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San Benito (11 de julio)
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A Benito se le considera generalmente como el padre de la vida monástica en Occidente. Nació hacia el 480 en Nursia en la Italia central, y se educó en Roma. El estilo de vida que observó allí le hastió. La Roma de ese tiempo fue invadida por varias tribus bárbaras; era un período de considerable inestabilidad política, una decadencia de la sociedad occidental, y el inicio de los reinos bárbaros. El rechazo que Benito hizo de las costumbres y moral de Roma le condujo a una vocación de monacato. Se retiró a una cueva de un montículo sobre el lago Subiaco, a unas cuarenta millas al oeste de Roma, donde ya se encontraba por lo menos otro monje. Poco a poco, creció una comunidad en torno a Benito. Un día entre los años 525 y 530, con algunos de sus discípulos, se trasladó hacia el sur a Montecasino, a mitad de camino entre Roma y Nápoles, donde fundó otra comunidad, y, hacia el 540, escribió la Regla monástica. Parece ser que no recibió las órdenes clericales ni completó la fundación de una "orden religiosa". Murió entre el 540 y el 550 y se le enterró en la misma tumba que a su hermana, Escolástica.

Se ha dicho que no hay personalidad ni texto en la historia del monacato que haya ocasionado más estudios que la Regla de Benito. El mayor problema para los historiadores es la cuestión de cuánto en la Regla es original. Este asunto está relacionado muy de cerca con la cuestión de la fecha de otra regla para monjes, muy similar pero anónima, conocida como "la Regla del maestro", que puede que anteceda a la Regla de Benito en unos diez años. Esto no quita mérito al hecho de que la Regla, firme pero razonable de Benito, ha sido el documento básico del cual se han derivado la mayoría de las reglas monásticas posteriores. El día medio de la Regla requiere que se dedique a la oración litúrgica unas cuatro horas, un poco más de cinco a la lectura espiritual, unas seis horas al trabajo, una hora para comer, y ocho más o menos para dormir. Todo el salterio se ha de recitar una vez a la semana durante el oficio divino.

En la profesión el nuevo monje hace votos de "estabilidad, enmienda de vida y obediencia". El papa Gregorio Magno escribió la "vida" de Benito en el segundo libro de sus Diálogos. Adoptó el monacato de Benito como instrumento de evangelización cuando en 596 envió a Agustín y compañeros a convertir a los anglosajones. La regla de Benito ha influenciado las reglas de muchas órdenes religiosas de la Comunión Anglicana.

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