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Rvda. Sylvia Vásquez
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Rectora asociada de la Parroquia de la Santísima Trinidad, en Willington (EEUU), Diócesis de Delaware

Pregunta.- ¿Dónde naciste y cómo llegaste a la Iglesia Episcopal?
Sylvia Vásquez.- Nací en San Antonio, Texas y fueron mis estudios en el seminario católico romano los que me llevaron a la Iglesia Episcopal. Estudiaba para un trabajo parroquial en la Iglesia católica; me di cuenta de que el Papa iba a prohibir que las mujeres estudiaran con seminaristas y que quizá fuera a suprimir el programa laico de administradores parroquiales. Entonces comprendí que mi trabajo como laica jamás sería respetado y que en esa iglesia los fieles no tienen voz.

P.- ¿Cuál fue tu camino para llegar a ser ordenada sacerdote?
S.V.- Logré recibir una maestría en teología (MTS) en el seminario católico, aunque ya al terminar mis estudios había entrado en la Iglesia episcopal. Al tiempo que entendí que en la católica romana no iba a ser feliz, empezaron a brotar otras esperanzas de ejercer el ministerio. Yo tenía la idea de que Dios me podría usar como sacerdote, pero jamás pensé que iba a poder lograrlo, especialmente porque no tenía intención de dejar la "madre Iglesia". Pero ya que tomé la decisión de ir a otra denominación, el sentido de ser "llamada" se hizo entonces muy presente en mi corazón. Después de ese despertar, busqué la senda de la ordenación. Estudié en el seminario episcopal en Austin, Texas, y logré otra maestría en teología.

P.- ¿Algún incidente "amargo", en cuanto mujer sacerdote?

S-V.- La cosa más amarga que siento es el miedo que me da pensar que quizá mi esfuerzo como sacerdote no dé fruto, que crezca en la Iglesia, porque el pueblo latino/hispano quizá no acepte mi sacerdocio. No es que sea amargo sino mas bien algo triste. Y realmente tampoco sé si es así, o se trata sólo de mis miedos. Hasta hoy, nadie me ha dicho directamente que no me considera sacerdote como a cualquier otro.

P. -¿Qué satisfacciones encuentras siendo mujer sacerdote?
S.V.- Reconozco que he impactado a muchas personas con las buenas nuevas de Jesucristo. También he tenido la satisfacción de haber ayudado a algunos de mis hermanos de origen "anglo" a entender mejor el papel que el ministerio latino tiene en la Iglesia episcopal.

P.- ¿La gente aprecia a la mujer sacerdote como un auténtico valor: tienes alguna anécdota en este sentido?
S.V.- Sí. Un día estaba en un ascensor en un hospital católico romano. Uno de los empleados me pidió oír su confesión. Le dije que no era católica romana, pero insistió. Esa persona me dijo: "vi cómo oraste con esa familia que estaba tan triste. Tú eres sacerdote y no me importa a qué Iglesia pertenezcas".
Hasta este momento ninguna persona en mi congregación me ha dicho que no me valora. Todo lo contrario, todos me han demostrado que me estiman, me respetan y me quieren.

P.- ¿Qué funciones ejerces en tu ministerio actual?
S.V.- Soy rectora asociada, encargada del apostolado español. También tengo la función de ser "puente" con los miembros de habla inglesa. En ese sentido tengo las responsabilidades pastoral y litúrgica en la congregación "anglo" y latina. Ejerzo abogacía por la comunidad y represento a miembros latinos de mi congregación en situaciones civiles, escolares y legales.

P.- ¿Qué cargo anterior al presente te ha procurado mayor satisfacción?
S.V.- Cuando estaba todavía en el seminario, trabajé para la Iglesia nacional en el departamento de evangelización. En esa circunstancia, ofrecí varios talleres enseñando el proceso del catecumenado. Eso me produjo mucha satisfacción.

P. Desde tu punto de vista ¿Cuál es la necesidad más apremiante con que se enfrenta el apostolado hispano?
S.V.- Hay dos muy importantes. La primera es el reconocer el valor de nuestra presencia en la Iglesia episcopal y la segunda es la falta de recursos económicos. Gran parte del apostolado hispano se desarrolla sin apoyo financiero y sin un entendimiento de lo bellos que somos. Los sacerdotes que quieren ejercer este ministerio, en muchos casos, tienen que estar dispuestos a recibir un sueldo inferior al que ganan otros sacerdotes. Las comunidades latinas siempre están luchando por tener suficiente dinero para desarrollar su ministerio.

P.- ¿Cómo se podrían ordenar los sacerdotes necesarios más rápidamente?
S-V.- No estoy segura de que debamos de tener prisa. Para mí es más importante que tengan suficiente preparación.

P.- ¿Qué significa Jesucristo para ti?
S.V.- Jesucristo para mí significa muchas cosas. Gracias a Jesús tengo esperanza en el futuro. Jesucristo es mi guía, mi roca, la medida de mi vida. Cuando estaba estudiando teología, un día pensé que Dios era tan grande que nunca podría conocerlo. Me dio mucha tristeza y sentí frustración. Pero llegó el momento, mientras me caían las lágrimas, en que Dios me habló y me dijo: "todo lo que tú tienes que saber de mí, lo encontrarás conociendo a Jesús". Cuando al fin entendí esa verdad, es cuando más me comprometí a tener una relación más intima y personal con Jesús.

P.- Para ti, ¿cuál es la fiesta más importante del año?
S.V.- La Semana Santa me ofrece la liturgia más significativa del año. Tengo la oportunidad de refrescar mi memoria, mi alma, mi ilusión por lograr un mundo mejor.

P. ¿Qué es lo que más amas de la Iglesia episcopal?
S.V.- Es la libertad de reflexión teológica que nos permite buscar, dudar, explorar y cuestionarnos lo que creemos. La libertad de opinar diferente y todavía mantener los pies firmes en la tradición anglicana, es un privilegio que me hace sentir orgullosa de formar parte del cuerpo de Cristo, en su manifestación episcopal. También me encanta que todos los miembros de la Iglesia episcopal, tanto el clero como los laicos, tengan voz y voto en las decisiones eclesiales. Este privilegio lo recibimos de los tres pilares que nos soportan: las Escrituras, la tradición y la razón.

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