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Dos iglesias, una misión:
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por Jackie Rider

En el área de Chicago, acciones de compromiso prestan un valioso servicio a la creciente población hispana

Waukegan (Illinois). Abril, 2005
¿Cómo debería entendérselas una iglesia con las bandas juveniles del barrio? El Rvdo. Narciso Díaz, misionero de Nuestra Señora de Guadalupe en Waukegan, Illinois, tiene algunas ideas al respecto. Con cautela, Díaz se acerca a los líderes de las pandillas de hispanos que hay en las calles que circundan la parroquia, y los invita a la iglesia, les ofrece estudiar la Biblia, reflexionar, y después se junta con ellos para practicar deportes en la escuela secundaria (middle school) local.
(Foto: Martín Sánchez)
Una verdadera alianza: En julio de 2002, el Rvdo. George Councell (ahora obispo de New Jersey), a la derecha, siendo rector de la iglesia del Espíritu Santo en Lake Forest, sujeta en la imagen una ampliación de billete de 1 dólar, símbolo de la ayuda económica entregada a la iglesia de Nuestra Señora para adquirir un lugar de oración. A la izquierda de la foto, Narciso Díaz, rector de Nuestra Señora de Guadalupe, observa atento.

Respaldado por agencias de servicios sociales de Chicago, el Rvdo. Díaz ha desarrollado también actividades con otros grupos de jóvenes de la iglesia, y está ayudando a que los padres y madres de miembros de "gangs" recuperen el control y la autoridad que tuvieron antes de dejar sus hogares en Latinoamérica y venirse a EEUU. Este trabajo, no es que sea tan sencillo como meter de golpe una canasta (como un "slam/dunk", diríamos) jugando al baloncesto; además, es cierto que algunos jóvenes no consiguen salir adelante. No obstante, de los 62 confirmados el año pasado por el obispo Víctor Scantlebury, en un servicio al que asistieron más de 500 personas, muchos eran miembros de pandillas.

Tras cuatro años en Nuestra Señora, Díaz ha logrado que la congregación pase de 14 devotos hispanoparlantes con un presupuesto de $1,200 dólares, a 350 miembros y un presupuesto de $27,000. Antes de su llegada, los servicios estuvieron durante 12 años a cargo de un sacerdote a tiempo parcial, en la vecina iglesia episcopal de Cristo. En el año 2000, la Diócesis de Chicago destinó fondos para pagar un sacerdote a tiempo completo, y Narciso Díaz fue llamado a este servicio destinado a la creciente población hispana en el área. Con su familia, vivió durante un año en un apartamento propiedad de la iglesia del Espíritu Santo en Lake Forest.

Fue entonces cuando forjó una duradera relación de estrecha colaboración con dicha iglesia, la cuál en 2002 recaudó $670,000 dólares en cinco semanas, para adquirir y reformar un lugar de culto que acomodase a la floreciente congregación de Díaz.

Ambas congregaciones trabajaron conjuntamente limpiando, reparando y reedificando el local. Altar, bancos, crucifijos, candelabros, vestimentas, muebles de oficina, vajilla y cuchillería, todo ello vino de otras iglesias de la diócesis. Los obispos William D. Persell y Victor Scantlebury, consagraron las nuevas instalaciones de Nuestra Señora en octubre de 2002, como parte de las conmemoraciones del centenario de la iglesia del Espíritu Santo, en un servicio atendido por el entonces Arzobispo de Cantórbery, George L. Carey.

Los miembros de la parroquia de Díaz se formaron en la tradición católica romana. Sin embargo, mientras que la iglesia local católico-romana rara vez se encuentra abierta, salvo para el servicio dominical, la iglesia de Nuestra Señora funciona durante toda la semana. Díaz ha instruido a los parroquianos en gobernación eclesial y en mayordomía; busca la participación de los laicos en todos los niveles de la vida en la iglesia.

Igual que otras comunidades del área de Chicago, la población hispana de Waukegan está aumentando rápidamente. La de Nuestra Señora está compuesta principalmente por familias con 2 a 4 hijos, además de alguna que otra persona de edad avanzada.

(Foto: Martín Sánchez)

El Rvdo.Narciso Díaz (a la izquierda), junto al Rvdo. Moscoso de la diócesis de NewJersey, en uno de los grupos de trabajo sobre mayordomía.

El Rvdo. Díaz desarrolla relaciones con la juventud de su vecindario, además de establecer claras directrices en las clases de confirmación, en la escuela bíblica de las vacaciones y en otras reuniones. Visita a las familias en sus propios hogares y los anima a ser parte de la comunidad. En los grupos de estudio de la Biblia para adultos, pide a cada pareja que traiga tres nuevas parejas. Después de la celebración del domingo, los parroquianos hacen cola para hablar con Díaz, que escucha pacientemente sus asuntos.

"Narciso está siempre accesible, siempre disponible. Tiene una tremenda energía y se preocupa profundamente de su gente", describe Roberto Hernández, líder laico en la iglesia del Espíritu Santo y enlace entre las dos iglesias.

La mayoría de los jóvenes seguidores de Díaz hablan mejor el inglés que sus padres. La diócesis fomenta que los clérigos mantengan la identidad hispana; Díaz habla sólo español, mientras que en la cercana iglesia de Cristo los servicios se ofrecen en inglés. El obispo Scantlebury asegura: "podríamos abrir cuatro congregaciones hispanas más, si tuviésemos fondos y clérigos que hablen español".

Una integración en la sociedad
El empleo y la inmigración son los problemas clave que afrontan los fieles hispanos. Scantlebury señala que los hispanos vienen a Estados Unidos en busca de trabajo y aceptando los empleos que otros no quieren. "En Latinoamérica, una persona o trabaja o muere. Asistencia social no es lo que quiere esta gente", dice Scantlebury, añadiendo que la mayoría de los hispanos pagan impuestos sin recibir ningún beneficio.

Díaz acompaña a los miembros de su congregación al tribunal de inmigración, les guía en el proceso de búsqueda de empleo y les ayuda a crear relaciones positivas duraderas con sus empleadores.

Esa misma voluntad de trabajar implica desafíos. Para la mayor parte de los miembros de la iglesia de Díaz, lo primero que se atiende con el dinero que se gana son los gastos de la vida diaria. Lo restante, que suele ser una gran porción, se manda a los fami-liares que quedaron en Latinoamérica. Poco queda para la iglesia. Para mostrar su agradecimiento, los parroquianos trabajan sin descanso en la limpieza, construcción y reparación de las dependencias de la iglesia. Los clérigos deben arreglárselas para conjugar este entusiasmo con la reglamentación de seguros del país.

Díaz ha canalizado esta energía, consiguiendo que los laicos se involucren más durante toda la semana. En Nuestra Señora se dan retiros para parejas casadas, hay una sociedad de altar, grupos de oración, y mensualmente se preparan cenas para celebrar los cumpleaños de los miembros. Ha entrenado portadores del cáliz y lectores laicos, y ha iniciado una "Sociedad de María". La junta parroquial ha formado comités de finanzas, edificio, de misión y membresía. Uno de los principales contribuyentes ha retornado a México, pero sigue mandando su aportación.

De hecho, Nuestra Señora está ya desbordando su espacio, teniendo muchos de los fieles que asistir al servicio desde el salón parroquial. Representantes de Nuestra Señora, de la iglesia del Espíritu Santo (Lake Forest) y de la Diócesis, se reúnen regularmente; al tiempo que, solidariamente, se embarcan en tres proyectos principales: la construcción de una nueva ala para sentar a 300 personas más, con puertas corredizas para cuando hay asistencia excesiva, además de un salón parroquial y una cocina en la planta de abajo; un centro de guardería sin ánimo de lucro, donde está el salón parroquial actual; y una agencia de empleo sin ánimo de lucro.

"Me involucro en este compromiso con el deseo de que mi educación en el seminario hubiera exigido el estudio del español", declara el nuevo rector de la iglesia del Espíritu Santo, el Rvdo. Jay Sidebotham. "Estoy ilusionado con las posibilidades, especialmente con lo que podemos aprender los unos de los otros".

Tres autobuses de fieles de Nuestra Señora asistieron recientemente al servicio de toma de posesión de Sidebotham.

¿Cómo pueden otras parroquias establecer relaciones de compañerismo semejantes a estas?
Roberto Hernández enumera cinco principios:
· Liderazgo, compromiso y visión de futuro por parte de la diócesis, los clérigos y los laicos
· Un buen sacerdote con energía e ideas
· Apoyo e involucración, por parte de al menos dos congregaciones
· Alguien que haga de enlace para que todos los socios se comuniquen
· Relaciones duraderas entre las congregaciones socias, además de contribuciones económicas suficientes.

"La iglesia del Espíritu Santo, la Diócesis y la iglesia de Cristo, aportaron las semillas para esta naciente congregación", explica Hernández. "Nuestra Señora, bajo el liderazgo de Narciso, nutrió las semillas; y ahora están dando el fruto. Todos podemos regocijamos".

Este reportaje fue publicado en la edición de febrero 2005 de la revista Episcopal Life, a la que agradecemos el permiso de su reproducción.

Ha sido traducido al español por Víctor Ruiz y corregido por Isaías A. Rodríguez.


---La escritora freelance Jacqueline H. Rider reside en Chappaqua, N.Y.---

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