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El ser humano ¿es todavía real?
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Por Joseph Carles Laínez

La respuesta a tal pregunta habría de ser afirmativa. Evidentemente, las personas que nos encontramos por la calle son reales. No queda tan claro, empero, su grado de compromiso con el significado de esta constatación. Todos nuestros convecinos disponen de autonomía física, realizan diversas actividades, pueden ser inteligentes trabajadores, bromean, cantan, duermen… existen. Sin embargo, nos resta el interrogante sobre su participación expresa en el desarrollo de la vida, su voluntad de ser alguna cosa más que lo dictaminado por la sociedad y la manipulación omnímoda de hoy.

Porque a veces se puede dudar de que los hombres y las mujeres sean algo diferente a máquinas programadas. Una buena parte de nuestros actos cotidianos son de una predeterminación casi diabólica. E incluso cuando llega la hora del tiempo libre, arrinconamos nuestra libertad y nos conectamos a los aparatos domésticos: una computadora, un reproductor de dvds o el imperturbable televisor robarán así los únicos espacios donde encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra familia, con Dios... o con todo a la vez. Da la impresión de que sólo falte un implante electrónico y todo lo vivido será considerado por siempre irreal.

Acabo de leer un interesante y conmovedor libro de James Alexander Langteaux publicado en Miami por Unilit, Dios.com. Lo traigo a colación por servirse de los símiles con internet para fundar una relación dinámica con Dios. En todo momento, el autor nos exhorta a establecer un contacto "interactivo" con Él. Para eso, no obstante, y sin menospreciar la validez de su metáfora, antes debemos desconectarnos de muchas otras cosas. No sólo de las tradicionalmente asociadas al pecado, sino de aquellas que, de tan inmersas en nuestra normalidad, no contemplamos con la debida distancia. Es ésta la tarea previa a cualquier vinculación con el Padre.

Y además es urgente, pues el hombre está perdiendo a toda velocidad la verdadera perspectiva de su forma, que es divina. A través de un acto de orgullo, la humanidad se construyó el espejismo de un universo bajo vectores sólo materiales y comenzó a desvirtuar cualquier fenómeno o sensibilidad, digamos, del espíritu. Cuando este paradigma ha llegado a su agotamiento, el hombre ha dado un paso más allá, creando otro modelo, dependiente ahora de la virtualidad, de lo que parece cierto pero no es. Esta temática -bien tratada por el celuloide (recordemos, por ejemplo, The Matrix) e incluso siendo el mismo cine uno de los primeros baluartes de la dualidad entre lo verídico y la fantasía - no por pertenecer a la ciencia ficción deja de tener vínculos con lo que sucede actualmente: pequeñas cápsulas donde los jóvenes se enclaustran, celdas donde prosiguen charlas de monosílabos mediante los chats, máquinas que configuran un mundo paralelo y, por tanto, insensibilizan para la única vida verdadera. La pantalla entreabrió una puerta a lo imposible (recordemos al niño que se tiró por la ventana tras ver Superman) y en la actualidad las nuevas máquinas están permitiendo una apertura de par en par a lo inexistente, al vacío (juegos de rol, indistinción entre realidad e imágenes ficticias, negación del mundo...).

Así, pues, el silencio, la sociedad e internet han sido los tres niveles por medio de los cuales nos hemos movido. Si hay tanta necesidad de retornar al principio, a lo que nos reconecta con la fuente primigenia -con Jesús, por supuesto - es porque hemos comenzado a deshabitar los otros, porque la muestra que de ellos vemos nos dibuja una Tierra sutilísimamente abocada a la catástrofe. De hecho, la gradación pone la carne de gallina: de imagen de Dios a animal de carga, de animal de carga a parpadeo de luz. Quizá, deseo pensar, era la evolución necesaria para volver a encontrar el camino de retorno: Desconectado de aparatos, desconectado de las frías relaciones de compra y venta, podrá el ser humano no equivocarse en su nueva conexión: la definitiva con Aquel que siempre nos ha esperado y nos habrá de esperar.

(Josep Carles Laínez -Ciudad de Valencia, 1970- ha publicado numerosos libros de creación en diversos idiomas europeos (catalán, español, inglés, asturiano, aragonés, estonio...). Actualmente es jefe de redacción de la revista de pensamiento Debats, editada por la Institución Alfons el Magnànim de Valencia, y director de la publicación Círculo Anglicano. Josep Carles Laínez es miembro de la Iglesia Española Reformada Episcopal, diócesis extraterritorial del Arzobispo de Canterbury, Inglaterra.

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