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Adrián Cárdenas
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Ecumenismo y sensibilidad social en la Iglesia Episcopal Venezolana

Adrián, cuéntanos de dónde eres. ¿Qué ministerios ejerciste antes de llegar a nuestra Iglesia?

A.C.- Decir de dónde vengo es hacer memoria de un largo peregrinaje en la fe, en las ideas y en las vivencias personales y populares. Crecí en un suburbio cercano a la capital Caracas, Venezuela. Mi padre, un comerciante de origen andino y católico-romano, junto a mi madre, una profesora universitaria que dejó la Iglesia Católico Romana para unirse a la denominación Bautista, representan el contexto plural de significaciones y valores cristianos en donde se dio mi experiencia vital y se construyó mi identidad. Desde temprano recuerdo visitar la escuela dominical con mi mamá y al mismo tiempo estar en misas y procesiones en el pueblito de mi papá. Todo esto se dio sin conflicto alguno. Mi familia siempre dejó claro que la fe era una opción personal. Mis estudios de preparatoria fueron en una escuela progresista, fundamentada en altos valores humanistas. Era usual que saliéramos del aula para atender las clases debajo de los árboles, sentados en unos troncos dispuestos con ese fin. Nos formaron para ser críticos y sujetos de su propio desarrollo. En particular, recuerdo que el tratamiento que se le daba a los temas sociales y culturales terminó sembrando en varios de nosotros el amor por las ciencias humanas. Pero esta pasión, en mí terminó entrando en conflicto con el llamado al sagrado ministerio que había experimentado desde adolescente en la denominación bautista.

Después de cursar tres años de antropología cultural en la Universidad Central de Venezuela, me retiré para seguir estudios teológicos en el seminario bautista. Recuerdo que mis expectativas no tardaron en verse frustradas. Fui un joven bautista activo, me deprimía ver el apagamiento juvenil imperante en la Iglesia Católico Romana. Pero ese deseo que me llevó al seminario no encontró allí espacio para la amplitud, para la crítica, ni para el ecumenismo. Una vez graduado en Ciencias Bíblicas, y ya siendo pastor ordenado, fui invitado a dictar clases, retomando casi de inmediato mis estudios en la universidad. Durante este período de aprendizaje, de enseñanza, y de experiencia pastoral y etnográfica, tuve la oportunidad de compartir con comunidades indígenas, campesinas y urbanas de todo el país. Mis coincidencias con la teología latinoamericana de la liberación y el interés por la simbólica sagrada despertaron en mí la necesidad de reencontrarme con la rica y maravillosa herencia católica. Estaba en búsqueda de una espiritualidad más coherente con mi fe, con el cristianismo de mi pueblo venezolano y con las demandas del Evangelio. El detonante: unos cursos que dicté de Historia Eclesiástica. Fue insondable la diferencia entre el haberla estudiado como alumno y el estudiarla para enseñarla. ¿Por qué se resolvió de una forma tan infeliz la reforma del cristianismo del siglo XVI?

¿Y cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
A.C.-
Sin entrar en los detalles teológicos, litúrgicos y eclesiológicos, puedo decir que hubo un punto en el cual experimenté un develamiento. Súbitamente comprendí que ya no era bautista. De hecho, muchos ni se sorprendieron. Necesitaba liberarme, y ya había escuchado mucho sobre el espíritu y la identidad episcopal. Una Iglesia católica, evangélica, mística, amplia, crítica, inclusiva, profética, etc., que sólo conocía a través de los libros teológicos, artículos, periódicos e Internet. Pero faltaba lo más importante, su ethos, la vivencia. ¿Existía en Venezuela una diócesis anglicana? Honestamente, no sé qué hubiese hecho otro u otra en mi lugar, pero yo, simplemente abrí la gaveta de mi escritorio, busqué en las Páginas Amarillas y llamé por teléfono: "¡Aló! ¿Es la Iglesia Anglicana?" Para mi sorpresa, fui atendido de inmediato por el mismísimo Señor Obispo, Monseñor Orlando Guerrero, con quien más adelante disfrutaría horas interminables de conversación y años de anglicanización.

¿Te sientes realizado en esta Iglesia? ¿Qué es lo que más te gusta?
A.C.-
Por supuesto. Desde que llegué a esta parte de la Iglesia de Cristo he visto respondidas muchas de mis oraciones. Por ejemplo, yo ansiaba poder recibir el sacramento eucarístico, pero en un contexto de praxis eclesial distinto. Es decir, en una Iglesia en donde el sentido teológico y espiritual de la liturgia se explicara realmente a través de una catequesis bíblica; en una Iglesia en donde las y los laicos son también Iglesia y; en una Iglesia que reconociera la dignidad del matrimonio del clero, entre otras cosas. También, soñé con el ecumenismo, y ahora doy clases en el Instituto Ecuménico de Estudios Superiores (IEES), y en la Escuela de Biblia de la Sociedad de San Pablo (Católico-romana). Asimismo, he podido materializar mi activismo social en forma coherente con mi fe, y no a costa de ella. Mientras que en otras comuniones y denominaciones se impone el veto y la censura a la denuncia y al justo reclamo, la vocación profética de la Iglesia Episcopal me ha permitido proclamar, a Cristo resucitado y liberador, a mi sociedad.

¿Qué ministerios ejerces ahora?
A.C.-
Desde hace tres años el obispo Guerrero me encomendó iniciar una obra misionera con sensibilidad social. De inmediato comenzaron mis visitas al barrio Brisas de Oriente, una comunidad popular cercana a Caracas. En solo tres años pasamos de ser completamente desconocidos a una comunidad de fe con más de cincuenta familias comprometidas. En la pastoral social hemos logrado importantes avances en la lucha contra la pobreza. Hemos contribuido a la formación de movimientos populares en salud y educación. Y a principios de este año el colegio público solicitó nuestro apoyo en la formación de valores para la comunidad estudiantil. Considero que después de toda esta experiencia pastoral, tan significativa personal y espiritualmente, me siento mejor preparado para la ordenación, no hay duda de que ha sido un tiempo y una praxis necesaria.

Entiendo que eres deán o profesor de una escuela de teología episcopal. Dinos algo sobre esto.
A.C.-
Hace poco más de cinco años el obispo Guerrero me invitó a trabajar con él en el desarrollo de un proyecto diocesano para la educación teológica. Después de muchos preparativos, asesorías y estudios de factibilidad, hoy en día contamos con una plataforma virtual de formación a distancia (con momentos presenciales) que se basa en el gestor de contenidos Moodle (http://moodle.iglesianglicanavzla.org/login/index.php). Actualmente tenemos un promedio de veinte seminaristas cada término, orientados a distintos ministerios laicos y ordenados. Además, recientemente iniciamos las conversaciones de acreditación con la Universidad Bíblica Latinoamericana de Costa Rica.

¿Qué podemos hacer para dar a conocer más y mejor a nuestra Iglesia?
A.C.-
Personalmente, creo que la Iglesia Episcopal ha dado testimonio mundial de su fuerte vocación profética y evangélica. Y es precisamente esta disposición de la Iglesia a influir y procurar la transformación de las estructuras sociales, políticas y económicas que oprimen a nuestros prójimos la que nos dará a conocer entre nuestros pueblos latinoamericanos e hispano-norteamericanos. "Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la pone más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa." (Mt 5,15).

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