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La Autoridad del Papa
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Por Ray García

Fotografía de Pio Nono (IX), bajo cuyo papado se declaró la "infalibilidad" papal, en el año 1869.

Al principio del cristianismo, según las líneas de "hermandad" marcadas en el Nuevo Testamento, se da por todas partes un gobierno colegial democrático de presbíteros. Más tarde, de esa colegialidad, surge un líder, tras el cual el gobierno conjunto de los presbíteros gradualmente pierde importancia.

En ciertas áreas aparece una jerarquía de obispos, metropolitanos y patriarcas. Al final del siglo IV había cinco grande patriarcados: Jerusalén, Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Roma. El de Roma poco a poco se fue convirtiendo en el líder supremo de todos los obispos y patriarcas. Veamos cómo.

En 311 uno de los emperadores, llamado Galerio, promulgó el primer edicto de tolerancia, bajo el cual el cristianismo aparecía como "religión lícita". En 312, Constantino el Grande estableció nuevas medidas a favor del cristianismo, que se convirtió en un pilar de la sociedad.

El cambio radical con el pasado acaeció bajo el emperador Teodosio, que en 380 ordenó que el cristianismo fuera la "religión del estado". Esto presentaba un malentendido del evangelio.

A partir del siglo IV, la Iglesia, por ser la religión imperial -recibía pagos del Imperio- se convirtió en una gran terrateniente, y era, en realidad, la única que podía ayudar a los pobres.

La Iglesia adquirió prestigio, incluso entre los gentiles, por esa ayuda a los pobres. Al obispo le llamaban pater pauperum. De las dos primeras sílabas de esa expresión aparece el título de "papa". Así, el título de "papa" se aplicó a los obispos ya en el siglo III. Aplicado al papa se encuentra por vez primera en una inscripción del diácono Severo: "Iussu Papae sui Marcellini" (Marcelino 296-304). Se hizo específico para finales del s. IV, y en el V al título se precisa la expresión: "Papa Urbis Romae". Para finales del s. VIII el título se emplea sólo para los romanos pontífices. Sin embargo, todavía en el siglo X el papa Gregorio V (996-999) ordenó que el arzobispo Arnulfo de Milán no se designara con el título de "papa". Gregorio XI (1073-1085) prescribió de modo formal que el título se aplicara definitivamente a los sucesores de Pedro. En otras palabras, hasta el siglo X, obispos y arzobispos usaban ese título, que en principio no implicaba poder sino ayuda caritativa.

Ese prestigio de que gozaban los obispos recibió aprobación legal cuando el cristianismo se convirtió en religión imperial. A partir del siglo VI los obispos participaban también en el control de las finanzas de la ciudad con la aprobación de las autoridades civiles.

Tras las invasiones de los bárbaros, parecía que los obispos eran los únicos que gozaban de autoridad para reedificar las ciudades y organizarlas. La magistratura de las ciudades había desaparecido y los obispos empezaron a cubrir esa necesidad. El poder de los obispos, que había surgido de la necesidad de ayudar a los pobres, se había convertido en un poder temporal ratificado bajo ley imperial. Eso fue una gran carga para la Iglesia, pues los obispos tenían que defender ahora también militarmente al pueblo, por eso algunos se convirtieron en comandantes de ejércitos.

El Imperio Romano cayó y todo el poder pasó a la Iglesia. Una vez obtenido el poder, la iglesia medieval empezó a buscar justificaciones teológicas en un sentido ideológico, en teoría y práctica. Así, en los siglos IV y V, el patriarca de Alejandría tenía a su mando una flota de treinta barcos con los cuales podía controlar todo el comercio del grano con Constantinopla.

Como ya se ha insinuado, el poder descontrolado se centró en los papas, sobre todo en los del medievo. Sin embargo, un nuevo poder sería definido de una manera imprudente: la infalibilidad de los romanos pontífices.

Es propio de la iglesia católica romana el pronunciarse siempre como poseedora y controladora de toda la verdad. Sin embargo, muchos casos, tenidos por "verdades" en el pasado, "han cambiado" y ya "no son las verdades que eran". Veamos algunos:

En l869 la Iglesia católica romana declaró en el concilio Vaticano I que el papa -en ese tiempo Pío IX- es infalible. Ese fue un error de tremendas proporciones. En aquel tiempo la mayoría de los obispos no sabían las barbaridades que los papas habían cometido durante la historia. Las grandes historias sobre el papado, como las de Pastor y Ranke, no se habían escrito. Fue más tarde, cuando el papa León XIII abrió los archivos del Vaticano y permitió a los historiadores inspeccionar documentos y encontrar en ellos toda clase de sorpresas.

El papa Virgilio fue excomulgado como hereje en el quinto concilio ecuménico de Constantinopla en 553; el papa Honorio I fue condenado en el sexto concilio ecuménico de Constantinopla en 681, una condena reafirmada por los concilios ecuménicos séptimo y octavo, afirmada por el papa León II y por papas posteriores (Véase el libro de Hans Küng, Infallible?).

El conde Gregorio de Túsculo consiguió que sus tres hijos fueran papas; en l032, cuando ya no le quedaban más hijos, presentó a un nieto de catorce años que fue coronado como el papa Benedicto XI. Ningún ser humano es infalible, pero ¿Quién puede creer que un niño de catorce años lo sea? (Incluso siguiendo las normas que implican la aplicación de la infalibilidad, según Roma).

La esclavitud fue aceptada como algo normal hasta el siglo quince; pero en 1462, Pío II declaró que era "un gran crimen".

Antes de Constantino la Iglesia era pacifista y aborrecía la guerra según la frase "la Iglesia aborrece la sangre". Pero luego la Iglesia se convirtió en poderosa, tuvo ejércitos, papas guerreros como Julio II cuyo ídolo militar era Julio César. Los papas fueron los primeros en promover las guerras de las cruzadas y prometían el cielo a quien muriera en ellas. Sin embargo, Pablo VI, en octubre de l965, clamaría en las Naciones Unidas: "¡No más guerra, no más guerra!".

La Iglesia ya no se proclama dueña de naciones, como la absurda declaración del papa Gregorio VII al escribir a los nobles de Francia, el 30 de abril de 1073: "No se os oculta que el reino de España fue desde antiguo de la jurisdicción propia de san Pedro, y aunque ocupado tanto tiempo por los paganos, pertenece todavía por ley de justicia a la Sede Apostólica solamente y no a otro mortal cualquiera". ¿No resulta esto ridículo?

Los papas persiguieron a los judíos, establecieron la Inquisición, promovieron la tortura, quemaron a personas por defender verdades que contradecían a las del Vaticano. ¡Qué diría Jesús de tanto barbarismo!

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