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Ramón Antonio Betances
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Un dominicano para la creciente comunidad hispana de Georgia

Charlamos con el padre Betances, pastor de la comunidad hispana de San Judas en la ciudad de Marietta, Georgia. ¿De dónde eres?


El padre Ramón Betances junto a su esposa Gregoria, corta la tarta con la que le obsequió la comunidad, el día de su “recepción” en la Iglesia Episcopal. (La foto que aparece en el pastel, es la misma que usaban en su ausencia, proyectándola en la pared para la lectura del sermón dominical, que él enviaba en un CD cada semana desde Santo Domingo)

Ramón Antonio Betances.- Nací en Higüey, al Este de la República Dominicana. Vengo de una familia católico-romana. A los 17 años ingresé al seminario. Me ordené sacerdote en l987.

¿Cuántos años ejerciste como sacerdote romano y qué apostolados desarrollaste?
R.A.B.-
Trabajé como sacerdote, durante dieciséis años. Fui párroco de varias parroquias y también desarrollé una pastoral de la comunicación, en la radio.

¿Cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
R.A.B.-
En l990 estuve en Inglaterra. Un domingo fui a la misa y estando dentro del templo, me di cuenta de que la liturgia era algo diferente. Me encontraba en una iglesia anglicana. Me sentí muy bien. Ese fue el primer contacto con la Comunión Anglicana. Con el paso del tiempo, me enamoré de la que ahora es mi esposa, Gregoria. Entonces quería optar por el matrimonio, pero en la Iglesia católico-romana son dos realidades incompatibles. Así que decidí cortar mis funciones con esa denominación para iniciar mi familia. Sin embargo, sentía dentro de mí que mi vocación al sacerdocio era permanente, y quería seguir trabajando como sacerdote. Por mediación de un antiguo amigo, Napoleón Brito, que había dado ya el paso anteriormente hacia la Iglesia Episcopal, me orienté sobre cómo llegar a esta Iglesia.

Cuando llegaste a Estados Unidos, ¿ya tenías esperanzas de entrar en la Iglesia Episcopal?
R.A.B.-
Llegué a Atlanta, Estados Unidos, en el 2003, y comencé a buscar una iglesia episcopal hispana. Pregunté a la familia donde me encontraba hospedado. Un adolescente, llamado Manfre de Peña, que quince días antes había participado en una quinceañera que había celebrado el P. Isaías en la iglesia de Christ Church en Norcross, me proporcionó el teléfono del padre Isaías. Fui a visitarlo y charlamos amistosamente; me informó bien de lo que debía hacer. Por ello, comencé a asistir a su iglesia. Leí, me preparé y, finalmente, opté por entrar en la Iglesia Episcopal. Fui recibido por el obispo Neil Alexander, el 14 de diciembre del 2003, en la catedral de San Felipe (Atlanta).

¿Fue fácil el proceso de ser recibido como sacerdote?
R.A.B.-
En primer lugar tengo que decir que tuve mucha suerte. Por aquel entonces, una de las misiones hispanas de la diócesis quedó sin ministro y, al parecer, la Providencia divina estaba de mi lado, porque inmediatamente el obispo me pidió si podía ir a echar una mano a esa parroquia, que es precisamente la de San Judas, donde me encuentro ahora. Empecé a trabajar en el ministerio y también leía todo lo que me pidieron para conocer mejor la Iglesia Anglicana. Al mismo tiempo se había iniciado todo el proceso necesario para obtener mi legalización en este país. Coincidió que me llegó el permiso oficial del gobierno, sin embargo, para esas fechas mi visa de turista había caducado y me vi obligado a regresar a mi país para poder entrar con una visa de residente permanente. Finalmente, fui recibido como sacerdote episcopal, el 3 de diciembre del 2006.

¿Quién se quedó al cargo de la misión?
R.A.B.-
Mi esposa Gregoria. Desde el principio ella me había ayudado en todo lo posible; por eso, no hizo más que continuar en el ministerio que ya conocía. El párroco, Frank Baltz, celebraba la eucaristía. Todas las semanas yo enviaba un CD con el sermón grabado, proyectaban una foto mía sobre la pared y colocaban el sermón. Este sistema dio un resultado excelente. Mientras tanto, mi esposa se ganó la simpatía de toda la comunidad. Llegó gente nueva. Cuando regresé, me costó "recuperar" el liderazgo que ella se había ganado. Mi hijo mayor, Ramón Abel, también ayudó como acólito y sacristán. Durante la estancia en mi país, nació Emmanuel, mi hijo menor.

¿Qué opinas de la ordenación de las mujeres?
R.A.B.-
Me parece algo justo y bello. El ministerio de la mujer, no es contrario a las Sagradas Escrituras. Al revés. San Pablo menciona que cuando uno conoce a Dios ya no hay diferencia ni de razas ni de sexos. También sabemos que a Jesús lo acompañaba siempre un grupo de mujeres. Las mujeres fueron más fieles a Jesús en los momentos difíciles de la pasión, y fueron las primeras en ir al sepulcro y anunciar la resurrección. Jesús mismo, fue un libertador de la mujer devolviéndole la dignidad que el judaísmo le había suprimido. Por eso, estoy totalmente de acuerdo con la ordenación de mujeres al sacerdocio.


El padre Ramón Betances en su ceremonia de recepción, acompañado por su esposa, Manfre de Peña y el padre Isaías A. Rodríguez

¿Asististe al ICC?
R.A.B.-
Antes de nada tengo que aclarar las siglas, que significan Instituto de Capacitación para Clérigos. Sí, asistí y me alegré de conocer a muchos otros sacerdotes procedentes también de la Iglesia católica romana. Allí, me encontré con algunos dominicanos y otros sa-cerdotes oriundos de diferentes países. Eso me animó mucho más. Ese instituto consiste en un curso de una semana cuyo objetivo es el de afianzarnos en las normas y espíritu anglicano. Aprendí bastante.

Dinos algo de tu iglesia en Marietta.
R.A.B.-
Es una misión muy fuerte. A pesar de haber contado con una historia un poco desigual, habiendo cambiado de ministros en el plazo de pocos años - yo soy el tercero-, la asistencia sigue creciendo. Este año celebraremos el décimo aniversario de su fundación. Ahora tenemos una asistencia media de unas 270 personas cada domingo; el grupo ma-yoritario de los que asisten es mexicano. En abril, después de Pascua, vamos a iniciar otro servicio a las siete de la tarde. Tenemos todos los ministerios tradicionales, de quinceañeras, presentaciones, bautizos, bodas. Hacemos visitas a hogares, además grandes fiestas y celebraciones, especialmente la de la Virgen de Guadalupe, con procesiones por el barrio, mañanitas y mariachis.

¿Cuáles son tus esperanzas para esa iglesia?
R.A.B.-
Estoy seguro que la comunidad seguirá creciendo y que la pa-rroquia será hispana en más de un sesenta por ciento. Tenemos que fortalecer el proceso de formación hacia el espíritu anglicano de toda la nueva gente que nos llega. Es un proceso lento, pero lo aceptan con mucho amor. Esperamos que la diócesis siga brindándonos el apoyo que hasta ahora nos ha dado.

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