Contacto  
 
  Ministerio Hispano  
 
  Iglesia Episcopal  
 
  AnglicanCommunion.org  
Anglicanismo
La Biblia
Hispanismo
Historia
Liturgia
Miscelánea / Curiosidades
Noticias
Nuestra Gente
Santoral
Teología
Recursos
Espiritualidad
 
Honor al padre
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO

El Día de la madre es un día muy celebrado y explotado por la sociedad de consumo. El Día del padre pasa casi desapercibido. ¿Por qué? Tanto amor despliega el padre como la madre en la procreación de los hijos. Un amor que se manifiesta de manera diferente, pero en el fondo es amor profundo y verdadero.

En la actualidad, con la multiplicación de los divorcios, la sociedad está advirtiendo que donde falta el padre los hijos carecen de algo muy fundamental. Y se inicia ya una tendencia a fortalecer las parejas y matrimonios para que no den el paso que conduce a tanto dolor.

El movimiento feminista sacó las cosas de quicio. Tal ha sido la crítica dirigida al hombre, al esposo y al padre que se está produciendo una reacción para equilibrar el desequilibrio. Warren Farrell publicó en l993 un libro titulado: El mito del poder del hombre, y ha fundado "el movimiento en defensa del hombre".

Efectivamente, las feministas han querido demostrar que "el hombre siempre, y en todas partes ha dominado y esclavizado a la mujer". Este argumento es inválido pues, como dicen los filósofos: "Lo que prueba demasiado, no prueba nada". Tal aserción vendría a probar que el hombre ha sido víctima de una sociedad corrompida en la que desde la niñez está orientado a ser un pervertido.

Por el contrario, fácilmente se podría probar la tesis de que el hombre ha sido el verdadero esclavo, no ya de la mujer, sino de la evolución social e histórica.

Mientas la mujer quedaba en casa, el hombre tenía que moler su cuerpo en las entrañas de la tierra extrayendo minerales, o se pasaba el día en los campos trabajando las tierras con el sudor de su frente, o era azotado meses enteros por tormentas marinas, o daba su sangre en batallas en favor de una paz que muchas veces él mismo no vería. Esta ha sido la historia del hombre en una evolución inclemente.

Ha sido precisamente la sociedad moderna, creada por el hombre (y apoyado por la mujer) la que ha liberado a ambos sexos de una esclavitud física, y es ahora cuando se acusa al hombre de haber controlado a la mujer. ¡Injusticia de injusticias! Todos somos conscientes de casos anormales, de machistas que de hombres tienen poco, de filosofías desviadas que proclamaron desigualdad esencial entre ambos sexos. Esos fueron errores que no han hecho más que demostrar que el hombre y la mujer han sido y serán seres con igualdad de derechos y de destino, aunque con características fisiológicas y psicológicas distintas. Igualdades esenciales, diferencias accidentales. Mas la crítica lanzada contra el hombre ha producido en éste un complejo tal que hoy día no sabe ser hombre ni padre. Y ha caído en una crisis psicológica y sociológica. Más aún, esta crisis ha provocado desorientación en el matrimonio y en la familia. Donde no hay capitán, el barco va a la deriva. Es necesario que alguien tome las riendas y oriente de nuevo a la institución familiar.

La madre tiene que ejercer su autoridad sin restarle nada al padre. El padre debe recobrar y ejercer su autoridad con amor. No como déspota. El joven Alejando Magno dijo un día a su padre Felipe, rey de Macedonia, que jamás aceptaría órdenes de ningún general. Felipe le preguntó: "¿Acaso no estás ahora bajo mi control?". "De ninguna manera, contestó Alejandro, pues no te obedezco como a rey sino como a padre".

por Isaías A. Rodríguez



Volver