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Edgar Gutiérrez-Duarte
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Párroco asociado de la Iglesia de san Pablo en Paterson, Nueva Jersey.
¿De dónde eres y cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
E.G.: Soy colombiano. Vine a Nueva Jersey a la edad de 28 años, con estudios universitarios de psicología. Crecí dentro de la Iglesia católica romana. Al final de los años ochenta había dejado esa iglesia, debido a que no podía identificarme con la extrema rigidez de la jerarquía, y su falta de contacto con las necesidades del pueblo. En aquel tiempo no pensaba "cambiarme" a otra confesión, así que me había hecho a la idea de no pertenecer a ninguna iglesia organizada y vivir mi propia espiritualidad.
Por aquel entonces obispo episcopal John Spong publicó Rescuing the Bible from Fundamentalism. Leí el libro, y me encontré con que el punto crucial del mismo era que la Biblia no se puede interpretar literalmente, sino teniendo en cuenta que fue escrita por seres humanos en diferentes períodos históricos. Una parte apreciable de ella nos ha llegado por tradición oral, transmitida de generación en generación durante cientos de años, todo lo cual influyó el contenido de la Biblia. Tal concepto estaba de acuerdo con mis propias reflexiones sobre las Santas Escrituras, y me dio alivio el pensar que no era malo que usara mi razón para entenderlas. Esto me "picó la curiosidad" sobre la Iglesia episcopal, y me llevó a dar pasos que eventualmente terminaron en mi recepción oficial en 1993.

¿Cuéntanos algo de tu período de formación? ¿Estuviste en un seminario de tiempo completo, o trabajabas y estudiabas?
E.G.: Estuve en el Seminario Teológico General de Nueva York. Durante el primer semestre me dediqué únicamente a estudiar, lo cual no había hecho desde el "High School" en Colombia. Al comienzo del segundo semestre, estando limitado de dinero, decidí regresar a mi trabajo part-time durante la mayor parte de mi período de formación. Y estudié de tiempo completo en el seminario. Además tuve que encontrar tiempo para hacer los internados de formación parroquial y de Educación Pastoral Clínica.

Si fueras obispo, o tuvieras poder para cambiar algo en el sistema educativo, ¿qué cambios introducirías?
E.G.: Cursos obligatorios en nuestros seminarios sobre ministerio hacia minorías para capacitar a líderes a ejercer apostolado en esta Iglesia que se caracteriza por su diversidad en todos los campos. A pesar de que los episcopales promovemos la inclusividad, las instituciones educativas varían mucho en la importancia y los recursos que invierten en ese sentido, yendo de muy amplios a muy limitados.
Ofrecería mayores oportunidades de intercambio de ideas entre estudiantes y cuerpos docentes en los seminarios de la Iglesia; entre otras razones para incrementar el conocimiento y la experiencia de la diversidad en la Iglesia por parte de los futuros líderes, y el establecimiento de redes a nivel nacional desde el período formativo.
En particular, buscaría la desegregación de los programas de capacitación para el ministerio de minorías. En algunos seminarios se han desarrollado programas específicos para formar a líderes hispanos, adoptando formas creativas de capacitación que rompen el molde tradicional de la educación ministerial, lo cual es muy positivo. Sin embargo, esos esfuerzos han llevado, en algunos seminarios, como el Teológico General en Nueva York, a una separación casi total entre los seminaristas latinos y los angloparlantes. Tal separación es contraproducente. En lugar de crear puentes entre los futuros líderes de los dos grupos, se crea una distancia mayor con todas las consecuencias negativas que acarrea. Debido a ello, buscaría la forma de crear la oportunidad para que unos y otros inter-actuaran tanto en el culto como académicamente.
Es muy importante identificar y apoyar a mujeres y hombres latinos, tanto ordenados como laicos, que estén interesados en cursar estudios superiores, como doctorados en teología y en otras áreas relacionadas con el ministerio. Necesitamos incrementar el número de hispanos que puedan enseñar en nuestras instituciones educativas, y que aporten algo en todos los niveles del discurso eclesial. Mayores oportunidades de capacitación para el laicado. Los laicos son parte integrante de la Iglesia, por lo cual es crucial que les ofrezcamos las posibilidades que podamos para su capacitación en todas las áreas del ministerio.

¿Qué cargo tienes ahora? ¿Trabajas con hispanos? ¿De dónde proceden los hispanos de tu zona? ¿Piensas dedicarte siempre al ministerio hispano?
E.G.:
Soy el párroco asociado de la iglesia de san Pablo en Paterson, Nueva Jersey. Parte de mi trabajo es facilitar y promover el ministerio hispano en la parroquia, el cual ha crecido últimamente. Además, asisto al párroco en la parroquia, cumpliendo funciones administrativas, y desarrollando liturgias y programas.
La mayoría de nuestros hispanos proceden de Puerto Rico y de la República Dominicana. También hay bastantes peruanos y colombianos. No conozco los designios de Dios, así que no puedo afirmar si me dedicaré siempre a este ministerio. Sin embargo, puedo decir que veo muy difícil el dejarlo por completo, ya que es una parte importante de mi vida, tanto personal, como espiritual y profesional.

¿Estás satisfecho en tu ministerio o te gustaría desempeñar otros cargos?
E.G.:
Estoy muy contento en este ministerio. Tengo mucho trabajo con abundantes responsabilidades. Por supuesto que algún día, quizá no muy lejano, me gustaría dejar de ser asociado y convertirme en el párroco de una iglesia donde pueda desarrollar mis propias ideas ministeriales. Por otro lado, creo que parte de mi futuro se desarrollará trabajando a nivel diocesano y para la Iglesia en general.

¿Cómo podemos empujar, o adelantar más el ministerio hispano?
E.G.:
Necesitamos promover el liderazgo hispano en la Iglesia. Es importante apoyar a los líderes, hombres y mujeres, de todas las edades, desde que llegan a nuestras puertas.
Es crucial, que los latinos nos demos cuenta de que Dios llama a los hispanos, al igual que a todos los grupos raciales/étnicos del mundo, a participar activamente en la vida del cuerpo de Cristo, lo cual incluye liderazgo, a nivel parroquial, diocesano, y nacional.
También es importante incrementar nuestra visibilidad. Tenemos que estar presentes en todos los eventos locales y nacionales que sea posible, y contar nuestras historias incluyendo aportes que ayuden la vida de la Iglesia. Tenemos que enviar a los medios de comunicación de lengua inglesa e hispana las buenas noticias de nuestro crecimiento en la Iglesia; historias de lucha y triunfo estableciendo nuevas congregaciones hispanas; historias de nuestras gentes y de sus talentos. La Iglesia debe saber que no sólo somos una estadística, sino que disponemos de una gran riqueza cultural. De lo contrario, continuaremos pasando desapercibidos y siendo ignorados.

¿Qué clase de teología sigues, conservadora, liberal, flexible? ¿Estás de acuerdo con estos términos?
E.G.:
Tengo una teología flexible, pero enraizada en fundamentos conservadores. Eso se refleja en la forma como celebro la eucaristía. Creo que hay metáforas sobre Dios, que pueden ser modificadas para reflejar nuestro rechazo de nociones machistas, pero sin eliminar completamente la tradición, ya que se perdería el vínculo con el pasado, que es nuestra raíz. "Inclusividad" para mí significa honrar la visión 'liberal" de Dios, y honrar también la noción "conservadora" de Él (o Ella). Estos términos son imperfectos, pero adecuados en cuanto describen de forma clara las diferentes posiciones teológicas de los miembros de la Iglesia.

¿Cómo calificarías a Jesús, de conservador o de liberal?
E.G.:
Creo que era un radical liberal, firmemente afianzado en la tradición de su pueblo. No tuvo reparo en decir la verdad, con amor y con firmeza, ni en cambiar de opinión, (por ejemplo en el encuentro con la cananea) pero siempre partiendo del contexto tradicional de la religión judía.

¿Cómo describirías a la Iglesia episcopal? ¿Teológicamente estás satisfecho en ella, o crees que habría que introducir alguna modificación?
E.G.:
La Iglesia episcopal es el camino medio entre los extremos conservadores y liberales. Uno de nuestros aportes es la noción de que Dios nos habla a través de la Escritura, la tradición y la razón. Esto nos permite reconocer que Dios no ha cerrado por completo el proceso de la revelación. Nuestro objetivo es prestar atención que implica un proceso, a veces agonizante, de discernimiento sobre cuál es "la verdad".
Esta flexibilidad, este espíritu de búsqueda y lucha por vivir tan honestamente como podamos de acuerdo a los llamados de Dios es parte de lo que me brinda satisfacción en cuanto a la teología de la Iglesia. Creo que siempre hay lugar para modificaciones, y que nuestro dinamismo nos permitirá lograrlo. Por ahora el mayor cambio es darle más cabida a la reflexión teológica de las minorías, y en particular a la hispana. Tenemos buenos teólogos entre nosotros. Tenemos que oír sus voces en la Iglesia.

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