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¿Qué es el carácter?
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La palabra viene de la lengua griega y significa una señal o marca que se pinta, esculpe o imprime en una cosa. En la religión cristiana tenemos algunos sacramentos que, decimos, imprimen carácter, es decir, nos marcan con una señal para toda la vida, por ejemplo, el bautismo, y no se pueden repetir.

Normalmente el carácter es adquirido, al paso que el temperamento lo heredamos. En toda nuestra vida se da una interferencia, una relación o, si quiere, una lucha entre el temperamento y el carácter. Algunas de las características heredadas son positivas y nos ayudan a edificar nuestro carácter; otras nos desencajan en la sociedad, por ejemplo, tener un temperamento explosivo que nos lleva a perder el control constantemente. Será tarea nuestra la de domar y civilizar esa explosión de energía salvaje.

En la formación del carácter intervine un tercer elemento. El ambiente que nos rodea. Los estudiosos se mantienen en controversia tratando de dilucidar qué pesa más en nuestras vidas si la herencia o el medio ambiente. Para ambos lados hay argumentos de peso. Hoy estamos asistiendo a una tremenda revolución que marcará el futuro de una manera indeleble. Me refiero a las innovaciones en el campo genético. Muchos científicos creen que podrán modificar la vida del ser humano, antes de nacer, manipulando los genes que componen nuestro ser. De todas formas, siempre habrá una sociedad que nos exija normas de conducta y una rama de tendencias internas que nos inclinen a un lado y a otro. De ahí, que siempre será necesaria una formación del carácter que defina nuestra personalidad.

Un carácter formado tiene características especiales. Es un cuadro pintado, más bello o menos atractivo, que nos diferencia a unos de otros. El carácter es, pues, el conjunto de cualidades psíquicas y afectivas que condicionan el comportamiento de una persona distinguiéndola de los demás.

El carácter se forja con el rodar de la vida. Si nos llegamos a un río, raramente veremos piedras ariscas, antes bien la mayoría son redondas, y suaves al tacto. Y es que han rodado mucho, con la fuerza del agua han dado millones de vueltas que las han moldeado y formado de una tal manera.

Con el correr de la vida nuestro carácter se va formando. Si desde un principio damos buenos pasos, y nos mantenemos firmes en medio del vendaval nuestro carácter será virtuoso y fuerte. Firmeza y energía son dos cualidades excelentes del carácter. El saber decir no a la tentación fácil, requiere fuerza de voluntad.

El carácter no se puede lograr de la noche a la mañana. Es cuestión de años. Los mejores años son los jóvenes, cuando vamos creciendo. Por eso, es un error dejar a los niños solos para que formen su carácter. Los niños necesitan orientación, ejemplo, liderazgo. La permisividad es el mayor enemigo de la formación del carácter.

El buen entrenador será el más exigente. El que no permite al deportista o al atleta desvíos que puedan convertirse en rutina y en defectos más difícil de corregir. El buen entrenador no será suave y condescendiente, sino duro y exigente. El joven llegará a odiar tanta intransigencia, pero al final, cuando logre el triunfo, será el primero en abrazar a quien le condujo a la gloria.

La formación del carácter exige una repetición constante de actos buenos, rectos, nobles, que nos conduzcan a formar una personalidad atractiva.

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