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Vicente Ferrer (1920- 2009): La espiritualidad de la buena acción
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por Víctor Ruiz

Vicente Ferrer falleció el pasado 19 de junio en la India, a los 89 años. Queda en la memoria de todo el mundo como una de las personas más célebres en el campo de la solidaridad y la lucha contra la pobreza extrema. No sólo fue un incansable trabajador por la causa de los pobres.

Además, tenía esa rara capacidad de hacer florecer lo espiritual en todo aquel que se le acercaba. Un hombre lleno de discreción, de respeto, pero a la vez con una firme determinación de actuar en ayuda a los desfavorecidos. Esto es lo que le llevaría muy pronto a la India, para trabajar durante décadas, junto a su esposa Anna y, entre otras cosas, sacar adelante un programa de desarrollo rural que actualmente beneficia a más de 2.200 pueblos.

El rigor de la guerra y su clara orientación

Vicente Ferrer, nació en Barcelona (España) en 1920 y con tan sólo 16 años se vio luchando en la Guerra Civil. Allí tuvo claro su destino, el camino a seguir: ayudar a los demás (pobres, discriminados, enfermos...). En la postguerra encontró una organización que le atrajo por su imagen de heroicidad, sabiduría, grandes ideales y lucha por un mundo mejor: la Compañía de Jesús. Abandonó los estudios e ingresó en la orden.

Su acción da los primeros frutos. 1952-1968

Como misionero jesuita, Vicente Ferrer llegó a Mumbai (India). La tarea asignada era acabar su formación espiritual, pero él decidió salir a las calles, conocer a las gentes, ver sus necesidades, tratar de remediarlas.

Pronto, con los hechos, supo ganar su confianza de los más pobres. Puso en marcha entre los campesinos un singular sistema de trabajo. Su biografía lo relata así: "El milagro de dar consistía en una pequeña ayuda económica y el asesoramiento técnico necesario para obtener agua para los cultivos. Si al finalizar cada campesino devolvía lo prestado (sin intereses), el milagro se iba extendiendo entre toda la comunidad.

Desde sus comienzos puso en práctica procedimientos tales como organizar pequeñas cooperativas para la excavación de pozos, canalizaciones para el abastecimiento de agua, bancos de semillas, pequeñas parcelas de regadío, etc. Al mismo tiempo Ferrer trabajó en la construcción de servicios comunitarios y, gracias a la cesión de unas tierras, levantó dos escuelas, un hospital y dos hostales para residencia de alumnos, que eran ya casi un millar".

Expulsado de la India por su "revolución silenciosa"

Algunos sectores dirigentes no tardaron en sentir a Ferrer como una amenaza. Un artículo en el semanario más importante, titulado "La revolución silenciosa", fue el detonante de una orden de expulsión en 1968. Esto a su vez provocó un movimiento campesino, a favor de Vicente Ferrer, junto un grupo de intelectuales, políticos y líderes religiosos.

Ferrer tuvo que volver a España, donde fundó Acción Fraterna en el Mundo, con un único objetivo: aliviar la situación de los dos tercios de la humanidad que padecen hambre. Por aquél entonces se recogieron ya 25.000 firmas, con la intención de proponerlo como candidato al Nobel de la Paz. La intervención personal de Indira Gandhi permitió que obtuviera el visado para regresar, pero el único estado indio dispuesto a acogerle sería el de Andhra Pradesh, de manera que Vicente, junto a seis voluntarios incondicionales, decidió instalarse en la tierra más pobre de esa región: Anantapur, donde la escasez de agua llegaba casi a la desertización, y la sanidad y la educación eran prácticamente inexistentes.

En marzo de 1970 abandonó la Compañía de Jesús y contrajo matrimonio con Anne Perry, periodista inglesa que había permanecido a su lado desde el conflicto de su expulsión. Ambos crearon la Fundación Vicente Ferrer y, desde entonces, su figura lidera un proyecto que continúa vivo, a pesar de su muerte física en 2009, gracias a un equipo de cerca de 1.900 personas y al apoyo de más de 139.000 colaboradores.

"La acción contiene en sí toda la filosofía, todo el universo y al mismo Dios"

Vicente Ferrer fue para muchos un santo. Su milagro, aliviar el dolor de millones de personas olvidadas y despreciadas. Fue ante todo un hombre de acción, no en vano san Ignacio de Loyola fue una figura que le atrajo, por su mezcla de elevada espiritualidad y sentido práctico al mismo tiempo. Nos deja mensajes como este: "Para mí, actuar es lo más importante, es la última espiritualidad, porque va un paso más allá de la oración, porque en tu acción buena se mueve todo tu ser: la parte física, el sentimiento, las sensaciones... El hombre está dotado de unas fuerzas espirituales que no necesitan aditivos para explicarse. Soy enemigo de hablar de revelaciones, sin embargo recuerdo una noche muy oscura durante la guerra, en la que mi pensamiento me puso a prueba. Emprendí mi propia batalla, tenía que escoger el bando donde me alistaba: la oscuridad o la luz, y no entendía por qué me costaba tanto aferrarme a la luz. Desde entonces, estoy en su bando aunque veo la oscuridad de este mundo y la entiendo. Pero lo bueno es que la luz no se apaga: está el amor a los demás, la solidaridad, el querer que este mundo sea diferente de lo que es".

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