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Sfragís: La Señal de la Cruz en el Bautismo
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Por Miguel Zavala Múgica
Diócesis del Occidente de México
Iglesia Anglicana de México.

El trabajo más amplio del autor ha sido adaptado por Isaías A. Rodríguez en la siguiente versión.
Vamos a ver cómo aparece en la historia del cristianismo el acto de "signar" y de "signarse" - señal de la cruz - y cuál es su significado.

1. Contexto histórico.
Ubiquémonos en el siglo III, y entrados al IV d.C. Para ese entonces, el mensaje de Jesús ya se había convertido en herencia de un nuevo pueblo de cultura greco-latina, y estaba diseminado por el Imperio Romano. La religión cristiana, de origen judío, creció en un ambiente pluricultural.

El Imperio Romano era heredero del griego que Alejandro Magno formó hacia el siglo IV a.C. Tanto griegos como romanos fueron conscientes de ser dueños de un imperio "universal", formado por pueblos de las más diversas culturas. Así, algo crucial que caracterizó a estos dos imperios, fue no sólo una amplísima tolerancia a todos los cultos religiosos, sino la absorción de los mismos en el contexto de la religión imperial.

En la difusión del cristianismo contribuyeron soldados, marineros, esclavos, mercaderes y ricos potentados, quienes llevaron consigo el mensaje de Jesucristo de un lado a otro, no sólo por el Mediterráneo, sino por las vías romanas de Europa, Asia Menor, y el Norte de África. Resulta natural que muchas de las ideas y ceremonias que dieron cuerpo a la nueva religión vinieran de ese contexto religioso.

2. Contexto eclesial y litúrgico-bautismal.
El cristianismo fue compañero tanto del judaísmo, como de un amplio mosaico de religiones mistéricas y de salvación. Por eso, hablamos de "misterios", "salvación", "iniciación" y otras palabras que enmarcan el mensaje central del Evangelio.

La mayor parte de la información que ofrecemos en este trabajo, nos llega de los primeros escritores cristianos, entre los siglos II al VII aproximadamente -griegos o latinos-, a quienes damos el nombre de Padres de la Iglesia. Estos textos, básica -aunque no únicamente-, son lo que constituye aquello a lo que los cristianos llamamos Tradición.

El Bautismo, en los cuatro primeros siglos de la Iglesia, tuvo varios nombres: "Iluminación"; "Baño de la Regeneración" o "Baño del Nuevo Nacimiento"; "Sello Santo"; pero, sobre todo, se le llamó: Iniciación cristiana. Y este es el nombre que se ha recuperado en la liturgia de la mayoría de las iglesias cristianas tradicionales. El Misal Romano abre el ritual para el Bautismo, con el título de: Iniciación Cristiana, y nuestro Libro de Oración Común 1979, en la primera rúbrica del rito titulado Bautismo, dice explícitamente: "El Santo Bautismo es la iniciación completa, por medio del agua y el Espíritu Santo, en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia".

En la Iniciación cristiana, se seguían tres pasos fundamentales: 1. El baño, sumergiendo al candidato en el agua; 2. Juntos: la imposición de las manos y el sello o sfragís, que -en algún momento-, llegó a hacerse con óleo (aceite de oliva) perfumado, al que hoy llamamos crisma, y 3. La comunión, participación en el banquete sacrificial y pascual del Cuerpo y la Sangre de Cristo, significados en el pan y el vino. Signos bien concretos, pasos bien definidos.

Viéndolo desde nuestra perspectiva actual, se podría decir que lo que se llamaba Iniciación cristiana, era una sola celebración completa, en la que se realizaban lo que hoy diríamos que son "tres sacramentos": Bautismo, Confirmación, y Eucaristía. En los siglos III y IV d.C. no existía esa visión separada, excepto porque los cristianos -una vez iniciados- seguían celebrando la Cena del Señor o la Fracción del pan, y que Justino Mártir y otros primitivos escritores nos transmiten como: Eucaristía. Por ello, los anglicanos, y algunos otros cristianos, insistimos en la importancia esencial de los sacramentos: Bautismo y Eucaristía.

3. Lugar litúrgico de la sfragís o sello de la cruz.
¿Dónde se encuentra en este esquema de la Iniciación cristiana la señal de la cruz? Se halla en el segundo paso: conocido como sfragís o "sello". En la historia del culto cristiano, desde muy tempranas fechas, el bautizante ha impuesto sus manos sobre la cabeza del recién bautizado; pero el trazo de la señal de la cruz, se ha colocado en diversos momentos de la iniciación, aunque el más conocido es inmediatamente después de la inmersión en el agua, y de la imposición de las manos, haciendo la cruz con el pulgar empapado en el aromatizado óleo crismal.

En el Ritual para Ocasiones Especiales, aparece una serie de oraciones y rúbricas para acompañar el Catecumenado o proceso de preparación al Bautismo. Una de estas ceremonias es la imposición de la señal de la cruz el día en que se inscriben los candidatos al santo Bautismo.



San Cirilo de Jerusalén
Serán Cirilo de Jerusalén y Ambrosio de Milán los primeros Padres en quienes hallamos la señal de la cruz asociada a la unción con el óleo crismal. Al parecer, fue este uso el más generalizado y el que ha llegado hasta nuestros días; más tarde, en diversas liturgias, como la romana o la bizantina, vemos el uso de la sfragís repetida varias veces a lo largo de la iniciación.

Veamos la tradición de los Padres aplicada en la tradición anglicana del rito bautismal del Libro de Oración 1979, leemos:

Cada candidato es presentado por nombre al celebrante, o al sacerdote o diácono ayudante, quien sumerge o derrama agua sobre el candidato, diciendo:


N., yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Cuando todos han recibido la administración del agua, el obispo o el sacerdote, a plena vista de la congregación, ora sobre ellos, diciendo:

Oremos: (Oración).

Entonces, el obispo o el sacerdote impone la mano sobre la cabeza de la persona, y la marca en la frente con la señal de la cruz (usando el crisma si así lo desea), diciendo a cada uno lo siguiente:

N., quedas sellad-o por el Espíritu Santo en el Bautismo y marcad-o como propiedad de Cristo para siempre. Amén.

O bien, esta acción puede realizarse inmediatamente después de la administración del agua y antes de la oración anterior.

4. Trasfondo bíblico básico de la sfragís.
La señal de la cruz se entiende 1. Como un sello: una marca, e indica, 2. la propiedad espiritual de la persona respecto a Cristo a quien ha aceptado como su Señor que la ha comprado, sí, pero para liberarla a precio de su sangre derramada en la cruz. La cruz se relaciona al triple misterio pascual de Cristo Jesús: pasión, muerte y resurrección; representa el precio mediante el cual los cristianos hemos sido comprados. (I Corintios 7:23).

Aunque Pablo no se refiere precisamente al trazo de la señal de la cruz, la cruz sintetiza en sí misma el valor de lo que Cristo hizo en ella: Aboliendo en su cuerpo las enemistades, la Ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo -de los dos -, un solo y nuevo ser humano, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. (Efesios 2: 15,16).

Vengan a mí todos ustedes que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. (Mateo 11:28). Aquí vemos el juego de ideas: Cristo libera de cargas y yugos generados por el mal y el pecado, e impone, en lugar de ellos, cosas contradictorias, si se toman literalmente: un "yugo - suave" y una "carga - ligera", pero muy lógicas en su mensaje si aprovechamos el sentido figurado.

El gesto ceremonial de la sfragís o sello, es -igualmente-, una enseñanza por impacto contradictorio, como la marca de propiedad de un esclavo, pero sirve para distinguir e identificar a alguien que ha sido liberado.

Pablo menciona numerosas veces el "sello": En Cristo ustedes han creído y han sido marcados con el sello del Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1:6). Aunque no se ve clara aquí la alusión a la señal de la cruz como una ceremonia, sí vemos la relación entre la pasión y muerte del Señor y el don del Espíritu Santo (implícitamente mencionada, queda la resurrección).

5. El sentido material y el sentido simbólico.

En griego, la palabra sfragís -al igual que la palabra "sello" en castellano-, significa lo mismo el artefacto para marcar que la marca dejada por éste. Así, lo mismo se trataba de sellos llevados en anillos para lacrar con cera cartas y documentos, que de hierros para marcar y tatuar al rojo vivo, lo mismo al ganado que a los soldados romanos en una mano o antebrazo, o a un esclavo fugitivo en la frente.

De esta costumbre quizá el sentido de esta cita: (La Bestia) hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente. (Apocalipsis13:16). ¿Por qué no pensar que la sfragís pudiera remontarse al siglo I? Este texto data de entre 90 y 100 d.C.-, y sugiere el conocimiento del autor, de la costumbre de tatuar con las siglas o anagrama de un jefe, como salvoconducto de guerra y como preventivo a la traición. El cristianismo pudo haberla adoptado en medio de sus misterios litúrgicos, como un auténtico gesto contracultural.



San Basilio Magno
a. Sentido de Pertenencia.
Basilio Magno (s. IV), dice que la sfragís es una costumbre de origen apostólico: (Los Apóstoles), nos han enseñado a marcar con la señal de la cruz a los que ponen su confianza en el nombre del Señor. Vale la pena recordar la costumbre de los cristianos coptos (Egipto) de tatuarse cruces en frente y manos que -en tiempos difíciles, frente a los invasores musulmanes a Egipto-, eran señales de valentía para prevenirse de perjurar del nombre de Cristo. Comprobamos la antigüedad de esta costumbre con Procopio de Gaza, quien atestigua -en el área de Palestina-, la costumbre de algunos cristianos de tatuarse cruces o el nombre de Jesús en una mano.

Así, la sfragís adquiere sentido de pertenencia lo mismo al "rebaño" que al "ejército" de Cristo, es señal de pertenencia y compromiso pero, también de protección.

Especialmente indicado para el Bautismo, en las rúbricas del Libro de Oración Común de 1979, es el salmo 23 el Señor es mi pastor. El texto del salmo no habla de marca alguna, pero su sentido es de pertenencia y protección: los "verdes pastos", las "aguas tranquilas", y la "mesa preparada", son alusiones que los Padres de la Iglesia han interpretado dentro de un simbolismo bautismal y eucarístico. La figura del Buen Pastor, es esencial en el Bautismo, y en las Catequesis prebautismales Cirilo de Jerusalén enfatiza la necesidad de la marca bautismal como signo de pertenencia y lo pone en línea con las palabras del Señor: Yo soy el Buen Pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. (Juan 10:14).



San Gregorio de Nicianzo
b. Sentido de protección: orígenes del uso y abuso de la señal de la cruz.
Gregorio de Nacianzo es el primero en dar a la sfragís sentido de protección, fundada en la pertenencia: Si te armas con la sfragís, marcando tu alma y tu cuerpo con la unción (crisma) y con el Espíritu, ¿qué te podrá suceder? Y después de esta vida, podrás morir en paz, sin temor a ser despojado por Dios de los auxilios que te ha dado para tu salvación.

Desafortunadamente, Gregorio de Nisa con Orígenes, son dos escritores que atestiguan (en ellos mismos) la creencia común en las comunidades cristianas de habla griega, en el siglo IV, de antiguas ideas paganas sobre la vida después de la muerte. Gregorio de Nisa supone que el alma que ha muerto sin la marca del Bautismo: (andará)…por los aires errante, sin que nadie la busque, porque ni dueño tiene. Buscará descanso sin hallarlo, llorando en vano y arrepintiéndose inútilmente.

Asimismo, la sfragís usada cotidianamente por el cristiano después de su Bautismo "autosignación" es tan antigua como para que el Abad Antonio (ss. III y IV), y Cirilo de Jerusalén (s. IV), sean quienes recomienden usarla; vemos cómo el contexto de esta recomendación es, igualmente, protección y victoria sobre los demonios. Atanasio de Alejandría, que escribe su biografía de Antonio, el Abad, en el siglo IV, relata una visita de peregrinos al santo asceta, quienes atestiguan uno de los famosos ataques de los demonios contra él. Antonio invita a aquellos a retirarse: Santiguaos y retiraos tranquilos.

Y Cirilo invita: No nos avergoncemos de la cruz de Cristo… llévala públicamente en la frente… para que los demonios se alejen temblando. Haz esta señal cuando comas y bebas, cuando estés sentado o acostado, cuando te levantes; en una palabra, en toda ocasión.

Es importante darnos cuenta que algunos párrafos de los Padres -como éstos últimos -, sin pretenderlo han dado origen a creencias de las que después se ha abusado en doctrinas como la del purgatorio, "las ánimas en pena", y una actitud, de tipo mágico, de adhesión desesperada al Bautismo en los casos de peligro de muerte, sobre todo de los niños. Estas ideas están fundadas en autores paganos, en algunas concepciones sobre el Hades (lugar de los muertos), de los griegos.

Igualmente, estas ideas encontradas en los Padres, parecen ser no sólo la fuente de un sentido de protección, victoria y alegría de los cristianos basadas en los méritos y el triunfo sobre la muerte, obrado por Cristo en la cruz, sino de un uso desesperado de la cruz como placebo o droga adictiva que - cuanto más se ejercita -, peor afirma aquello que pretende alejar, como: demonios y malos espíritus.

La idea cristiana más constructiva de todo esto es que pertenecer a Cristo es algo supremamente bueno y lo que Dios desea, es una garantía de comunión: que él nos conoce y nosotros a él yo conozco a mis ovejas y las mías me conocen. (Juan 10), y de que la marca que nos identifica, la cruz, es el signo del amor más grande por la fe en la muerte y resurrección de Jesús.

Indudablemente que la fe cristiana incluye en su mensaje que existe la posibilidad de alejarnos de Dios y sufrir las consecuencias de nuestra propia maldad. Mas cuando se enfatizan el Bautismo y la señal de la cruz, como signos que hay que practicar para prevenir perderse eternamente, o se les asocia mayormente con un temor a los demonios o al vacío y las sombras después de la muerte, hay que recordar siempre que estos miedos proceden de respuestas que los Padres de la Iglesia dieron basados en la cultura general de su tiempo.

No se trata de tachar de "paganos" a los Padres de la Iglesia ni tampoco de negar el grave riesgo que los cristianos corremos al alejarnos de la comunión con Dios, del mensaje de Cristo, sino de discernir entre lo que es predicación del misterio de Dios en Cristo, y lo que son soluciones propias de épocas y culturas.

La actitud de Jesús, no fue poner la confianza en signos y ceremonias externos, sino en un cambio interior que todas las personas podemos lograr, con la gracia de Dios. ¡Ese es el punto de partida! Nuestro trabajo como cristianos, es avanzar y reformar nuestra actitud ante estos signos sacramentales eficaces, tradicionales y que reflejan la enseñanza contenida en las Escrituras, haciendo de ellos un uso que fortalezca nuestra fe en el triunfo de Cristo, pero sin convertirlos en signos de miedo ni desesperación.

San Pablo, según el Greco.

c. Sentido de protección en el combate espiritual. La sfragís desde el concepto militar: alistarse al servicio de Cristo.
Pablo es el primer escritor cristiano en comparar la entrega a Cristo y el compromiso con él, con una lucha, ya bélica o atlética, y en usar los recursos de ambas disciplinas: armadura, yelmo, espada, carrera. (I Corintios 9:24-27; Efesios 6:10-17; Filipenses 3:12-14).

Una leyenda dice que Constantino tuvo un sueño, antes de su decisiva batalla por Roma, en el Puente Milvio, en el año 312, en el que oyó una voz que le decía: "Con este signo vencerás". Según el mismo relato, inmediatamente Constantino hizo bordar, en sus lábaros, cruces y monogramas de Cristo.

Leyenda o no, el caso es que la cruz, en tanto que trazo -que seguramente ya se usaba como símbolo de Cristo y de su mensaje en algunas comunidades cristianas -, definitivamente sí que entró, con Constantino, a ser el símbolo por antonomasia, amén de iniciarse con ello un largo calvario de relaciones de mutuo colaboracionismo, así como de mutuos recelos y afanes de poder entre la Iglesia (ahora reducida en su representatividad al clero), y el Imperio (valga decir: el Estado).

Naturalmente, la nueva situación histórica, facilitó una nueva simbolización de la cruz y del cristianismo en general, que echó mano del simbolismo castrense.

Cirilo de Jerusalén pone estas palabras en boca de Cristo: Luego de mi combate en la cruz, concedo a mis soldados que lleven en la frente la sfragís regia. De modo similar habla Teodoro de Mopsuestia: El soldado que, por su estatura y dotes físicas, parece digno de ser elegido para el servicio del imperio, recibe en la mano una marca que indica a qué rey sirve; así tú, ahora, por haber sido elegido para el reino del cielo, llevas visible la marca que te distingue como soldado del rey del cielo". Vemos el sentido de la sfragís usado para el servicio de la entrega a Cristo.

Hay que recordar que Teodoro de Mopsuestia reporta el uso de la sfragís, no después del baño bautismal (como Cirilo de Jerusalén), sino al momento de la inscripción en el registro de los catecúmenos para el Bautismo, esto puede abrirnos una vía más correcta para comprender el porqué de la señal de la cruz al principio de la Cuaresma, la cual representa el tiempo preparatorio para el Bautismo en la Pascua, independientemente de que el uso de la ceniza se le haya agregado posteriormente. Esto puede darnos pistas para una mejor catequesis de esa ceremonia donde fuere deseable tenerla.

Juan Crisóstomo (ss. IV y V), compañero de Teodoro de Mopsuestia, definitivamente conecta el ejemplo de la marca militar con el don del Espíritu Santo: Como la sfragís es impuesta en los soldados, así el Espíritu Santo (lo es) en los creyentes.

El alistamiento en el ejército constaba de tres partes: 1. La imposición del sello (sfragís), 2. La inscripción o registro, y 3. El juramento (en latín: sacramentum). Tertuliano, autor latino del Norte de África (s. II), es el primero en subrayar la importancia del juramento; de aquí, que la palabra mystérion que originalmente se usaba en griego, fuera desplazada -en los ambientes de habla latina-, por la palabra sacramentum (= "juramento").

d. Sentido de pertenencia al Cristo. La sfragís como stigma o marca en los esclavos y como señal de consagración.
Gran parte de la enseñanza cristiana tradicional, está basada en un método llamado tipología, el cual consiste en el presupuesto de que los grandes acontecimientos de Cristo y de la comunidad cristiana, están prefigurados en acontecimientos relatados en el Antiguo Testamento. Este método fue el preferido de la mayoría de los Padres de la Iglesia.

Según la tipología, tenemos que una marca indicada en la Biblia hace inmune, intocable a su portador. Véase Ezequiel 9: 3b-6ª. Otro pasaje que se ve como tipo bautismal es la "marca de Caín" Génesis 4:15, un signo que Dios impone a Caín después del asesinato de su hermano Abel, para que no sea objeto de la venganza de sangre; signo de la paciencia de Dios que protege al ser humano pecador.

Pero -aparte de la tipología-, hay testimonios en el Antiguo Testamento del uso de marcas visibles, para señalar a una persona consagrada, por ejemplo, los profetas-sacerdotes de Baal: Ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. (I Reyes 18:28). Estas marcas (estigmas) eran una forma material de imprimir carácter, y eran indelebles, de tal modo que -en situaciones adversas-, llegaban a ser un compromiso peligroso, así sucede cuando un profeta israelita trata de disimular su condición alegando que sus estigmas sagrados son heridas de riña callejera. (Zacarías 13: 4-6).

En castellano, el lenguaje coloquial actual, hablamos de "marcar" o "etiquetar" a una persona, cuando se le juzga bajo un punto de vista con preferencia a otros; más duramente, se habla de "estigmatizar" cuando la marca es infamante e indeleble, quizá esto tenga su origen en las costumbres grecolatinas de marcar en la frente a los esclavos, si bien parece que en Occidente, sólo se marcaba a los esclavos fugitivos.

Sin embargo, esta misma costumbre se extendía a los hieródulos ("esclavos sagrados", sacerdotes o personas consagradas a un culto divino), así, Herodoto, refiere lo siguiente acerca de los hieródulos de Heracles, marcados con los santos estigmas: Y en la orilla (del Nilo) estaba un templo de Heracles, que todavía hoy existe, y en el cual, habiéndose refugiado un esclavo de cualquiera de los hombres -si se impusiere los sagrados estigmas, entregándose a sí mismo al dios-, no está permitido tocarlo. (Historias 2:113;193,194a) Podemos ver en esto un ejemplo de cómo en la antigüedad, los estigmas de pertenencia a un amo podían abolirse por los de la pertenencia a otro, al menos si se trataba de la consagración religiosa a un dios.

6. La circuncisión como tipo de la señal de la cruz y del Bautismo.

La cita anterior de Herodoto sobre los estigmas del hieródulo de Heracles, aclara ciertas palabras de Pablo y nos coloca frente a la enorme riqueza simbólica de este texto: Todos los que quieren agradar en la carne, éstos los obligan a ustedes a circuncidarse, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Ni siquiera esos mismos que se circuncidan guardan la Ley; pero sí quieren que ustedes se circunciden, para gloriarse en el cuerpo de ustedes. Yo, para nada quiero gloriarme, más que en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él, el mundo es para mí como si estuviera crucificado, y yo crucificado para el mundo. En Cristo Jesús no vale nada ni estar circuncidado, ni el no estarlo, sino ser una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. (Gálatas 6:12-17).

Si tomamos el fragmento: llevo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús, donde estigmata puede ser entendido como: "marcas", "señales", "heridas", o "sellos de propiedad", etc., entonces, podría referirse:

1. A las heridas mismas de la pasión de Cristo. El mensaje positivo aquí es que la pasión consagra a los discípulos de Jesús.

2. A auténticas heridas recibidas por Pablo en flagelaciones y malos tratos por el nombre de Cristo. Aunque esto estaría en directa oposición al pensamiento general de Pablo sobre la inutilidad de los méritos propios ante la gracia de Dios en los méritos de Cristo.

3. Pero parece haber una tercera posibilidad más viable: Pablo, sin duda, conoce la costumbre de su cultura, de marcar: ganado, soldados y esclavos. Es muy probable que tuviera noticia de que los estigmas, heridas o sellos de ciertas deidades paganas, hacían libre (en cierta forma) e intocable al esclavo que se le había consagrado (como especie de amparo religioso contra la justicia civil). Resulta, entonces, lógico, que Pablo reclamara llevar en su cuerpo estos estigmas, pues estaría oponiéndolo a la obligación judía de practicarse la circuncisión -ella misma un estigma, señal visible, primero meramente tribal, y después específicamente religioso.

Hay que recordar que una parte esencial del discurso cristiano de Pablo consiste en una lucha contra quienes -oriundos del judaísmo, pero ya dentro del seno del cristianismo-, obligaban a los creyentes no judíos a seguir las reglas de la Ley de Moisés, comenzando por la circuncisión. El tema de la Carta a los Gálatas es el señorío de Cristo, por encima de la severidad legal de la Ley Mosaica. Así, la circuncisión - o signo del pacto -, viene a ser figura del Bautismo y se convierte en una auténtica contraparte.

Podemos entenderlo mejor enunciándolo con otras palabras: "Yo he sido liberado de los estigmas de ese amo que era la Ley, mediante los de mi nuevo Señor que es Cristo, las heridas de su pasión y su cruz, son mías ahora, y si llevo heridas propias, no es sino por él". Por ello, Pablo hace un énfasis tan fuerte en no gloriarse en otra cosa, sino en la cruz de Cristo, que es lo que auténticamente consagra a un cristiano como tal.

Resulta lógico comprender cómo la cruz se convirtiera en un signo elocuente por sí mismo, y -una vez pasados algunos siglos-, su trazo pudiera verse -en el cristianismo posterior de los Padres, a partir de los siglos III y IV-, como una señal sustitutiva de la circuncisión.

De aquí se dedujo -siglos después-, la costumbre de bautizar al octavo día del nacimiento de un niño, según se hacía con la circuncisión en el judaísmo. Justino Mártir (s. II), es el primero en asociarlo, aun cuando tal no era la práctica en su temprana época: El precepto de la circuncisión, que manda circuncidar a los niños al octavo día, es figura de la verdadera circuncisión que los circuncida a ustedes del error y del pecado por aquél que resucitó de entre los muertos el primer día de la semana: Jesucristo, nuestro Señor.

Esta otra cita complementa perfectamente la de la Carta a los Gálatas, y deja clara la relación de la circuncisión con el Bautismo, de éste con el misterio de la cruz y la resurrección, y permite dar pie a la relación de la marca de la circuncisión con la de la señal de la cruz, como signo de victoria sobre el pecado y su condena, y sobre los poderes espirituales de cualquier tipo: Ustedes también fueron circuncidados, mas no con una circuncisión hecha a mano, sino al arrojar de ustedes el cuerpo pecaminoso carnal, en esa circuncisión que es de Cristo, es decir: cuando fueron sepultados con él en el Bautismo. En el Bautismo también fueron resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que lo levantó a él de entre los muertos. Cuando ustedes estaban muertos en sus pecados, y sin tener circuncisión en la carne, Dios les ha dado vida juntamente con Cristo, al perdonarles a ustedes todos los pecados. Cristo anuló el acta de los decretos que había contra nosotros y que nos era contraria, la quitó de en medio y la clavó en la cruz, así despojó a los principados y a las potestades, y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.(Colosenses 2:11-15).

Si el pasaje de Gálatas establece el señorío de Cristo sobre la condena de la Ley, el de los Colosenses lo establece por encima de las fatalidades de los "principados y potestades" del cosmos, propias del paganismo. En ambos casos, la cruz es el signo de triunfo y dominio de Cristo Jesús, al gran acontecimiento de la cruz converge la circuncisión como tipo o figura, y de ella deriva el Bautismo como antitipo o cumplimiento.

7. Conclusión: sello de una promesa irrevocable.
Tanto la circuncisión en el Antiguo Testamento, como la señal de la cruz - dentro del contexto de la iniciación bautismal-, representan una señal indeleble y permanente de pertenencia, protección, promesa. Es la señal exterior de una alianza que comienza con la iniciativa de Dios.

La "indelebilidad" del signo indica la permanencia de la promesa y de la gracia, y que aunque los seres humanos, por su libertad, pudieren llegar a apartarse de la alianza que Dios hace con su comunidad, siempre existe ese orden estable de la gracia al cual los humanos siempre tendrán la posibilidad de volver.

Nota: Este trabajo ha sido elaborado con base a:
Jean Daniélou: Sacramentos y Culto según los Santos Padres. Cap. III La Sphragis. (1ª. Ed. París, 1958). Ed. Guadarrama; Serie: "Los Libros del Monograma"; Colección: "Cristianismo y Hombre Actual", vol. 9; Madrid, 2ª. ed., 1964. Trad. española de Mariano Herranz y Alfonso de la Fuente.

Las citas de la Sagrada Escritura, son de la edición Reina/Valera, 1960. La redacción castellana de los textos a sido arreglada por el autor donde ha sido necesario -respetando el sentido original -, de manera que resulten comprensibles.

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