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Santa Mónica (4 de mayo)
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Santa Mónica, 4 de mayo La historia de la vida de Mónica está inmortalizada en la autobiografía espiritual de su hijo mayor, Las confesiones de san Agustín. Nacida en África del Norte hacia el 331, de padres beréberes, Mónica se casó con un provincial latinizado de Tagaste llamado Patricio, a quien ganó para la fe cristiana antes de que muriera. En su juventud conoció las ambiciones y gustos mundanales. Creció en la madurez cristiana y en el discernimiento espiritual por medio de una vida profunda de oración.

La ambición que mantenía para su talentoso hijo cambió en un deseo apasionado por convertirlo a Cristo. Después del bautismo en Milán en 387, administrado por el obispo Ambrosio, Agustín y su madre, junto con un hermano menor, pensaban regresar a África. Mientras esperaban el barco en Ostia, el puerto de Roma, Mónica se enfermó.

Agustín escribe: "Un día durante su enfermedad se desmayó y estuvo inconsciente un rato. Nos apresuramos hacia su lecho, pero de pronto volvió en sí y nos miraba a mi hermano y a mí mientras estábamos a su lado. Con una mirada perpleja, preguntó: "¿Dónde estaba yo?" Luego, mirándonos atentamente mientras estábamos allí sin hablar y consumidos de dolor, dijo: "Sepultaréis a vuestra madre aquí ".

El hermano de Agustín se entristeció por ella, de que muriera tan lejos de su propio país. Mónica dijo a los dos hermanos: "No importa dónde sepulten mi cuerpo. No se preocupen por eso. Lo único que les pido es que, dondequiera que estén, se acuerden de mí ante el altar del Señor ". A la pregunta de si no tenía miedo de dejar su cuerpo en una tierra ajena, respondió: "Nada está lejos de Dios, y no he de temer que él no me encuentre cuando venga a levantarme a la vida al fin del mundo".

Recientes excavaciones en Ostia han descubierto la tumba original. Sin embargo sus restos mortales fueron trasladados en 1430 a la Iglesia de san Agustín en Roma.

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