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Fundamentos de la Mayordomía
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"Mayordomo", o administrador, es la persona encargada de la administración de los bienes y uso de los mismos para el bien de un negocio o empresa. Un cristiano es "mayordomo", o administrador, por naturaleza, pues debe administrar bien las cosas creadas por Dios y puestas al servicio del bien común.

Un cristiano debe administrar no sólo los bienes externos sino los internos a sí mismo que llamamos talentos o capacidades espirituales y corporales.

Hemos de administrar la riqueza creada para bien de todos, no para colmar el egoísmo de unos pocos.

Tenemos que administrar bien los bienes que nosotros adquirimos y ganamos con nuestro esfuerzo personal.

La buena administración en nuestras casas implica:
- no malgastar, luz, gas, agua, gasolina, comida.
- no comprar cosas por capricho y luego tirarlas.
- no malgastar el dinero en exceso de bebidas, o en drogas.

La buena administración en nuestras casas implica:
- ahorrar regularmente, (sueño del Faraón de Egipto, Génesis, 41).
- sacrificio en vistas al futuro, como educación de los hijos, emergencias, viajes, etc.

La buena administración en nuestras casas implica:
- no querer hacerse ricos de la noche a la mañana.
- crecer despacio y edificar sobre roca (evangelio).

La buena administración de nuestras vidas debe incluir:
- contribuir a la expansión del Reino de Dios

Fundamentación teológica:
Cuando nacimos llegamos a este mundo sin nada, y cuando morimos nos vamos sin nada.

Todo lo que poseemos durante nuestra vida viene de Dios, a él le pertenece, porque lo ha creado todo para el bien común.

"Del Señor es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan" (Salmo 21).

"Nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él".(1 Timoteo 6,7).

Oración de David: "Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres…Nosotros, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu nombre glorioso. Ni yo ni mi pueblo somos nadie para ofrecerte todo esto, porque todo es tuyo, y te ofrecemos lo que tu mano nos ha dado. Ante ti, somos emigrantes y extranjeros, igual que nuestros padres. Nuestra vida terrena no es más que una sombra sin esperanza. Señor, Dios nuestro, todo lo que hemos preparado para construir un templo a tu santo nombre viene de tus manos y a ti te pertenece. Sé, Dios mío, que sondeas el corazón y amas la sinceridad. Con sincero corazón te ofrezco todo esto, y veo con alegría a tu pueblo aquí reunido ofreciéndote sus dones. Señor,…conserva siempre en tu pueblo esta forma de pensar y de sentir, mantén sus corazones fieles a ti". (1 Crónicas 29, 14-18).

"A quien se le dio mucho, se le reclamará mucho" (Lucas 12,48).

Las iglesias de Macedonia (filipenses, tesalonicenses, berenses) "probados por muchas tribulaciones, su rebosante alegría y su extrema pobreza han desbordado en tesoros de generosidad" (2 Corintios 8,2). ¿Cómo se explica que las comunidades de Macedonia fueran tan generosas? La clave de ello fue que "primero se entregaron al Señor" de una manera personal y completa. Así imitaron a Jesucristo que "siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Corintios 8,9).

Jesús vivió pobremente. No condenó el dinero, sino que amonestó a sus discípulos a que no colocaran su corazón en tesoros humanos (Mateo 8, 21). Jesús mantuvo las costumbres de ofrecer para el templo y culto divino, pero condenó el abuso y la injusticia; purifica el Templo (Mateo 21,12-17; Marcos 11, 15-19; Lucas 19, 45-48; Juan 2,13-16).

Jesús alabó a la pobre viuda que depositó en el arca del tesoro dos moneditas de lo que necesitaba para vivir (Lucas 21,4).

Reconoció la necesidad de ofrendar cuando respondió enfáticamente a los fariseos: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22,21).

Al ayudar en la iglesia hablamos de las tres "ts": talento, tiempo y tesoro.

1. Talento: ¿cómo podemos colaborar en la iglesia con los talentos que Dios nos ha dado? ¿Colaboras en algo en la iglesia?

2. Tiempo: ¿cuánto tiempo podemos ofrecer al bien de la iglesia, sin detrimento propio o de la familia? ¿Cuánto tiempo dedicas a la iglesia?

3. Tesoro: ¿cuánto podemos ofrendar de lo que ganamos con la ayuda de Dios? ¿Das de lo que te sobra?

Todo cristiano debe ofrendar regular y libremente, con alegría y sacrificio, en proporción a sus ganancias, motivado por su consagración al Señor y a imitación de Jesús que se hizo pobre por nosotros con un sacrificio amoroso.

(Esta norma refleja la enseñanza de san Pablo en las cartas primera y segunda a los de Corinto).

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