Contacto  
 
  Ministerio Hispano  
 
  Iglesia Episcopal  
 
  AnglicanCommunion.org  
Anglicanismo
La Biblia
Hispanismo
Historia
Miscelánea / Curiosidades
Noticias
Nuestra Gente
Santoral
Pastoral
Teología
Recursos
 
Servicio de Funerales
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO
RITO DE ENTRADA

Creo que mi Redentor vive y que al final de los tiempos he de resucitar
del polvo. Y en esta carne mía contemplaré a Dios, mi Salvador.
Lo veré yo mismo, no otro; mis propios ojos lo contemplarán.

Sacerdote El Señor sea con vosotros.
Pueblo Y con tu espíritu.

Sacerdote Oremos:
Oh Dios, cuyas misericordias no se pueden contar, acepta nuestras plegarias en favor de tu siervo/a N., y concédele la entrada en la tierra de la luz y del gozo en la comunión de tus santos. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de la Sabiduría (3,1-4)
La vida de los justos está en manos de Dios y ningún tormento les afectará. Los insensatos pensaban que habían muerto; su tránsito les parecía una desgracia y su partida de entre nosotros, un desastre; pero ellos están en la paz.

Palabra del Señor. Demos gracias a Dios.

(Salmo 23) El Señor es mi pastor

Todos
El Señor es mi pastor, nada me falta.
En verdes praderas me hace recostar.
Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.
Él me guía por el sendero justo por el honor de su nombre.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
El Señor es mi pastor, nada me falta.
Preparas una mesa ante mí, en frente de mis enemigos;
y me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
El Señor es mi pastor (aleluya) nada me falta

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (11,21-27)

Sermón.

ORACIONES DE LOS FIELES
Oremos por nuestro hermano/a N., a nuestro Señor Jesucristo que dijo:
“Yo soy la Resurrección yo soy la Vida”.

Señor, tú que consolaste a Marta y María en su aflicción, acércate a nosotros que lamentamos la muerte de N., y enjuga nuestras lágrimas.
Escúchanos, Señor.

Señor, tú que lloraste en la tumba de Lázaro, consuélanos en nuestro pesar.
Escúchanos, Señor.

Tú que resucitaste a los muertos, dígnate dar la vida eterna a nuestro hermano.
Escúchanos, Señor.

Tú que prometiste el paraíso al buen ladrón dígnate llevar al cielo a nuestro hermano.
Escúchanos, Señor.

Tú que purificaste a nuestro hermano en el agua del bautismo y lo ungiste
con el Espíritu Santo, concédele la comunión con todos tus santos.
Escúchanos, Señor.

Tú que alimentaste a nuestro hermano con tu Cuerpo y tu Sangre, concédele un
lugar en la mesa de tu reino celestial.
Escúchanos, Señor.

Confórtanos en la tristeza por la muerte de nuestro hermano; que la fe sea nuestro consuelo y la vida eterna nuestra esperanza.
Escúchanos, Señor.

Padre de todos, te pedimos por N., y por todos aquellos que amamos pero que
ya no vemos. Concédeles el descanso eterno. Que la luz perpetua brille sobre
Que su alma y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia
de Dios, descansen en paz. Amén.

La Paz

LITURGIA DE LA EUCARISTIA

Celebrante El Señor esté con vosotros.
Pueblo Y con tu espíritu.
Celebrante Elevemos los corazones.
Pueblo Los elevamos al Señor.
Celebrante Demos gracias a Dios nuestro Señor.
Pueblo Es justo darle gracias y alabanza

Celebrante
En verdad es digno, justo y saludable, darte gracias, en todo tiempo y lugar,
Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra. Por nuestro Señor
Jesucristo, quien se levantó victorioso de la muerte, y nos fortalece con la
bendita esperanza de la vida eterna. Porque la vida de los que en ti creemos,
Señor, no termina, se transforma; y, al deshacerse nuestra morada terrenal,
adquirimos una mansión eterna en el cielo.
Por eso, te alabamos, uniendo nuestras voces con los ángeles y arcángeles y
con todos los coros celestiales que, proclamando la gloria de tu nombre, por
siempre cantan este himno:

Celebrante y pueblo
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

El celebrante continúa
Padre santo y bondadoso: en tu amor infinito nos hiciste para ti, y cuando caímos en el pecado y quedamos esclavos del mal y de la muerte, tú, en tu misericordia,
enviaste a Jesucristo, tu Hijo único y eterno, para compartir nuestra naturaleza
humana, y para vivir y morir como uno de nosotros, y así reconciliarnos contigo,
el Dios y Padre de todos.
Así, Padre, te traemos estos dones. Santifícalos con tu Espíritu Santo, y así
serán para tu pueblo el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo nuestro Señor.

En la noche en que fue traicionado, tomó pan, dijo la bendición, partió el pan,
lo dio a sus amigos, y dijo: “Tomen y coman. Esto es mi Cuerpo, entregado por
ustedes. Hagan esto como memorial mío”.

Después de la cena tomó el cáliz, dio gracias, y dijo: “Beban todos de él. Esta
es mi Sangre del nuevo pacto, sangre derramada por ustedes y por muchos
para el perdón de los pecados. Siempre que lo beban, háganlo como memorial
mío”.

Oh Padre, celebramos ahora el memorial de tu Hijo. Por medio de este Pan y de
este Cáliz santos, anunciamos el sacrifico de su muerte, y proclamamos su
resurrección, hasta que vuelva de nuevo.
Reúnenos mediante esta Santa comunión en un solo cuerpo en tu Hijo Jesucristo.
Haznos un sacrificio vivo de alabanza.
Por él, y con él y en él, en la unidad del Espíritu Santo, tuyos son el honor y la gloria, Padre omnipotente, ahora y por siempre. Amén.

Oremos como Cristo nuestro Salvador nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy;
y perdónanos nuestras ofensas,
así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
y no nos dejas caer en la tentación;
mas líbranos del mal. Amén.

Cordero de Dios…


Los dones de Dios para el pueblo de Dios.

Postcomunión
Dios todopoderoso, te damos gracias porque en tu gran amor nos has nutrido
con el alimento espiritual del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo Jesucristo, y nos
diste las primicias de tu banquete celestial. Concede que este sacramento sea
para nosotros consuelo en la aflicción, y prenda de nuestra herencia en el reino
donde no hay muerte ni llanto ni clamor, sino plenitud de gozo con todos tus
santos. Por Jesucristo nuestro Salvador. Amén.

El celebrante cerca del féretro o de la urna

En tus manos, oh misericordioso Salvador, encomendamos a tu siervo/a N.
reconoce, te suplicamos humildemente, a una oveja de tu propio redil, a un
cordero de tu propio rebano, a un pecador que tú has redimido. Recíbele en
los brazos de tu misericordia, en el bendito descanso de la paz eterna y en la
gloriosa comunión de los santos en luz. Amén.

Todos:
Concede descanso, oh Cristo a tu siervo/a, con tus santos, donde ya no hay
Llanto ni dolor ni suspiro, sino vida eterna.

En el cementerio, se bendice la tumba
Oh Dios, cuyo bendito Hijo fue colocado en el sepulcro en el huerto,
bendice, te rogamos, esta tumba, y concede que aquel cuyo cuerpo
va a ser sepultado aquí, habite con Cristo en el paraíso, y llegue a tu reino
celestial. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Celebrante
En la esperanza segura y cierta de la resurrección a la vida eterna por nuestro
Señor Jesucristo, encomendamos al Dios todopoderoso a nuestro hermano/a
N., y entregamos su cuerpo a la tierra; tierra a tierra, ceniza a ceniza, polvo
a polvo. El Señor le bendiga y le guarde, el Señor haga resplandecer su faz
sobre él (ella) y le sea propicio. El Señor dirija su rostro hacia él (ella) y le conceda la paz. Amén.

Dale, Señor, el descanso eterno, y brille sobre él la luz perpetua.
Viva con tus santos por siempre, porque tú eres compasivo

Que su alma y las almas de todos los difuntos, por la misericordia de Dios,
Descansen en paz. Amén.


A Ti levanto mis ojos (Salmo 122)

A Ti levanto mis ojos, a Ti que habitas en el cielo,
A Ti levanto mis ojos, porque espero tu misericordia.

Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus señores,
así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de burlas,
misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios.

Nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos;
nuestra alma está saciada del desprecio de los orgullosos.


El auxilio me viene del Señor (Salmo 120)

El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra. (Se repite)

Levanto mis ojos a los montes: ¿De dónde me vendrá el auxilio?
el auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme;no duerme ni reposa el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra, el Señor está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal, el Señor guarda tu alma;
él guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre.

Volver