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La Pena Capital
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La pena de muerte es el máximo castigo que se puede dar a una persona convicta de un crimen serio. En el pasado se abusó de este castigo que incluso las religiones lo infligían por divergir con la autoridad eclesiástica.

A partir del< siglo dieciocho la popularidad de la pena de muerte empezó a decrecer, sobre todo tras los escritos de pensadores franceses como Montesquieu y Voltaire. Hoy son muchas las asociaciones humanitarias que condenan esta práctica.

Actualmente más de cien países tienen abolida la pena capital. En los Estados Unidos todavía se aplica este castigo en treinta y ocho estados.

Hay argumentos a favor y en contra. Quienes la apoyan creen que el castigo de la muerte obligará a pensar a aquellos que maquinan cometer un crimen. Pero la verdad es que no es así, el criminal, se conduce por la ceguera de la pasión, y no por miedo al castigo. En l976 hubo en este país 56 ejecuciones sin embargo el porcentaje de crímenes se mantuvo el mismo.

Es cierto que guiados sólo por la emoción, cuando se nos presentan con todo realismo algunos de los crímenes cometidos, cualquiera gritaría, "es reo de muerte". Mas un ser racional no pude dejarse dominar por el sentimiento o la pasión. Debemos superarnos y considerar la situación en toda su amplitud. Veamos

  1. La mayoría de los condenados a muerte pertenecen o a minorías o a la clase pobre que no puede pagar el costo de un abogado astuto. Así es aleccionadora la declaración del juez de la Corte Suprema, William Douglas: "En vano se busca la ejecución de un miembro de los estratos afluentes de la sociedad".
  2. Se ha comprobado que desde l976 en este país de cada ocho personas ejecutadas una ha sido inocente y así se ha declarado luego.
  3. No se ha demostrado que este castigo refrene la ola del crimen.
  4. Para mí el argumento más fuerte es que ningún ser humano tiene derecho sobre la vida de otro ser humano. El criminal habrá perdido el derecho a vivir en la sociedad, pero no ha perdido el derecho a la vida.

Por lo tanto, no se puede remediar un mal con otro mal. La humanidad se avergüenza hoy de los crímenes perpetrados en el pasado. Ha llegado la hora de poner término a esta barbarie.

¿No será mejor buscar el remedio al crimen por otra parte? Por ejemplo, eliminar la cruda violencia de las películas y de la televisión. Colocar más policías en las calles. Inculcar en niños y jóvenes, mayor respeto hacia el ser humano.

El crimen no va a desaparecer totalmente, pero no por ello hemos de mantenernos al mismo nivel criminal.

Isaías A. Rodríguez

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