papa y que sólo el concilio puede definir las verdaderas enseñanzas de la Iglesia. Esta teoría se vio reforzada por el cisma de Occidente, por el descrédito de los papas, y por el hecho de que un concilio tuviera que resolver la cuestión del cisma. El papa Martín V se opuso enérgicamente a tal teoría.

VI. El Renacimiento

La primera época de la Edad Nueva va de la muerte de Bonifacio VIII, en el año 1303 al 1545, con la apertura del concilio de Trento.

El Renacimiento significa un volver al mundo clásico de las artes y de las letras, un redescubrir el mundo fascinante de Grecia y de Roma. El Renacimiento da énfasis al goce y placer de esta vida con desplazamiento de los bienes espirituales.

A. El Renacimiento en la Iglesia. Los papas se convirtieron en mecenas del arte y de la literatura. Rafael, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, todos pusieron su talento al servicio de los papas. Humanistas como Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam, con perfecto conocimiento del griego y del latín, ofrecieron espléndidas traducciones del Nuevo Testamento y de las obras de los Padres de la Iglesia.

B. El reinado de los papas del Renacimiento va de 1447 al 1517. Liderazgo espiritual muy pobre. Fueron buenos políticos, pero frívolos y amantes del placer. La corte papal no se diferenciaba mucho de cualquier otra corte real. Algunos fueron inmorales. Así decayó el prestigio papal. Se sirvieron de simonía para enriquecer a sus familias; de nepotismo, dando cargos a familiares; de comendaciones, nombrando a alguien para un oficio antes de tener la edad correspondiente; de pluriempleo, siendo obispo de cuatro o más diócesis, con el resultado de ausentismo de obligaciones; algunos obispos no visitaron nunca su diócesis pero sí recogían sus derechos monetarios.

C. Administración anárquica. La reforma gregoriana centralizó el poder papal. Mientras los papas fueron responsables se obtuvieron óptimos resultados, pero durante el cisma de Occidente la administración papal fue desastrosa y así continuó. Los obispos no podían controlar sus diócesis. En los monasterios, congregaciones y prioratos, exentos de supervisión, se dieron muchos abusos. Los seglares nombraban sus propios pastores que se negaban a obedecer al obispo. Los mismos problemas sufrieron las órdenes monásticas. Se independizaban de la supervisión del general de la orden. Hasta tenían abades seglares, que no se interesaban de la vida espiritual.

D. Criticas. Erasmo criticó la vida frívola y superficial de los clérigos. Pero más famoso es el caso de Savonarola (1452-1498), monje dominico que denunció la vida mundana de los clérigos y seglares de Florencia, Italia. Tomó el poder de la ciudad y trató de gobernarla con mano dura. Pero exageró, pues prohibió hasta diversiones sanas. Animaba a los niños a espiar a sus padres. Se metió en cuestiones con el papa. En 1498 el fanático Savonarola fue quemado en la plaza de la Signoría de Florencia. Fue, sin embargo, un intento de corregir las malas costumbres.

VII. La Reforma protestante

Causas:

A. Intelectuales. La Iglesia no controlaba ya ni las mentes ni los espíritus de los cristianos. El secularismo se había extendido. La gente se interesaba más por asuntos de este mundo que por los del otro. La invención de la imprenta favoreció la rápida difusión de ideas liberales.
B. Políticas. Los príncipes favorecían la reforma de la Iglesia para debilitar el poder del papa.
C. Económicas. La Iglesia era rica, los reinos pobres, favoreciendo la reforma encontraban arma fácil para confiscar los bienes a la Iglesia.
D. Sociales. La clase burguesa resentía el apoyo que la Iglesia ofrecía a los nobles. Con la reforma y nuevas religiones, encontraban alivio y campo abierto para su vida y acababan con las prohibiciones de acumular riquezas.
E. Religiosas. El prestigio clerical, incluido el papal, estaba minado. Los reformadores denunciaban los abusos e incluso las enseñanzas de la Iglesia. La gente los oía y seguía.

VIII. Martín Lutero (1483-1546)

Sacerdote agustino, con problemas espirituales, rompió con la Iglesia debido, entre otras cosas, a la cuestión de las indulgencias. En octubre 31 de 1517 colocó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 famosas tesis.

El papa León X estaba muy ocupado con la construcción de la basílica de san Pedro (por eso, el papa había acentuado la predicación de las indulgencias, para recaudar dinero necesario para la construcción). Al principio, el papa no prestó interés al fraile, pero en 1520 el papa publicó la encíclica Exurge Domine en la que condenaba la doctrina de Lutero y le daba sesenta días para retractarse. Como no lo hiciera, en abril de 1521 fue excomulgado.

La doctrina de Lutero puede resumirse en los siguientes puntos: 1. La salvación se logra sólo por la fe. 2. La Iglesia carece de autoridad; es sólo una sociedad libre de creyentes. 3. Sólo la Biblia es norma de fe. 4. Sólo el Bautismo y la Comunión fueron instituidos por Cristo. 5. El monacato y el celibato son un mal. 6. El estado debe proteger a la Iglesia.

En pocos años el luteranismo se extendió por Dinamarca, Suecia y Noruega.

IX. Juan Calvino (1509-1564)

Suizo, de temperamento más frío y lógico que el de Lutero. De educación católica desde su infancia, pero con ideas infiltradas ya del luteranismo. En 1536 publicó Las instituciones de la religión cristiana. No sólo se salva uno por la fe, sino que la fe es un don divino otorgado solamente a algunos. El ser humano no puede hacer nada para salvarse o condenarse.

Fue más estricto que Lutero en la interpretación de la Biblia. Los sacramentos son puros símbolos que no tienen poder para ayudar a salvarse. Los sacerdotes no tienen poderes sacramentales, sólo deben predicar. Calvino se estableció en Ginebra, Suiza. Gobernó "la ciudad de los elegidos" con mano dura. Se prohibieron hasta las diversiones más inocentes. Sin embargo, su doctrina se hizo famosa y popular, a pesar del rigor de su contenido.

Calvino exaltó las virtudes de la clase media: trabajo, frugalidad, tesón. Pareció lógico a la gente que el progresar en la vida era señal de bendición divina. Así la riqueza se convirtió en signo de salvación. La clase media, pues, fue la más adepta a las ideas calvinistas.

Se extendió rápidamente por Holanda, Escocia y parte de Alemania y Francia.

X. Enrique VIII (1509-1547)

Coronado rey de Inglaterra en 1509. En 1521 escribió contra Lutero la Defensa de los siete sacramentos; el papa le otorgó el título de Defensor de la fe. En 1527 llevaba ya casado dieciocho años con Catalina de Aragón, de quien había tenido tres varones y dos hembras, pero todos, excepto una niña, habían muerto en la infancia. Catalina, ya en los cuarenta, no parecía ofrecer esperanzas de alumbrar a un nuevo varón. Ninguna mujer en el pasado había reinado con acierto en Inglaterra. Se necesitaba un hombre para suceder a Enrique en el trono. Éste se había casado con Catalina, viuda de Arturo, hermano mayor de Enrique, muerto en 1502, a instancias de sus padres y bajo dispensa especial del papa Julio II. En el curso normal de las cosas, a Enrique no se le hubiera permitido casarse con Catalina. Y ahora el rey insistía en que su matrimonio era nulo por esa razón. No pedía un divorcio sino una declaración de nulidad. Efectivamente, muchos eruditos contemporáneos dudaban sinceramente que el papa pudiese conceder semejante dispensa, a saber, casarse con la viuda de su hermano, ya que parecía contradecir el mandado del Levítico: "Si uno toma la mujer de su hermano, es una inmundicia. Descubrió la desnudez de su hermano. No tendrán hijos". Los papas en el pasado habían anulado matrimonios en circunstancias parecidas y con razones de menos peso. Todos sabían que el papa, ahora Clemente VII, deseaba conceder a Enrique la anulación anhelada si pudiera hacerlo sin ofender al emperador Carlos V, sobrino de Catalina, y a quien el papa tenía miedo acérrimo.

Por ello en 1532, cansado de esta indecisión y apoyado en el derecho romano, el rey promulgó el Acta de Limitación de Apelaciones, reconociendo a Inglaterra como "imperio, con poder plenario, completo y entero", sin necesidad de recurrir a autoridad extranjera para ninguna causa. Roma e Inglaterra quedaban separadas.

El 23 de marzo de 1533, el nuevo arzobispo de Inglaterra, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del rey.

Enrique VIII suprimió las órdenes religiosas para apropiarse de sus bienes. Sin embargo hubo poca protesta ante tal agresión. Según Moorman, las mismas órdenes habían perdido su espíritu religioso. Mas tal atropello supuso un desastre cultural para la nación inglesa.

Enrique VIII, se preocupó de que se mantuviera el orden católico. En l536 promulgó los Diez artículos , en los cuales, entre otras cosas pedía que los sacerdotes debían predicar por lo menos trece domingos seguidos, y después regularmente, en contra de la "autoridad jurisdicional que el papa se había usurpado". En l539, de nuevo el rey publicó un libro conocido como Los seis artículos, en el cual defendía seis puntos tradicionales doctrinales, litúrgicos y pastorales, que la rama protestante quería cambiar.

El problema que esto presentaba era que la mayoría de los sacerdotes en Inglaterra, y en otras partes del mundo cristiano, no sabían predicar, y muchos no conocían bien la doctrina de la Iglesia. Para aliviar el problema, Cranmer escribió un libro conocido como El libro del obispo en el cual se presentaba la enseñanza de la Iglesia.

Mientras tanto, Enrique VIII se había transformado en el tirano que mataba por igual a católicos como a luteranos que no acataran sus órdenes. Tuvo cinco mujeres y a la última la hizo decapitar por infidelidad.

Al final de su reinado, Enrique VIII se había nombrado a sí mismo, "cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra"; sin embargo, la vida religiosa en las parroquias continuaba como si nada hubiera pasado, la liturgia seguía siendo la misma y los sacerdotes se conducían como siempre. La reforma que afectara al pueblo no había llegado. Enrique VIII moría en 1547.

XI. La Contrarreforma católico romana

Los primeros intentos de reforma aparecieron en España con el cardenal Cisneros y los Reyes Católicos. En 1524, una nueva orden, los teatinos, se propuso formar sacerdotes dignos que se dedicaran exclusivamente a predicar y administrar los sacramentos.

Pero el cambio únicamente podría venir reformando al papado. León X fue el último papa del Renacimiento.

Pablo III (1534) fue el papa de la contrarreforma. Nombró nuevos cardenales que estuvieran dispuestos al cambio. Nombró la "comisión de los nueve" para que investigaran los abusos que se daban en la Iglesia. Como resultado, la Comisión (1537) destacó estos males: simonía, pluriempleo, ausentismo y nepotismo. El papa, con mano firme, corrigió tales males.

Convocó el concilio de Trento que se reunió por primera vez en 1545-47. Se trató de evitar por todos los medios el peligro del "conciliarismo". Toda la legislación debía tener la final aprobación papal.

Julio III (1550-55) convocó la segunda reunión del concilio en l551. Reactivó la Inquisición. Pio IV (1559-65) convocó la tercera reunión en 1562. En ésta se completó la obra del concilio, que se clausuró en 1563. En l564 revisó el "Indice de libros prohibidos". Pío V (1566-1572) promulgó el famoso catecismo, que todavía hoy se conoce con el nombre de Catecismo de Pío V. En l570 apareció el misal revisado y el breviario fue reformado. En l604 apareció una revisión nueva de la Biblia, la Vulgata (la Biblia traducida al latín por san Jerónimo). La reforma de la Iglesia católico romana se mantuvo con firmeza. Se formaron seminarios. Nuevas devociones.

Las órdenes religiosas antiguas fueron reformadas: benedictinos, franciscanos, dominicos, carmelitas, reformados éstos por santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Aparecieron nuevas órdenes: barnabitas, ursulinas de Jesús, oratorianos, compañía de Jesús.

XII. La Cristiandad dividida

La Cristiandad se dividió por falta de comunicación sincera y caritativa. Todos andaban cegados por sus pasiones, incapaces para mantener un diálogo calmado. Se cometieron excesos por todos los lados. No hubo reforma completa por ninguna parte. Vemos esto porque la Iglesia Católica Romana tuvo que esperar cuatrocientos años, hasta el concilio Vaticano II (1962-65), para adoptar muchos de los cambios litúrgicos y pastorales realizados por la Iglesia Anglicana en el siglo dieciséis. La separación de Roma e Inglaterra fue más política que doctrinal. Enrique demostró tener razón al librarse de las intromisiones papales en los reinos civiles. Hoy ninguna nación tiene que pagar impuestos de ninguna clase a Roma.

XIII. La Iglesia Católica Romana en el siglo XX

Antes de terminar esta parte es imperativo apuntar unas notas sobre la gran reforma efectuada por la Iglesia Católica romana en el siglo XX. El 25 de enero de 1959 el papa Juan XXIII, a quien el pueblo bautizó como "el papa bueno", anunció a los cardenales, en la basílica de san Pablo Extramuros, su propósito de convocar un concilio. Ese concilio sería el Vaticano II (1962-1965). Un concilio verdaderamente innovador, pastoral, ecuménico y reconciliador.

Se publicaron cuatro constituciones: sobre la Iglesia, sobre la revelación divina, sobre la sagrada liturgia, sobre la Iglesia en el mundo actual. Se publicaron nueve decretos: sobre el oficio pastoral de los obispos, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, sobre la formación sacerdotal, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, sobre el apostolado de los seglares, sobre las Iglesias orientales católicas, sobre la actividad misionera de la Iglesia, sobre el ecumenismo, sobre los medios de comunicación social. Se publicaron tres declaraciones: sobre la libertad religiosa, sobre la educación cristiana de la juventud, sobre las relaciones de la Iglesia son las religiones no cristianas.

Se puede asegurar, sin lugar a dudas, que se concilio fue no de los acontecimientos más revolucionarios y transcendentales de todo el siglo XX. Los cambios por él generados afectarían no sólo a toda la Iglesia Católica Romana, sino a todas las confesiones cristianas. Gracias a ese concilio, hoy todos los cristianos estamos más cerca unos a otros. Gracias a ese concilio, hoy día somos todos hermanos y no enemigos. Gracias a ese concilio caben esperanzas de tiempos mejores para toda la Cristiandad y para toda la humanidad.

Obras consultadas:

J. R. H. Moorman, A History of the Church in England, (Morehouse-Barlow Co., Inc. Wilton, Connecticut, l976). Third edition.

Paul T. Mason, and Thomas P. Neill, The life of Christ in His Church, (Daniel Reardon Publishing Company, Cleveland, Ohio, 1963).

Ricardo García-Villoslada, Historia de la Iglesia Católica, vol. II, (BAC, Madrid, 1999) 6.ª edición.

Stephen Neill, El Anglicanismo, trad. de José Luís Lana, (M.C.E. Horeb, Viladecavalls, Barcelona, l986).

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