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Alberto Cutié y la prensa sensacionalista
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Por Isaías A. Rodríguez

El caso del padre Cutié lo han convertido en noticia sensacionalista algunos medios de comunicación, y han creado, a partir de un tema complejo, un asunto de escándalo.

El padre Alberto Cutié, ex sacerdote católico romano de descendencia cubana, nacido en Puerto Rico, (ahora episcopal), era famoso en Estados Unidos y América Latina por sus programas de radio, televisión y prensa.

La revista de farándula "TVnotas USA" publicó en mayo de este año (2009) unas fotos del padre y de la hoy su esposa Ruhama Canellis, guatemalteca, en situaciones amorosas.

Este caso ha dado pie a canales televisivos, emisoras de radio y a un amplio sector del público que se ha servido de ellos, así como de otros medios más modernos, como intenet, e-mails, etc., para demostrar lo pobremente informado que anda el gran público en temas religiosos. Peor todavía, muchos de los usuarios han demostrado una gran falta de educación y sensibilidad a la hora de manifestar sus opiniones sobre el caso.

Tal ignorancia ha sido destacada también por el historiador bautista cubano Marcos Antonio Ramas en un artículo publicado en El Diario de las Américas de Miami, donde "lamenta la falta de conocimientos históricos de las personas que se atreven a ir a la televisión a opinar sobre asuntos religiosos, sin tener la más minima noción de lo que están hablando", según se expresa Onell Soto en Rapidísimas. Dicho historiador se refería especialmente a la ignorancia sobre la Iglesia Episcopal.

Sin embargo, quien más asombro nos ha causado ha sido el canal televisivo Univisión, al cual juzgábamos de seriedad y peso, pero que vemos ha quedado muy corto de altura.

La información ofrecida por Univisión, en la nota el 28 de mayo sobre la Iglesia Episcopal, es deficiente y errónea. Quien la escribió no conoce esta institución, pero ni tuvo la decencia de consultar a alguien conocedor de la misma.

Dicha nota que iba titulada De católico a episcopalista (ni el nombre escribe bien, episcopal, debiera haber escrito), y presentaba a ambas iglesias como diferentes y distantes. Entre otras cosas, quisiera hacernos creer que la Iglesia Episcopal no usa la Biblia, sino el Libro de Oración Común, cuando fue la Comunión Anglicana la que se adelantó a la Iglesia Católica en cientos de años en poner la Biblia a disposición del pueblo. La Iglesia Católica mantuvo la Biblia en latín sin que el pueblo pudiera leerla durante siglos. Tampoco la explicación de nuestra aceptación de María es correcta, y así otros puntos.

La Comunión Anglicana (de la que forma parte la Iglesia Episcopal), la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica Romana, conservan, según el propio Concilio Vaticano II (1962-65, estructuras católicas. Es decir, estas tres confesiones conservan un espíritu católico milenario. Y podríamos probar, con sobrados argumentos, que, en muchos puntos, el catolicismo más tradicional se conserva en la Comunión Anglicana. Baste mencionar el tan traído y llevado asunto del celibato. Sacerdotes y obispos se casaron hasta bien entrado el siglo XIII, y cuando en el XI el papa Gregorio VII quiso imponer el celibato, los sacerdotes, casados en su mayoría, lo acusaron de hereje por querer implantar una norma que iba en contra la enseñanza del Señor (Mt 19,11). Hoy día esa ley causa estragos e innumerables sufrimientos innecesarios en infinidad de sacerdotes.

Tan cerca en sus doctrinas están la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica que existen dos comisiones internacionales de teólogos (ARCIC) que llevan más de treinta años buscando reconciliación en los temas fundamentales que las separan.

Todo esto nos conduce a afirmar que existe mucha ignorancia, no sólo por parte del pueblo (al que se ha mantenido ignorante para controlarlo) sino también del clero romano sobre otras confesiones. Baste mencionar la mentira o calumnia de no pocos clérigos romanos hispanos al afirmar que los bautismos de la Iglesia Episcopal no son válidos, cuando todos los documentos oficiales romanos afirman lo contario. Por desgracia, muchos sacerdotes católicos ni han leído los documentos del Concilio. Si, por lo menos, leyeran el del ecumenismo, Unitatis redintegratio, adoptarían una actitud más cristiana.

Es hora de que todo ministro sirva al pueblo tal y como Jesús nos enseñó, informándolo con veracidad, antes que seguir algunas leyes vigentes, impuestas muy posteriormente, y más parece que para multiplicar el pecado, según expresión de San Pablo.

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