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Apuntes para entender el Impresionismo
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El impresionismo consiste en reproducir la naturaleza atendiendo más a la impresión que nos produce que a ella misma en realidad.

Nació en 1860 en Francia. En 1874 un periodista dio cuenta de una exposición en la que figura un cuadro de Claudio Monet rotulado "Soleil levant". Titula su artículo un tanto burlonamente, "Exposición de impresionistas". Figuran en ella, además de Monet, los después definidores de la nueva corriente artística, Renoir, Edgard Degas, y Eduard Manet, y aunque no les agrada el apelativo, pues prefieren ser llamados "independientes" terminan por aceptarlo y organizar nuevas exposiciones bajo ese nombre. (Napoleón III les protegió, pues al principio fueron despreciados por el público).


En la Terraza. 1881. Pierre-Auguste Renoir

Mauclair lo califica exageradamente del más grande y más rico movimiento que la escuela francesa conociera después del romanticismo. El impresionismo es una reacción contra el espíritu grecolatino y contra la organización escolástica de la pintura, tal como lo habían impuesto, después del segundo Ranacimiento y de la escuela italo francesa de Fontenebleau, el siglo de Luís XIV, la escuela de Roma y el gusto consular e imperial.

Claudio Monet tiene el siguiente principio "división de las tonalidades por toques de colores yuxtapuestos". El impresionismo es un arte en el que tiene muy pequeña parte la llamada intelectualidad en sentido estrictamente literario; es una escuela de pintores que no admiten casi nada más que la visión inmediata, que reniegan de la filosofía y de los símbolos y consideran cualidades fundamentales del arte francés, la claridad, lo raro, la observación animada e inteligente, la antipatía por la abstracción.

Sistema doctrinal: en la naturaleza no existe color alguno por sí mismo. La coloración de los objetos es pura ilusión, la única fuente creadora de los colores es la luz solar que envuelve todas las cosas y las revela según las horas, con infinitas modificaciones. El misterio de la materia escapa a nuestra compresión, nosotros ignoramos cual sea el momento preciso en que la realidad se separa de la irrealidad; a lo sumo sabemos que nuestra visión se ha habituado a discernir en el universo dos nociones a saber: la forma y el color, pero estas dos nociones son inseparables. En cuanto al dibujo y el colorido no los distinguimos sino artificialmente, ya que en la naturaleza no se distinguen. La luz pone de manifiesto las formas y, jugueteando con los diversos estados de la materia, les da distintas coloraciones; pero si desaparece la luz se desvanecen a la vez las formas y los colores. Consiguientemente, no vemos más que colores, cada cosa tiene su color, y por la percepción de las diversas superficies de colores que hieren nuestros ojos, concebimos las formas, esto es, las limitaciones de los colores. La idea de distancia, de perspectiva, volumen, se nos alcanza por colores más obscuros o más claros, y esto es lo que en pintura se llama "sentido de los colores".


Autoretrato. Eduard Manet

Lo que antes se llamaba "tono local" es un error. Lo que hay que estudiar en estos objetos, si se quiere evocar su color para el que mira un cuadro, es la composición de la atmósfera que se interpone entre los objetos y la vista. La atmósfera es el sujeto real del cuadro, y cuanto en él se representa, existe a través de la misma. La pintura así entendida viene a ser un arte absolutamente óptico, una selección de armonías, una especie de poema natural totalmente distinto de la expresión, del estilo del dibujo.

Es un arte que se acerca tanto a la música como se aparta de la literatura o de la psicología.

Son hostiles al simbolismo. El paisaje fue donde cosecharon sus mayores éxitos, correspondiendo a éste más que la figura, toda la técnica del impresionismo. Fueron atacados por la Academia como negadores de las leyes de la belleza. Se les negó el concurso en los Salones de honores y la venta en los museos. En 1894 logró imponerse. El público comenzó a admirarlos.

El impresionismo careció de síntesis psicológica (excepto las obras de Degas) y negó con demasiada facilidad todo lo que hay debajo de la realidad aparente del universo, intentando separar a la pintura de las facultades ideológicas que han reinado siempre sobre el arte. Llevado de una aversión sistemática contra la alegría académica y de una desconfianza respecto de los símbolos, las abstracciones, las escenas románticas, se incapacitó para explotar todo un orden de ideas y no pudo ocultar su tendencia a hacer del pintor un operario más bien que un artista. Fue superficial hasta en la obtención de los efectos, habiendo cedido al deseo de sorprender la vista; algunas veces derrochó sinfonías de colores magníficas para descubrir un rincón de un café; ofrece asimismo de vez en cuando, verdaderos defectos de composición y de armonía.

(Notas tomadas de artículos, cuya referencia no poseemos).

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