Contacto  
 
  Ministerio Hispano  
 
  Iglesia Episcopal  
 
  AnglicanCommunion.org  
Anglicanismo
La Biblia
Hispanismo
Historia
Miscelánea / Curiosidades
Noticias
Nuestra Gente
Santoral
Pastoral
Teología
 
Plegaria Eucarística del Emigrante
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO
(desarrollada en el Seminario General de la Iglesia Episcopal de Nueva York)

En verdad es digno y justo
que por siempre te alabemos y te demos gracias, Padre bueno,
porque creaste los cielos con tu amor poderoso,
y con cariño nos diste la tierra como madre nutricia
para ser nuestra cuna, nuestro hogar y nuestra sepultura.
La adornaste con llanos y cordilleras,
con volcanes, con ríos caudalosos, con islas acariciantes,
con selvas frondosas y con desiertos desolados.

Pero nosotros caímos en pecado y te dimos la espalda.
Nos apropiamos de lo que era tuyo
y le pusimos un cilicio de alambradas;
nos volvimos unos contra otros
e hicimos del paraíso que nos encomendaste
un infierno de dolor y de miseria.
Millones de tus hijos se vieron obligados
a buscar su esperanza en tierra extraña.

Pero tú no abandonaste a quienes te abandonaron.
Nos perdonas como Padre y nos esperas con cariño de madre.
En la plenitud de los tiempos nos enviaste a tu propio Hijo
que emigró de los cielos a la tierra,
y el que estaba en comunión contigo se hizo solidario con nosotros.

Por tanto, te alabamos con los ángeles y arcángeles,
con todos nuestros antepasados
y con todos los que gozan ahora lo que nosotros esperamos,
que te aclaman sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
¡Hosanna en el cielo!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en el cielo!

Tu Hijo Jesucristo, nuestro hermano,
emigrante de los cielos y modelo de emigrantes,
trabajó la madera con sus manos duras,
y se hizo pobre con nosotros para hacernos ricos de tu gracia.
Transitó los caminos polvorientos para anunciar tu Palabra,
para proclamar el perdón y la amnistía,
para anunciar a los pobres la buena nueva de su liberación.

La noche en que lavó los pies a sus amigos,
la misma noche en que le traicionaron y le entregaron a la tortura,
nuestro Señor y compañero Jesús
tomó el pan en sus santas manos,
elevó los ojos al cielo, dijo sobre el pan la bendición,
lo partió y repartió a sus amigos con estas divinas palabras:

Tomen y coman todos de él,
porque esto es mi cuerpo entregado por ustedes
hagan esto como memorial mío.


Después de la cena tomó el cáliz en sus santas manos,
elevó los ojos a ti, Padre en los cielos, dijo sobre él la bendición,
y lo entregó a sus amigos con estas divinas palabras:

Beban todos de este cáliz, porque esto es el cáliz de la nueva alianza en mi sangre:
sangre derramada por ustedes y por toda la familia humana para el perdón de los pecados.
Siempre que lo beban háganlo como memorial mío.

Por tanto proclamamos el misterio de fe:

Cristo a muerto para darnos vida.
Cristo ha resucitado para hacernos libres.
Cristo volverá para instaurar su Reino.

Padre bueno, en este memorial de la amnistía y el perdón
celebramos el portento de tu amor y te ofrecemos este pan y este vino:
envía sobre ellos el rocío de tu Espíritu Santo, y así serán para nosotros
el cuerpo y la sangre de tu Hijo nuestro compañero,
la comida y el refrigerio del pueblo peregrinante.
Cólmanos de tu bendición para que seamos artesanos de tu justicia
e instrumentos de tu paz en este mundo desgarrado.

Congrega en la unidad de la fe, la esperanza y el amor
a toda tu Iglesia esparcida por el orbe.
Te pedimos por nuestros obispos N.N. y demás ministros:
que sean fieles heraldos de tu Palabra,
agentes y portavoces de tu liberación.

Ten compasión de los que sufren en soledad y desamparo.
Salva a las víctimas del hambre, de la opresión,
de la persecución a causa de la justicia,
del terror de la guerra y de las torturas en las cárceles.

Haznos a todos partícipes de la esperanza de gloria,
y llévanos algún día al gozo de tu reino eterno,
para cantar por siempre tus alabanzas.

Por Cristo, con Cristo y en Cristo,
en la unidad del Espíritu Santo,
tuyos son el honor y la gloria, Padre omnipotente
ahora y por siempre. Amén.

Volver