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Las imágenes de Cristo
VERSIÓN PARA IMPRIMIR ARTICULO
por Isaías A. Rodríguez y Víctor Ruiz


Mosaico bizantino en la Iglesia de Santa Sofía de Estambúl (Turquía), Siglo XIII

Cristo es noticia. Desde hace décadas, no hace sino subir el interés por su figura, en todos los niveles sociales y a través de todas las manifestaciones culturales. No es que se trate de un mayor éxito de un determinado "Cristo", desde la visión de una confesión u otra: es la propia figura histórica, y su mensaje humanitario, lo que atrae a millones de personas de todo el mundo, que cada año adquieren, visionan y leen decenas de títulos nuevos sobre Jesús, de entre los centenares de productos literarios cada año en cada idioma y no pocos cinematográficos también. Este reconocimiento de la importancia histórica de Cristo siempre puede considerarse como muy positivo, aunque sólo fuera por el beneficio conlleva -ese mensaje y ese ejemplo- para todo aquél que se le acerque. También pudiera quedarse todo el fenómeno en algo imperfecto y deficiente, pero supone ya un camino para llegar al Cristo verdadero: al humano y divino que vivió en este mundo.

¿Por qué este interés por Cristo?

Hoy se interesan por Cristo las ciencias religiosas, las ciencias sociológicas en sondeos y encuestas, el mundo del arte en todas sus derivaciones, los medios de comunicación social: prensa, radio, televisión y cine.

A partir del siglo XX, un creciente interés por lo sagrado y especialmente por la figura de Cristo, parece tener sus causas en un amplio conjunto de factores: desde los descubrimientos arqueológicos de nuevos textos a mediados de siglo, el golpe a la postura nihilista asestado por la II Guerra Mundial, el cansancio moderno de la vacuidad tecnológica, hasta la propia "desclasificación" de documentos por parte del Vaticano tras su segundo concilio. Pero todos estos hechos no terminan de explicar el fenómeno.

¿Por qué este entonces interés por Cristo? A simple vista, todo parece indicar que nos encontramos en una época de revitalización del cristianismo, en una época de retorno a Cristo, en una época de búsqueda de Cristo. Pero, ¿no es todavía más significativo que Cristo atraiga igualmente la atención de gentes pertenecientes a otras religiones o que incluso dicen no tener ninguna?


Cristo, por Leonardo da Vinci (1452-1519)

He aquí otra paradoja de nuestro tiempo: Mientras la figura de Cristo no hace sino subir en el ranking de best sellers, la sociedad no hace sino continuar en un proceso de "descristianización" alarmante. Verdad es que a esta difusión han contribuido grandemente intereses monetarios de negocios capitalistas, convirtiendo la "noticia de Cristo" en más bien "Cristo como noticia (que vende)". Valga de ejemplo La Pasión de Cristo, de Mel Gibson. Pero no deja de ser menos cierto que si no hubiera un mercado hambriento sobre el tema, ese montaje financiero se hubiera hundido hace mucho.

En definitiva, no podemos negar que en el fondo se trata de algo positivo. El interés por Cristo es verdadero, es real. Pero, ¿qué Cristo busca el ser humano de hoy? ¿El Cristo lejano, intangible, divino y no humano, que algunas formas de devoción piadosa nos han transmitido? Para muchos, sobre todo para las generaciones jóvenes, tal Cristo no es aceptable. Entonces, ¿cuál?

Cristo en la historia

La piedad religiosa ha manifestado sus gustos en imágenes apropiadas, y éstas nos sirven hoy como fiel retrato de aquella época, aquel pueblo, grupo, y su cultura religiosa. Sin darnos cuenta, en cada momento histórico hemos estado -y estamos los de hoy- enmarcados en un ambiente ideológico, sociológico, religioso, influyendo en nosotros poderosamente, obligándonos a la par a configurar nuestro espíritu. Si observamos imágenes como las que representan a Cristo en las distintos lugares, etapas y culturas, podemos contemplar las distintas concepciones del mundo éstas nos transmiten.

En el siglo IV, Teodosio I declara el Cristianismo la religión oficial del Imperio: florece un Cristianismo de paz, serenidad y tranquilidad, manifestado en el arte de la época. Iglesias como las de Rávena dejan traslucir claramente ese espíritu en las imágenes de sus mosaicos. No hay escenas terroríficas, no hay demonios, no hay juicios, no hay escenas infernales. Las imágenes de los santos y de Cristo son humanas y estilizadas, viviendo ya en otro mundo. A través de su serenidad ofrecen reposo al alma. Por ellas uno llega al más allá.


Cristo, por Doménikos Theotokópoulos, El Greco (1541-1614)

La época medieval se caracteriza por una falta de sentido histórico. No se tiene noción del tiempo exterior sino del interior: se viven las cosas bajo el sentido de la contemplación. La Edad Media nos representa un arte estilizado, reducido a las líneas esenciales, que obedece a una negación de la materia y una búsqueda del espíritu.

En el siglo XVI, las figuras de El Greco no son ni divinas ni humanas. No son reales -cuerpos demasiado alargados y desproporcionados- se trata de imágenes idealizadas, fruto directo de vivencias interiores.

Del Renacimiento arranca una tendencia que culmina en nuestra época, con una interpretación de Cristo afeminada, indefinida, ni hombre ni mujer, ni tampoco dios. Salta a simple vista en el arte religioso moderno un rechazo de esa imaginería dulzona. Lo mismo sucede en el arte cinematográfico: al Cristo galante, de ojos verdes, de la película Rey de Reyes, de Cecil B. de Mille, se opone el Cristo humano, viril, trabajador, de El Evangelio según San Mateo, de Pasolini. Hoy se busca el Cristo, en palabras del Concilio Vaticano II, "que trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre.. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre" (G.S 22).

Este amor por un Cristo divino, pero también humano y cercano a nosotros, se ha hecho evidente sobre todo en la canción religiosa. Los versos del cantautor Ricardo Cantalapiedra, que copiamos a continuación, son ejemplares en este sentido:


En contraste, una de las ilusraciones modernas que retratan a Jesús

"No queremos a los grandes palabreros
queremos a un hombre
que se embarre con nosotros,
que llore con nosotros,
que beba con nosotros,
el vino en la taberna,
que coma en nuestra mesa,
que tenga orgullo y rabia,
que tenga corazón y fortaleza,
los otros no interesan
los otros no interesan
".

Los Cristos modernos

Así desembocamos en la imaginería religiosa actual. Casi todos experimentamos una sensación de desagrado cuando vemos ciertas esculturas o pinturas de Cristos. A los acostumbrados a la serenidad clásica de un Cristo como el del pintor Velázquez, les resultará muy difícil soportar una de las imágenes modernas. Pero si nos detenemos y reflexionamos un poco, veremos que esas imágenes "vanguardistas" nos ofrecen la imagen del ser humano moderno. Un ser angustiado, problemático, inquieto, sin paz interior, contestador. Y el ser moderno, ante ellas, se siente identificado y reza y llora desde el alma pidiendo ver con claridad.


Escultura en madera y barro del artista peruano Edilberto Merida, una de las imágenes de la Exposición "Rostros de Cristo".

Imágenes como las que pueden verse en la exposición "Rostros de Cristo", en el sitio web de la Iglesia Episcopal, nos ofrecen toda una serie de sensaciones: hombres que se han subido a la cruz, pero que no están muertos. El hombre que protesta en las huelgas, al hombre líder que defiende al pobre y al débil. También podemos ver al hombre que lucha por superarse, pleno de musculatura y poder, al atleta, al deportista. Vemos al hombre que cansado de vivir por fin logra el reposo, pero en su rostro todavía existe una dulzura triste, reliquia de la amargura de este mundo.

Los Cristos del arte moderno son casi infinitos y todos ellos reflejan aspectos de nuestro vivir en el siglo XX. Sin embargo, no podemos decir que nuestra cultura haya ofrecido al pueblo un prototipo de imagen que satisfaga todas sus ansias, es decir, las de un Cristo humano y divino, muerto y resucitado. Y es que ni la teología ni el pensamiento modernos han llegado a esa síntesis. Parece que serán necesario que pasen más años para lograr algo así. Y mientras tanto, podemos estar contentos por el afán de búsqueda de verdad que caracteriza a nuestro mundo.

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Texto de la Presentación de la

Exposición "Rostros de Cristo"

Dirección en la web: http://www.episcopalchurch.org/69108_ENG_HTM.htm

No existen descripciones precisas de cuál pudo ser el aspecto que tuvo Jesús. Durante siglos, cristianos y artistas de todo el mundo han utilizado sus imaginaciones para tallar o dibujar, pintar o esculpir, tejer o construir, lo que veían en sus corazones. A menudo se retrata a Jesús con nuestra propia imagen, como uno de nosotros, en nuestra comunidad.

La imagen de Jesús se ha usado como una llamada a la justicia, como una fuente de esperanza y como un vínculo que nos mantiene unidos. Puede que, en esta colección, las motivaciones del artista que se manifiesten a través de su trabajo. O puede que simplemente seamos capaces de comparar distintas interpretaciones de temas en la vida de Cristo.

Los anglicanos son una comunidad de fe maravillosamente diversa, bendecida con múltiples "rostros de Cristo". Aunque esta exposición es pequeña y ni siquiera significa una muestra de toda la imaginería disponible, no obstante es una invitación a mirar a Cristo a través de los ojos de los artistas. Nos invita también a seguir el Cristo Resucitado y a conocer la presencia en nuestras vidas de esa divina relación.

Paula Wallace (Curadora de la exposición)